Autor: Revel, Jean Francois. 
   El espíritu de centro no ha sido vencido     
 
 Diario 16.    30/10/1982.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

El espíritu de centro no ha sido vencido

Por JEAN FRANÇOIS REVEL

La noche electoral Diario 16 tuvo un invitado de excepción: el prestigioso comentarista francés Jean

François Revel siguió las vicisitudes del escrutinio desde nuestra redacción y tomó sus primeras notas

sobre la mesa del despacho del director. A partir de ella y con el sosiego de unas horas más de margen,

Revel —ex director de «L´Express», autor del gran «best-seller» sobre la experiencia socialista francesa—

ha escrito este importante artículo, en el que quedan condensadas las claves de nuestro 28-O.

LAS elecciones del 28 de octubre de 1982 pasarán a la historia, con toda justicia, como el acto de

confirmación de la democracia española, cuyo bautizo fue la apacible «transición». Cuando uno piensa en

la anarquía de la I y II República, el actual clima político indica una madurez excepcional de los espa-

ñoles y sus partidos políticos.

Por otra parte, es uno de los raros ejemplos de la posguerra, en los que hay una victoria tan completa de

un único partido político en unas elecciones legislativas. El mismo Partido Socialista francés no ha

obtenido más que el 38 por 100 de los votos en las elecciones generales de junio de 1981, con un 30 por

100 de abstenciones.

El PSOE obtiene la mayoría absoluta en el Congreso y el Senado. Esta situación exige una serie de

puntualizaciones.

En primer lugar, los socialistas no deben olvidar jamás que la mayoría absoluta en las Cortes no quiere

decir la mayoría absoluta en el país: el 46 por 100 de los votos emitidos es una cifra enorme, pero, a pesar

de todo, significa que el 54 por 100 de los españoles no han votado al PSOE.

Además, la opinión pública seguirá removiéndose todos los días. El hecho

de que tenga la mayoría absoluta de los escaños no deberá hacer que Felipe González ceda a la tentación

del «monopolio». El deber de la democracia no es sólo que el partido que gana las elecciones gobierne,

sino también que la oposición mantenga sus derechos y que la minoría no sea eliminada de la vida

política. Esto es lo que olvidaron De Gaulle y Mitterrand.

Por otro lado, ¿qué es lo que hay que pensar de la bipolarización «que han dibujado las elecciones»?

Por un lado, tiene un elemento tranquilizador, que Alianza Popular representa una derecha constitucional

y que los franquistas han sido machacados al igual que los comunistas. La bipolarización en España no ha

sido consecuencia de la necesidad de proceder o de hacer pactos electorales contra natura, como en

Francia o en Grecia, sino que es una bipolarización normal que refleja a la opinión pública.

ESTA situación es típica del socialismo español: incluso Olof Palme necesita de los diputados

comunistas para mantener una mayoría en la Cámara sueca y el SPD alemán debía apoyarse en los

liberales.

La última pregunta sería: ¿La bipolarización significa que el centro haya desaparecido en España? Yo

respondería «sí y no». Es evidente que los partidos de centro han desaparecido. Pero el espíritu de centro

no ha sido vencido.

Está claro que los antiguos electores de centro han votado masivamente al PSOE. Y esto ha sido por una

excelente razón: Hasta el presente, la UCD representaba la línea de defensa media más eficaz para luchar,

por un lado, contra la radicalización de la izquierda y, por otro, contra la involución de la derecha. Era

necesario a todo precio protegerse contra una y otra.

HOY, los electores de derecha e izquierda, que encontraban en la UCD «el denominador común más

prudente» para proteger a la democracia, se han ido unos a Alianza Popular y otros al PSOE, porque han

visto en estos dos partidos el freno, en sus respectivos sectores, contra todo riesgo de aventura extra-

democrática.

Felipe González no deberá olvidar, y es más, no podrá olvidar que su electorado no es homogéneo, que

refleja un amplio abanico de opiniones que desborda la ideología socialista.

Además, esta es mi última puntualización, no deberá caer en la partito-cracia o «partidocracia», quiero

decir que, al contrario de lo que ocurre en Francia, la política de la nación deberá ser elaborada por el

Gobierno y no por los dirigentes del PSOE. Después de la victoria electoral, el partido sigue siendo el

Partido Socialista y el Gobierno es el Gobierno de «todos los españoles».

 

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