Gregorio Peces-Barba, manifestó su fe en la institución monárquica. 
 El presidente de las Cortes dio una lección de derecho constitucional     
 
 Diario 16.    26/11/1982.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 23. 

NACIONAL

25 noviembre-82/Dsar-

Gregorio Peces-Barba, presidente socialista deí Congreso y de las Cortes Generales, hizo ayer una

afirmación de fe en la institución de la Monarquía a lo largo de su discurso de apertura solemne de la

legislatura, Peces-Barba, en tono académico, realizó una magistral exposición que mereció el aplauso de

todo el hemiciclo. La legitimidad, la soberanía y el derecho, en constantes citas a la Constitución, fueron

conceptos explicados por el presidente del Congreso.

Gregorio Peces-Barba, manifestó su fe en la institución monárquica

1 PRESIDENTE DE LAS CORTES MO UNA NACION DE DERECHO CONSTITUCIONAL

"Majestades:

Es un gran honor para ías Cortes Generales, reunidas en Pleno, recibios, para este acto de ¡a solemne

apertura de ia legislatura, con su Alteza Rea! e! Príncipe de Asturias

Todos ios ciudadanos españoles podrán También estar presentes en este acto a través de los medios de

comunicación social, a los que quiero agradecer su esfuerzo para divulgar nuestro trabajo, y para

ayudarnos en el empleo de acercar esta alta institución al pueblo del que procede.

Toda la dignidad y toda la importancia del poder político, que en el mundo moderno tiene un protagonista

de excepción que es el Estado, se expresa en este acto con la concurrencia del Rey de España, que es

el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, que modera el funcionamiento regular de las ins-

tituciones y que asume la más alta representación de nuestras relaciones internacionales de acuerdo con el

artículo 56 de la Constitución, y para abrir de manera solemne la legislatura de as Cortes Generales que

representan al pueblo español donde reside la soberanía nacional, de acuerdo con los artículos 1-2 y 66-1

de nuestro texto constitucional.

Dos grandes cuestiones deben evocarse por el presidente del Congreso que afectan a la textura y el fun-

cionamiento de ese poder político y que tienen, a mi juicio, especial relevancia en esta hermosa andadura

democrática que nuestro país está realizando.

La primera de ellas se refiere a la ¡dea de legitimidad, de poder legítimo, que en el mundo moderno,

después del lúcido análisis de Max Weber, se identifica con ía llamada legitimidad racional, es decir, con

la legitimidad democrática.

E) poder legítimo es aquel cuya obediencia se considera fundada en bases justificadas. La idea de sobe-

ranía nacional que reside en el pueblo, o de soberanía popular es la formulación cultural en la que

cristaliza esa legitimidad racional del principio de las mayorías. Así un poder será legítimo si es

expresión, en su formación, de esa forma de soberanía a través de elecciones libres por sufragio universal.

Se produce así una situación en la que los mismos ciudadanos que concurren por esa vía de la formación

del poder, son a su vez los destinatarios del derecho que producen los órganos de poder. En las Cortes Ge-

nerales, y en general en los poderes legislativos, se ve muy claro el proceso. Los españoles, con su vote

forman las Cortes Generales, y luego son destinatarios de las normas que produzcamos. La obediencia

será más fiel porque el poder aparece más cercano, más propio del ciudadano en las sociedades demo-

cráticas. Legitimidad de un sistema y obediencia a sus normas son dos conceptos dependientes.

Violencia

El poder será legítimo también en su ejercicio, a través de la creación de las reglas de juego que permiten

su funcionamiento reglado, es decir, sometido al derecho y no arbitrario, y que permiten el cambio, la

reversibilidad del poder.

Así, quien pierde una contienda electoral, sabe que puede ganar la siguiente y quien la gana sabe que

tiene que respetar a las minorías.

Esta filosofía está en la base de la concepción democrática del poder legislativo y es también la raíz de la

Constitución española de 1978. El pueblo español la comparte, por inmensa mayoría, como lo ha

demostrado la mas´va participación en las elecciones del 28 de octubre. Los que no la defienden, los

enemigos del sufragio universal, quizá porque no son ni serán nunca capaces de ganar unas elecciones por

ese sistema, son dogmáticos, violentos, y dispuestos a imponer sus «ideas» por la fuerza. A través del tiro

en la nuca, del atentado irracional o del insensato intento de romper con un golpe de fuerza la legalidad,

se pretende sustituir la incapacidad para trabajar en una sociedad plural.

Nuestro pueblo puede estar tranquilo, porque su rechazo de esas posiciones, nítidamente expresado en las

elecciones, tiene, en las instituciones del Estado y en estas Cortes Generales de manera eminente, una

continuidad inamovible.

£1 derecho

El orden social que resulta del ejercicio del poder legítimo se expresa por medio del derecho que se

produce en las Cortes Generales y que es el primero y más importante de la soberanía. Los sectores mar-

ginados de la convivencia democrática están contestando la firmeza de este orden social y de su orde-

namiento jurídico, que deriva de la convicción de la inmensa mayoría, y saben que no pueden derribarlo

utilizando la violencia. No pueden hacer sino renunciar a ese cauce y volver al seno de los que quieren la

paz, la convivencia y la libertad para nuestro país, aceptando las reglas del juego de la Constitución y del

resto del ordenamiento jurídico. Otra actitud será condenarse a permanecer en las tinieblas que conducen

sólo a la destrucción y a la muerte. El Gobierno que se forme parte del enorme peso de su legitimidad

democrática, le da fuerza y el poder, si es necesario usarlo, y también serenidad y generosidad si se dan

las condiciones para ello.

La segunda cuestión que procede tratar en este acto, es el sentido del sistema parlamentario, en una orga-

nización política con forma de Estado monárquica que nuestra Constitución califica como monarquía

parlamentaria.

En los orígenes del mundo moderno y hasta el siglo XIX, Monarquía y Parlamento eran fos términos

antitéticos, de tal manera que la afirmación de uno era la negación de otro. La historia nos muestra

ejemplos conocidos, especialmente en Inglaterra, pero también en otros países como Francia y España.

Por otra parte la propia concepción del Estado le-gislativo-parlamentario se pone en entredicho en los

años treinta, a través de los legisladores extraordinarios —«ratione materiae»—.

— «ratione supramitalis»—- y

— «ratione necesitatis» —, que se perfilan, por ejemplo, en la Constitución de Weimar que

permiten anunciar el fin del parlamentarismo y la llegada de los nuevos leviathanes fascistas y

nacional-socialistas. ¿Se puede seguir diciendo hoy que Monarquía y Parlamento son dos términos

opuestos y que el parlamentarismo está en decadencia?

Parlamento

Me parece que los planteamientos han cambiado y que un parlamentarismo renovado y racionalizado

surge hoy, después de la segunda guerra mundial, que supera las dificultades en las que se basaba el

anuncio de su destrucción.

La Constitución española e;-un ejemoio, y quizá e¡ más eminente, de cómo ia legislación extraordinaria,

e- de-creto-ley, la delegación ¡e -gislativa en favor del Gobierno y los Estados excepcionales están en

todo caso bajo la autorización y fiscalización de las Cortes Generales.

También el Tribunal Constitucional, como órgano que garantiza la integridad material de la Constitución,

como intérprete supremo de la misma, está hoy períectamenta encajado en el ámbito del sistema

parlamentario y no supone distorsión del mismo.

Por otra parte, Monarquía y Parlamento no sólo son términos antitéticos sino complementarios, y su inte-

gración en la Monarquía parlamentaria tal como se dibuja en nuestro texto constitucional, produce una

estabilidad, un equilibrio y unas posibilidades de progreso, difíciles de encontrar en otras formas de

Estado.

La garantía de permanencia de los signos de identidad de una comunidad que asegura la Corona, se hacen

así compatibles con la necesidad del progreso y del cambio que la situación de la cultura política de cada

tiempo exige, por su radical historicidad, y qje se realiza er¡ el sistema de partidos, a través de los

mayoritarios, por las Cortes Generales y por e¡ Gobierno.

Monarquía

Desde esa perspectiva me parece que se deben dar pasos racionales que asienten esos planteamientos y

los transformen en teoría general. Se han acuñado términos que expresan el sentimiento de estima de

nuestro pueblo por Su Majestad el Rey. No voy a insistir en su importancia y menos en su presencia. Sin

embargo sí que creo que procede objetivar más el tema. Sin perjuicio de las condiciones personales del

actual jefe de Estado, Su Majestad el Rey Don Juan Carlos, creo que los valores positivos de la

Monarquía parlamentaria son generales y más permanentes, y trascienden a la persona que encarna en

este momento a la institución.

Está por hacer una teoría general de la Monarquía parlamentaria acíuaiizandc la que hizo Bagehot en el

siglo XIX. Es un objetivo para estudiosos y profesores. Sin embargo hay algo muy gráfico que ya se

puede decir. En el ámbito de una Monarquía parlamentaria, como la de nuestro país, da lo mismo decir

viva el Rey que viva la Constitución o viva España. Por eso, si me permiten voy a terminar mis palabras,

diciendo con reiteración tres vivas que significan, al menos en mi espíritu lo mismo: ¡Viva el Rey, Viva la

Constitución, Viva España!»

 

< Volver