Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   Vamos a ver     
 
 ABC.    07/11/1982.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

OPINIÓN

ABC/ 19

De ayer a hoy

«Vamos a ver»

Una observación que se puede hacer, aunque ya no sorprende a nadie, es que muchos conservadores han

adoptado el nombre de liberales, y muchos fascistas el de conservadores. Esto quiere decir que se piensa

como se tiene que actuar, no que se actúa como se piensa, Y aunque según he dicho se puede hacer esa

observación conviene ponerse a la cola porque esto se está llenando de observadores. Nunca se ha visto

tanta objetividad científica. Claro que es una objetividad científica muy particular. Porque esos

observadores se niegan a considerar sus deseos, sus gustos y sus creencias como la clave que establece

sus juicios, haciendo por el contrario ostentación de que se acercan al fenómeno con exquisita parcialidad.

Al parecer no tienen siquiera puntos de vista o una noción de lo que buscan.

Esta cosa tan rara se conoce ahora con el nombre de «síntoma del vamos a ver». Vamos a ver lo que

hacen los socialistas. Es necesario insistir en este punto, que ya abordé en algunos artículos, porque una

vez más empieza a resultar dudosa la capacidad de los españoles para comprenderse mutuamente. Por

supuesto que el «vamos a ver» es una parte del método de observación. Pero en quien observa, no

digamos cuando se trata de fenómenos políticos, se da una duplicidad de intenciones. El «vamos a ver»

está imbuido de ío que se quiere ver. Esto es natural. Lo innatural es que se finja lo contrario. Se finge la

imparcialidad, la objetividad absoluta, con el fin de persuadir a los ingenuos de que se habla desde el

tribunal de última apelación. En este sentido estamos «observando» mucha cínica maldad y demagogia.

Conservadores que se han hecho liberales y fascistas que se han hecho conservadores se distancian con

solemne comicidad para obtener perspectiva —una de las acepciones de «perspectiva» es la de

representación falaz de las cosas—, pretendiendo así enmascarar sus teorías, sus creencias, intereses y

deseos detrás del «hecho objetivo».

El «vamos a ver» con el que se cerca sinuosamente a los socialistas incluye de manera implícita y a veces

explícita un anuncio reticente de fracaso y una amenaza por haber triunfado en las elecciones. Y es

curioso que después de haber predicado tanto la mayoría natural, ahora que ha salido de las urnas con diez

millones de votos se le clave el rejón del «vamos a ver» con la certidumbre fruitiva del que piensa que ya

lo ha visto todo y no va a ver nada más que merezca la pena. Esa postura no es honesta ni responsable.

Los partidos políticos son cuestiones de prueba y error. La sociedad les otorga, en las democracias

parlamentarias, la oportunidad del buen éxito, guardándose el derecho a frenarlos periódicamente. Por eso

quienes adoptan una actitud de previa descalificación descubren por modo harto elocuente que se basan

en la idea de una sola y exclusiva verdad política, que es el «hecho objetivo» del que parten con su

circunloquio del «vamos a ver». Con la expresión de «hecho objetivo» definió Stalin su teoría política en

«Materialismo histórico y dialéctica». Escribió: «Nuestra teoría tiene la validez del hecho objetivo.» Es

decir, que su teoría era la verdad misma. Por eso no concebía más partido que el partido único.

¿Qué son los partidos poéticos? Son agrupaciones coherentes de acción política, social y económica que

se obligan existencialmente, como pasa en el partido único de los totalitarios, lo cual hace posible una

recíproca adaptabilidad, como se demuestra en la pugna parlamentaria, signo de una armonía esencial, la

cual permite de todos modos que cada partido se pruebe a sí mismo ensayando un modelo político de

sociedad. Siendo así, lo que hagan los socialistas nos concierne a todos. Entonces, ¿de qué ley absoluta,

de qué mundo congelado o de qué más allá brota ese coro insistente del «vamos a ver», con su prurito de

desasimiento y de chulería objetiva?—CANDIDO.

 

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