Autor: E. M.. 
 Señor presidente. La transformación ideológica de Felipe González nación en la Universidad. 
 De la rebelión en el colegio religioso a las poesías de Machado     
 
 Diario 16.    02/12/1982.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Diario 16/2 d¡c¡embre-82

SEÑOR PRESIDENTE

LA FORMACIÓN

El interés de Felipe González por los temas sociales, su despertar al mundo real, se inicia al abandonar el

colegio de curas Claret. Es la «secularización» de su pensamiento. A los dieciséis años escucha la música

de Joan Baez y lee la poesía de Machado en las reuniones de su pandilla. Pero su transformación

ideológica surge en la Universidad, allí conoce a Alfonso Guerra. Su compromiso socialista se inicia en

1966, a la vuelta del contacto que mantiene durante un curso en la Universidad de Lovaina con el mundo

de los emigrados andaluces en Europa.

La transformación ideológica de Felipe González nació en la Universidad

E LA REBELIÓN EN EL COLEGIO RELIGIOSO A LAS POESÍAS DE MACHADO

Tiene cuarenta años, no excesivamente envejecido para su edad. Compresión fuerte, se diría que algo

grueso, con una anunciada «curva de la felicidad» en la incipiente barriga que trata de desbordar la

camisa. Tez cetrina y abundante pelo moreno, con canas que son legión en las patillas. Ceci-junto, con

unos ojos vivos que infunden seriedad en su mirada. Rasgo característico de su cara, que configuran la

nota dominante, sus gruesos labios.

Es un biotipo de español frecuente en la calle, en el trabajo. Parece un padre de familia sin problemas;

cuando le vemos vestido con jersey y vaqueros transforma su apariencia en la de un abrumado ejecutivo

cuando se enfunda en traje oscuro. El «seseo» avisa de su procedencia andaluza. Es un hombre normal, y

su normalidad le ha hecho ser la cara más conocida y trajinada en estos momentos de España y medio

mundo, se trata del nuevo presidente del Gobierno socialista español: Felipe González.

¿Cómo el joven «Isidoro» de la clandestinidad antifranquista llegó a ser primero e! jefe de los socialistas

y, en meteórica carrera política, el presidente de todos los españoles que va a regir los destinos de la

nación en los próximos cuatro años?

Los curas

Mayo de 1958. Está terminando el sexto curso de Bachillerato en el colegio de curas Claret de su natal

Sevilla. Desde la Navidad pasada se ha ennoviado. Tiene dieciséis años y en su fuero interno comienza a

reción del Claret se fija en él: sale con chicas, no tiene interés en el estudio, ha bajado su rendimiento y la

religión le da lo mismo. Conclusión: no puede seguir en el colegio. La «disciplina» y la «rentabilidad» del

alumno son los baremos claves en los colegios religiosos hasta hace bien pocos años. «Que los chavales

no den problema y sean estudiosos», como el adolescente Felipe González no cumplía ninguna be las dos

condiciones le recomiendan que el próximo curso se matricule en otro centro, de lo contrario, se verían

obligados a expulsarle.

El Instituto

Felipe no dice nada a sus padres. Es un chico juicioso que siempre ha hecho por sí mismo todos los años

el «papeleo» de las matrículas. Ha acabado el Bachillerato. Sus padres no sospechan que haya decidido

abandonar el Claret para matricularse de «Preu» en el Instituto San Isidoro.

Octubre 1958: Es el inicio de la «secularización de su pensamiento». Comienza el Preuniversitario. Ahora

ningún profesor le dice si ha ido o no a misa. No tiene que guardar ninguna forma. Sigue saliendo con

Concha. Se produce en Felipe la misma transformación que en tantos otros jóvenes de su época que vi-

vieron bajo el «manto protector» del colegio religioso y, un buen día, se dan cuenta que hay todo un

mundo exterior que desconocían y que salir con una chica cogidos de la mano no es pecado.

En los años siguientes, con su pandilla del barrio, se mueve cerca de las Juventudes Obreras Católicas, la

JOC, de las que salieron tantos militantes antifranquistas.

Los primeros curas «progres» trabajan en parroquias de barriadas modestas y aglutinan, a su alrededor,

grupos de jóvenes. Los sábados y domingos hacen reuniones, en la mayoría de tos casos en los mismos

locales de la parroquia, y escuchan en un viejo «pik-up» los primeros discos de Joan Baez. De ahí, a las

poesás de Machado, ávidamente leídas en manoseados libros que pasan de mano en mano y con alguna

hoja de menos.

En este ambiente, Felipe González descubre su inquietud por lo social, sin proyección estrictamente

política. Le explican qué es el «régimen», cobra sentido para él la palabra «franquismo», «injusticia

social», «rojo», «guerra civil».

Pera su gran transformación ideológica surge en la Universidad. Algunos amigos de las JOC comienzan

también Derecho como él. Les es fácil identificarse con la progresía que ya estaba en la Facultad. El uni-

forme de «progre», jersey «pulligan», pantalón vaquero, o pana, y periódico bajo el brazo, es el código

para reconocerse. Después viene integrarse en un grupo o ir ampliando, con nuevas incorporaciones, el ya

existente.

Guerra

Un hecho fundamental, que marcará la vida de Felipe González, es su encuentro con Alfonso Guerra. Es

en 1 362, año de la huelga de Asturias. Fraga Iribarne es el todopoderoso ministro de Información y

Turismo. En las paredes de la Facultad aparece el anuncio de una conferencia que Fraga iba a pronunciar

sobre «El rumor social».

La gente, como se decía entonces, más «concienciada», se reúne en el bar de la Facultad para ver qué se

hacía ame la visita de Fraga. Felipe y Alfonso se habían cruzado por los pasillos de la Facultad en mul-

titud de ocasiones, pero no había habido oportunidad para entablar conversación Aquella tarde sí.

La «vanguardia» de la Facultad acuerda boicotear, en la medida de lo posible, la conferencia de uno de

los más relevantes «ministros franquistas». No se puede ir a una acción dura para intentar «reventar» el

acto cuya sala, por otra parte, estaría bien nutrida de «socialistas», y exponerse a ser detenidos a lo tonto.

Tampoco había por aquel entonces en la Universidad sevillana organización para hacer un «panfleto» y

hacerlo volar durante la conferencia.

Mineros

Alguien acierta a proponer que se cante «Asturias, patria querida...» en medio de la intervención para sig-

nificarle al ministro de Información que los estudiantes sevillanos se solidarizaban con los mineros

asturianos. No era una canción subversiva, que se supiera. Y por cantarla la «social» no podía detener a

nadie, todo lo más, desalojar la sala y «pedir los carnet».

Poco podía imaginar Fraga que en aquel grupo que le cantaba el «Asturias, patria querida...» se encon-

traba un joven que veinte años después iba a ser presidente de Gobierno y él su leal oposición en una

democracia parlamentaria

 

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