Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   España, vertebrada     
 
 Diario 16.    26/11/1982.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

GRITOS Y SUSURROS

España, vertebrada

HACE algunos días, queridos lectores, al tomar asiento en una de las mesas de un restaurante italiano en

Madrid (de unos tres tenedores, mil y pico el cubierto), me topé, súbitamente, con una cara exa-

geradamente familiar: el Rey Don Juan Carlos almorzaba con la Reina y dos familiares en ura rrese cerca-

na. Tras los «raviolis»,. la Roina encendió un breve cigarrillo y pespun:eó el aire con leves volttas azules.

E! Rey se había presentado en el restaurante s¡n avisar y al «maitre» casi le da un pasmo cuando se topó

en la puerta con el rostro de aftershave, risueño y bondadoso, que tiene «Ese Eme».

Ayer, en el solemne acto de apertura de ia legislatura, el Rey pronunció una importante p:eza oratoria,

también, en cierto modo, sin avisar. Doce folios. Diecisiete minutos de discurso, por el que previamente

había pasado el discreto rotulador de un ilustre periodista, Garios Luis Alvarez, «Cándido». El Rey

escribe sus propios textos, pero su prudencia, a veces, le aconseja recabar criterios ásenos.

La tormenta de adjetivos —todos elogiosos— con que los líderes políticos calificaron la intervención real

podría sintetizarse en las palabras de Manuel Fraga, quien, deportivamente — en uno de los párrafos

había una alusión severamente crítica a las conductas cercanas a las de don Manuel, con respecto a las

Fuerzas Armadas—, lo definía como «gran discurso», y posteriormente aportaba la idea de que sería una

lástima que las intervenciones del Rey quedaran dispensas y se extraviaran en las resmas polvorientas de

´as hemerotecas.

Las palabras reales se abrieron con ur horrer.aje al pueblo español, «sereno, sufrido, ejemplar y magnífi-

co», con reiteradas alusiones a la presencia espiritual de ese pueblo, sustanciada en sus representantes,

democráticamente elegidos.

Soslayando los contenidos de esperanza, ilusión y buena voluntad del discurso, conviene detenerse en el

epílogo dedicado por Su Majestad a las Fuerzas Armadas, quizá una de las partes más importantes de la

alocución rea!. La denuncia de la «locura febril» del terror dio pie 3l Rey para lanzar su homenaje a las

Fuerzas Armadas capaces de soportar, con las armas en la mano, la «inmolación absurda» y cobarde de

sus compañeros. Condena inequívoca a los involucionistas y provocadores de las FAS, y una segunda

alusión más concreta a los que aprovechan «el dolor del soldado» para incitarle a transgredir el principio

en función del cual es un soldado (alusión clara al respeto a la ley y la disciplina al mando], que «equivale

a traspasar a su voluntad el mismo mecanismo, ciego y despótico, que mueve al terrorista».

Es de esperar que después de este párrafo, don Manuel Fraga ¡que en este momento de a alocución se

llevó ´a ¡mano a a mejilla) refrene sus volcánicos impulsos de «comprensión» hac¡a los golpistas. Porque

si el fraguismo ha prestado estimables servicios a la democracia —como la fagocitosis del

involucionismo de extrema derecha— es preciso que el ciclo de transformación se complete, integrando a

tan arriscados ciudadanos en el respeto y el acatamiento al sistema democrático Y esa piadosa

«comprensión» de Fraga hacia tan desviadas conductas no ayuda demasiado al «reciclaje» democrático de

los conversos.

POR su parte, el discurso del presidente de las Cortes fue, como decía un socialista, una faena regular,

rematada con una buena estocada. Gregorio aún no domina, y es natural, el difícil arte de la «pieza

histórica». Por ejemplo: en un discurso de ese tipo no se puede utilizar nunca una expresión como «tiro en

la nuca», porque chirría; él mismo se dio cuenta y bajó los metales y la percusión. Por ejemolo: fue una

intervención a veces profesoral —el propio Fraga lo resaltaría posteriormente con afecto — , como una

charla de «pe-nene», una teórica sobre lo que es una monarquía parlamentaria y tal. Incluso utilizo ese

curioso procedimiento pedagógico de quien se pregunta a s´ rrismc para postenormprr.e responder: «¿Se

puece segi.´r diciendo hoy qLo Monarquia y Parlarmento son dos término opuestos, etcétera? Obviamente

no, don Gregorio.

Pe.´O tuvo un fina! histórico, de purasangre: como en España da lo mismo decir viva ei Rey, viva la

Constitución o viva España, él pronunció los tres «vivas». Li transición -ahora sí- ha concluido / España

es ahor-i una nación vertebrada en torno ;-> \-j Monarquía ;parlamentaría.

José Luis Gutiérrez

 

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