Autor: Domingo, Xavier. 
   Por una oposición nueva     
 
 Diario 16.    30/10/1982.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

XAVIER DOMINGO, LA NACIÓN

Por una oposición nueva

Ante el cambio de Gobierno, el autor plantea una alternativa para todos los intelectuales y profesionales

que no son de izquierdas: actuar decididamente en política para replantear en España una derecha

moderna y democrática.

La tarea más urgente para los que carecemos del divino don de una «sensibilidad de izquierdas», para los

que no vamos a votar socialista y para los que dudamos de la capacidad de la derecha tradicional para

gobernar a España y llevarla a los techos de modernidad, libertad, democracia y orden que deseamos, es

la de entrar decididamente en la actividad política.

Ciertamente es un error pensar que el individualismo y el egotismo, que son nuestra principal virtud,

quedarán menguados si, por fin, ingresamos en la vida política y pública con algo más que con la pluma.

Simplemente, tenemos que hacer nuestro el grito de lonesco: «Solitarios del mundo entero, unios.»

La experiencia de siete años ha demostrado que a los políticos profesionales no se les puede, no se les

debe dejar solos, encerrados en su ghetto y en sus intrigas, desenraizados de la realidad y del

pensamiento. Se infantilizan en ese encierro y el desconcierto rellena el vacío que se crea en sus espíritus.

Tenemos una clase política honesta, salvo raras excepciones, pero ingenua y abandonada a sí misma. No

es lícito hacerle ascos, Hoz pretexto de que, demasiado a menudo, demuestran una exquisita

incompetencia.

Me refiero, claro está, a la clase política que pierde estas elecciones, y con ellas, esperémoslo, alguno de

sus defectos más importantes y más españoles: la trivial ufanía, el sabelotodismo, el vano triunfalismo, la

incierta verborrea para tapar ignorancias

Militar o no militar en los partidos de la oposición al socialismo carece de importancia. Lo importante es

crear grupos de influencia intelectual y hasta financiera, clubs, comités o como se les quiera llamar que

orienten, ilustren y controlen en serio a esos chicos con ambiciones parlamentarias y de gobierno.

Y que tengan esos grupos de intelectuales, profesiones liberales, industriales, agricultores, patronos,

banqueros y políticos, ideas claras sobre los puntos fundamentales de una democracia moderna, en la

economía, en la defensa militar, en el orden público y la lucha contra el terrorismo, en la libertad de

enseñanza y de expresión, en política internacional, en cuestiones de costumbres y vida cotidiana, ideas

claras y energía y medios de expresión para difundirlas.

El centro, no.

Ha de quedar muy claro, en efecto, que se puede ser anticomunista militante y partidario del divorcio. Ha

de quedar muy claro que la defensa de las libertades pertenece a la derecha y no a la izquierda. Ha de

quedar muy claro y muy argumentado que la demagogia y el populismo fascistas se llaman Castro y

Galtieri y la razón y la libertad se apellidan Thatcher y Reagan. Hs de quedar muy claro que la OLP es

una organización tan terrorista como ETA y que hay que reconocer a Israel. Ha de quedar sobradamente

probado que la izquierda vive de dogmas y no de pensamiento libre. Ha de quedar sólidamente pensado

que España en la OTAN es más fuerte y libre que fuera de la OTAN. Nada de esto es golpista ni pone en

peligro a la democracia y al sistema parlamentario. La experiencia y la historia demuestran que el peligro

para la democracia está en los extremismos fascistas y en el frentepopulismo que preconiza Carrillo otra

vez, con falaces endoctrinamientos directamente inspirados por el último informe leído por José Stalin,

antes de morir, en el XIX Congreso del PCUS. Fue en octubre de 1952, ahora hace exactamente treinta

años.

Releedlo, si tenéis paciencia, o si no, escuchad los mítines de don Santiago. Dice yo mismo y casi con las

mismas palabras.

Los socialistas merecen una oposición de verdad. Seria, informada, sólida, sin energumenísmos y sin con-

cesiones.

Es incluso el mejor homenaje que se les puede hacer, puesto que les otorga inteligencia y les supone

capacidad de respuesta. No valen ni el apoyo crítico, ni, por supuesto, el consenso. Y no se debe dejar el

beneficio de la oposición a la derecha arcaica.

Intuyo incluso que hay que abandonar el concepto de «centro», que es defensivo y pacato, y buscar ya

nuevas siglas para los políticos de la derecha moderna. Las siglas es lo último a lo que debe aferrarse esa

derecha (que ha de perder el miedo a la ´palabra derecha) y lo primero que debe abandonar cuando las

letras pierden crédito.

En todo caso es fundamental la creación de grupos de reflexión, apoyo e influencia que, aunque incluyan

a políticos, estén al margen de los partidos y del Parlamento, si bien con la vocación nítida y determinada

de ser la savia y el motor de la derecha moderna, de su partido o partidos, y de sus parlamentarios.

 

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