La dimisión de Carrillo     
 
 ABC.    07/11/1982.  Página: 18-19. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

La dimisión de Carrillo

La respuesta de don Santiago Carrillo al hundimiento electoral del PCE suscita una primera pregunta: se

trata de establecer si la dimisión tiene un alcance puramente personal o si también alcanza a la propia

fórmula eurocomu-nista. El eurocomunismo fue la propuesta concreta sobre la que reapareció en la

escena política nacional el más importante sector de los comunistas españoles. Era el eurocomunismo una

oferta concurrente dentro del campo de la izquierda con la del socialismo; plantada sobre la revisión de la

dogmática staliniana compartía orígenes históricos y propósitos políticos con los comunistas italianos

herederos de Togliatti. Carrillo y Berlinguer han formalizado en la década de los 70 la disidencia expresa

con la conducción soviética del proceso revolucionario en el mundo. Pero mientras Carrillo sucumbe

Berlinguer ha podido capitalizar en Italia la entera oposición a los Gobiernos de base democristiana.

La conducción política del PCE por don Santiago Carrillo ha tenido un doble planteamiento: hacia dentro,

para lo que correspondía a la propia organización y al interno debate, de rígida «centralización

democrática», de férrea disciplina staliniana; hacia fuera, con ofertas que competían abiertamente con el

socialismo democrático del PSOE. Sólo las radicalizaciones en. el neutralismo han separado las fórmulas

diplomáticas del eurocomunismo de las líneas seguidas por la socialdemocracia europea. Tanta

moderación en la receta ha terminado por desfigurar el proyecto comunista, que llegó a ser una suerte de

pastel de liebre sin liebre.

Carrillo quiso que el PCE fuera una oferta más del socialismo democrático, competidora como decimos

con la del PSOE. Proyectado sobre el mito de la vía democrática al socialismo con la fórmula de Salvador

Allende, Carrillo acaso imaginaba ser el moderador que desde el aparato apoyara al comunismo pactista

en su resistencia al extremismo radical, figura ésta cuyo papel podría ser representado en el socialismo

español por el sector de Pablo Castellano.

El 28 de octubre, sin embargo, sobrevino el naufragio. El PCE se ha quedado con sólo cuatro diputados

en el Congreso; pero fuera del Congreso, en la calle, con el aparato sindical de Comisiones Obreras. Por

eso es pertinente repetir la pregunta del principio: ¿Supone la dimisión de Carrillo el arrumbamiento del

carrillismo? Habría que interrogarse también sobre si el eurocomunismo como género se agota en España

con esta dimisión. De ser así, parece segura la involución dentro del PCE. La probabilidad es tanto más

verosímil cuanto el aparato de CC OO aparece convocado a una acción de máximos por el propio Carrillo

desde la misma madrugada del 28 de octubre, al conocerse la «débácle» electoral.

Los herederos de Carrillo, en caso de involución, pueden ceder a la tentación maxi-malista y decirle al

PSOE: el Parlamento es vuestro, pero la calle es nuestra. Antes de asumir las responsabilidades del

Gobierno el PSOE comienza a encarar el precio de su habilidad política electoral. Al haber polarizado los

socialistas el voto de la izquierda, los comunistas han quedado reducidos poco menos que a la condición

de fuerza extraparlamentaría.

En un primer comentario no es posible omitir la valoración nacional del papel que ha jugado don Santiago

Carrillo durante el último sexenio en la conducción de los comunistas españoles. En pura lógica

democrática su comportamiento ha sido impecable, puesto que caminaba a favor de corriente; aunque no

puede decirse lo mismo desde la lógica liberal. Desde el plano económico se podría señalar hoy la

función de los comunistas, que ha resultado decisiva para el desplome de los rendimientos nacionales.

El sindicalismo comunista conducido por Carrillo puede apuntarse en su cuenta haber contribuido más

que nadie a que los caballos de la transición reventaran, comprometiendo con ello los logros. Aun siendo

la eurocomu-nista una propuesta de socialismo en libertad, la libertad política de que ha disfrutado el PCE

de don Santiago Carrillo no ha sido ciertamente fecunda para la libertad ni para el bienestar real de los

trabajadores españoles.

 

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