Autor: Urbano, Pilar. 
   Savia nueva en el Parlamento     
 
 ABC.    19/11/1982.  Página: 30. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

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NACIONAL

VIERNES 19-11-82

Hilo directo

Savia nueva en el Parlamento

Ya están constituidas las Cámaras: «Lugar de encuentro, de confrontación y contraposición de opiniones

en un diálogo pacífico de mayoría y minoría... En España, la convivencia tiene cauces racionales que

ninguna violencia puede romper.» Palabras del nuevo presidente del Congreso, Gregorio Peces-Barba,

después de prometer una ejecutoria «objetiva, imparcial e independiente».

Fue la de ayer una sesión estática; un cuadro plástico donde por cinco veces se desgranó el «rosario»

nominal de los 350 diputados, para la proclamación, para la votación de la Mesa y para el «juro» o

«prometo» de acatamiento constitucional. Los dos «electos» de Herri Batasuna, ausentes, ni «se

constituyeron» ni «acataron», pues, la Ley de leyes. A la tercera ausencia plenaria, pierden su condición

parlamentaria: el Congreso prescinde de esos dos escaños, sin posible sustitución. Así es la norma.

Una cita de Goethe, «¡Dichoso aquel que recuerda a sus antepasados con agrado... y que serenamente se

alegra viéndose al final de tan hermosa finall», sirvió a Peces-Barba como alfombra roja para rememorar,

cincuenta y un años después, a Julián Besteira, en canto hacia el futuro: «Hay que considerar que las

naciones vivas no son caminantes temerosos que van por un camino a dejarse dominar..., sino verdaderos

Prometeos rebeldes, que rompen todas las cadenas para encontrar la expansión de su vida...»

Estábamos ayer, en verdad, ante un Parlamento renovado, rejuvenecido, con doscientos dos diputados

nuevos, rigurosamente incógnitos casi todos ellos. Un Parlamento que, en maciza mayoría, sólo por los

libros tiene noticia de «una guerra que hubo». Savia virgen para la política. Con todo, frente a los alevines

socialistas veinteañeros, que flanqueaban al veterano Máximo R. Valverde en !a Mesa de edad, diputados

que aún esperan desde el futuro, veíamos parlamentarios regresados del pasado: Eduardo Tarragona,

Fernando Suá-rez; y diputados de «¡al fin lo conseguiste!», como Cantarero del Castillo, Ruiz Gallardón,

Carmen Llorca... El banco azul, muestrario triste del abatido Gobierno parecía más bien un «banco en

quiebra», un «calvario vergonzante»: salvo dos, ninguno de elíos continuará en la Cámara. Calvo Sotelo

lo afrontó con hirsuta dignidad. Seco, enterizo, gris, como un árbol deshojado, en otoño... Más sentido del

humor ofrecía Adolfo Suárez. E! y Rodríguez Sahagún son «los dos» del CDS. «¡Agustín, no te me

pierdas, que rompes el partido!», le decía mientras subían la escalerilla det hemiciclo hacia las gradas

altas de la penumbra.

Apunto dos momentos de simbólica unidad entre los nuevos «padres de la Patria». Cuando el viejo

socialista Máximo R. Val-verde solicitó, y obtuvo, de la Cámara, en pié, un minuto de silencio pqr el

diputado del PSOE Sánchez Ayuso, faiteado de repente, antes de esta sesión constitutiva. Fue el minuto

trascendente de evocación de la muerte: minuto 11,28. Y cuando, por la tarde, el recién elegido Peces

Barba anunciaba su deseo de «impulsar un signo público de distinción» para su predecesor, Landelino

Lavilla y la Mesa saliente. Bien, muy bien: sin «mirar atrás con ira...»; porque a ellos, en lo bueno y en lo

malo que hicieron, debéis en gran medida vuestro triunfo.

Si ayer anuncié futuras disidencias intestinas en el elefantiásico partido del poder, hoy puedo dar noticia

de las primeras que conozco: de los ocho votos blancos, que no apoyaron la candidatura presidencial de

Peces-Barba, uno, pasmosamente, era del PSOE. Sí. El de José Bono Martínez. Mientras, Txiki Benegas

y García Damborenea libran su discreta, pero afilada batalla por la cartera de ministro de Administración

Territorial. Pero el tema «transmisión de poderes» sigue siendo secreto.

«El nuevo Gobierno no se conocerá hasta el momento en que jure ante Su Majestad el Rey», declaraba

Felipe González a los periodistas en un pasillo. «Y hasta el último día, hasta que forme el Gobierno, me

voy a reservar la absoluta libertad de decir o callar quién va a ser ministro de tal o de cual. Pero hoy, y

salgo al paso de quien dice que nuestra discreción es falta de preparación, el noventa y cinco por ciento de

los miembros están ya designados.» Nos explicó también el señor González la causa de su silencio (orden

fulminante ha habido de segar de cuajo cualquier atisbo de filtración de nombres): «Yo perdería libertad

para hacer las designaciones y combinaciones que me parezcan convenientes. Y acaso se generaría una

dinámica de repartos prebendarlos o de parcelas de soberanía, que no estoy dispuesto a crear, ni antes ni

después.

Porque si he de hacer un cese de ministro, a ios tres meses de constituir et Gabinete, lo haré ¡con toda

libertad!»

Está claro: llega sin hipotecas dentro de su partido. Y exigiendo: «Ni vamos a precipitar las cosas, porque

chocaríamos con ciertos muros; ni vamos a acomodarnos, por inercia, a la situación... No tendremos

excusas para no hacer todo lo que nos hemos propuesto», advertía, la víspera, a sus doscientos dos

diputados y a sus ciento treinta y cinco senadores.

En algún momento, ayer, se le escapó un dato de interés: el primer Gobierno socialista tendrá más

ministros que e! último de UCD y menos que alguno de los de Suárez. Felipe habió de «diecinueve

miembros». Yo he podido saber que en previsión de posibles erosiones tempranas y de óxidos por la

intemperie política de choque, necesaria en ciertos frentes, González no quemará a todos sus mejores

hombres en el primer Gobierno. «Sin que ello quiera decir que ofrezca un Gabinete de penenes.

Más bien, su estrategia está siendo nombrar para cada competencia a quien, en tal sector concreto, menos

irrite, menos extrañe, menos dificultades de acogida tenga.» Me lo comentaba con sigilo un «ministro en

secreto». |Ah!, Hernández Gil, llamado «independiente», será el nuevo presidente del Consejo de

Estado.—Pilar URBANO.

 

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