Autor: Montaner, Carlos Alberto. 
   Felipe González y el efecto Echeverría     
 
 Diario 16.    11/10/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

CARLOS ALBERTO MONTANER

Escritor

Felipe González y el «efecto Echeverría»

La aparentemente imparable llegada del PSOE al poder impone al comentarista las más serias reflexiones.

La primera es la tentación mexicana que, según todos los indicios, tienta a Felipe: ser muy moderado en

casa y pasearse del bracete por la Castellana con Fidel Castro.

Debe ser cierto que el PSOE proyecta comportarse moderadamente con el poder. Sólo a los españoles

más sádicos —el tipo que estranguló a sus hijos con una corbata, «El Arropiero», el fotógrafo veraniego

de Calvo-Sotelo— se les puede ocurrir el tormento de aumentar el sector público, multiplicar el INI, abrir

más ventanillas con señores al fondo, de bi-gotito fino y olfato entrenado para descubrir la póliza que

falta en medio de un alijo de documentos infinitos. Medio burócrata más y esto se hunde. Eso lo sabe

hasta el PSOE.

Pero el PSOE pertenece a una tradición ideológica que supone lo contrario. Ser de izquierdas,

esencialmente, consiste en sostener que el Estado es más hábil que el ciudadano privado para la tarea de

crear riquezas, y mucho más equitativo a la hora de repartirlas. O sea, que en España es imposible ser de

izquierdas y simultáneamente estar cuerdo, como descubrió el PSOE a medida en que se acercaba a la

verdad desnuda del poder.

Pero siempre queda la nostalgia, el lenguaje anquilosado, y cierta militancia boba que sigue citando a

Rosa Luxemburgo, sin estar muy seguro si se trata de una revolucionaria radical o de un personaje que

entrevistó Jaime Peñafiel en «Hola». Y, entonces, para contentar a esa militancia, algunos líderes del

socialismo moderado, en el pellejo de Felipe González, hacen lo que me temo que hará el joven andaluz:

dejar los radicalismos para los asuntos de política exterior.

Por ahí van los tiros. Felipe, que dentro de casa será cauteloso y tendrá mano firme, probablemente va a

hacer fuera de España lo que Echeverría hizo fuera de México y Carlos Andrés Pérez fuera de Venezuela:

un show de izquierda con tracas, pitos y cohetes. Es la cortina de humo para ocultar que se gobierna a la

derecha. Sólo que ese «camuflaje» es muy peligroso y puede provocar lo que comienza a llamarse el

«efecto Echeverría»: o sea, el temor histérico de los niveles sociales medios a una inminente catástrofe

que viene en forma de golpe militar, de una revolución triunfante de los marxistas o de una crisis

absoluta. Muchos de los males económicos y sociales que hoy aquejan a México tienen su origen en ese

«efecto Echeverría». La fuga de capitales, la falta de inversión y la desconfianza que sacuden a México en

gran medida son el resultado de la política exterior de Echeverría, primero, y de López Portillo, después.

Al señor González le ocurrirá exactamente lo mismo cuando pasee por la Castellana a su amigo Fidel

Castro, fumando sendos cohíbas, o a los comandantes de la Junta nicaragüense. Los españoles, debajo de

la lluvia de confetis, comenzarán a tener miedo, y el miedo, como se sabe, es el punto de partida del

desastre. Parece que en estos tiempos, la mujer de César no sólo tiene que ser moderada, sino, además,

tiene que parecerlo en todos los ámbitos, incluido el de la política exterior. De lo contrario, sobreviene el

efecto Echeverría.

 

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