Autor: Dávila, Carlos. 
 Elecciones-87: No habrá acuerdos sin que lo sepa Madrid. 
 Suárez, dispuesto a pactos locales con AP a cambio de conseguir la Alcaldía de Madrid     
 
 Diario 16.    12/06/1987.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Todos los pactos locales y provinciales que efectúen los centristas de Suárez se hará con el conocimiento

previo del aparato del partido. El duque está dispuesto a conseguir la Alcaldía de Madrid y discutirá esa

posibilidad con AP, a la que ofrecerá a cambio pactos locales. En ningún caso existirá un pacto global

entre el centro y la derecha, que haría que el PSOE tuviese que abandonar el poder en numerosas ciudades

y autonomías. El objetivo del CDS es presionar al PSOE desde ciertos Ayuntamientos para obligarle a

pactar leyes en el Parlamento.

Suárez, dispuesto a pactos locales con AP a cambio de conseguir la Alcaldía de Madrid

Carlos Dávila/D-16 Corresponsal político

MADRID.—La decisión del CDS de Adolfo Suárez es no establecer pactos globales con ningún partido

político. En la misma noche de las elecciones, la dirección del CDS se puso en contacto con los

responsables provinciales para impartir la siguiente consigna: ningún acuerdo, ningún pacto anticipado

sin que lo conozca el «aparato» nacional. Con esta sugerencia —más que sugerencia, una orden— se

trataba de impedir iniciativas apresuradas en las regiones o en las provincias destinadas a «tocar poder»

en municipios o autonomías en los que el Partido Socialista no ha logrado la mayoría absoluta, que son

los más importantes de España. En principio, la intención del partido de Suárez es conseguir para si el

Ayuntamiento de Madrid, capital en la que, sin embargo, el CDS se ha quedado a doce escaños de

Alianza Popular. Esta diferencia hace casi imposible un pacto o trueque entre los dos partidos del cen-

troderecha españoles. Ambos, sin embargo, se habían planteado como objetivo inicial de la campaña

electoral el que el PSOE no consiguiera la mayoría absoluta ni en el municipio ni en la autonomía

madrileña. Logrados estos fines se inicia ahora una etapa de discusiones y negociaciones muy complejas

que, probablemente, terminará sin acuerdo porque ni el CDS está dispuesto a ceder en su pretensión de

conseguir para Agustín Rodríguez Sahagún la Alcaldía, ni Alianza se muestra excesivamente generosa a

la hora de ofrecer la primogenitura del centro-derecha madrileño. Además, en el CDS, eufórico, a pesar

de que sus resultados son algo menos sobresalientes de lo que se presumía, la decisión es, por ahora, no

establecer pactos globales con algún otro partido nacional. Ahora bien: esta decisión afecta sobre todo a

un posible acuerdo con el PSOE, partido que aparte de considerarse como el principal adversario político

del CDS, levanta ampollas de antipatía en la formación de Suárez. Sólo si la gobernabilidad en un

determinado municipio o en una autonomía quedara fatalmente comprometida antes del día 30, el CDS,

se avendría a concordar un tenue acuerdo que en ningún caso supondría, por lo demás, el apoyo explícito

al partido de Felipe González. El CDS es consciente en este momento del privilegio que le otorga

suposición de «bisagra», de centro de cualquier pacto sobre el que se pretenda construir una alternativa.

El análisis político que se hace de los resultados del miércoles afecta, desde luego, al próximo

funcionamiento de las Cortes Generales. Tan importante es el resultado de estas elecciones municipales y

autonómicas que, según se afirma en el CDS, el PSOE no podrá nunca más en el futuro «imponer el

rodillo» en el Parlamento. En manos del partido de Adolfo Suárez se encuentra la estabilidad o

inestabilidad de muchos (incluso cientos) municipios españoles. Si el PSOE —se decía el miércoles en el

CDS— se empeña en gobernar «arrasando» como hasta ahora ha hecho, las Autonomías y Ayuntamientos

que el socialismo conserve artificialmente gracias a un pacto a la desesperada pueden sumirse en una

convulsión permanente que afectará, no cabe duda de ello, a la propia situación general del partido aún

mayoritario. Por lo menos en tres autonomías tiene la llave el CDS: en La Rioja, en Canarias y, claro está,

en Castilla y León. Apenas conocidos los resultados de las elecciones, la dirección centrista se mostraba

dispuesta a que Alianza Popular ostentara la presidencia de la Junta de Castilla-León. En esta autonomía

en la que AP y el PSOE han quedado en un práctico empate, los procuradores del CDS son absolutamente

imprescindibles para componer cualquier formación gubernamental o a favor o en contra. Sucede lo

mismo en La Rioja, donde la suma de los cuatro parlamentarios centristas a los trece de AP sobrepasan

los catorce que ahora tiene el Partido Socialista. En Canarias es AP el partido minoritario con respecto al

CDS, que seguramente intentará articular un acuerdo con las Agrupaciones Independientes (formadas en

su mayoría por ex miembros de UCD, no se olvide el dato) para repartirse el gobierno de aquella

Comunidad. Pero si todo esto ocurre en las, Autonomías en los Ayuntamientos el papel de pivote del CDS

es aún más nítido. En Madrid Barranco, no conseguirá el apoyo de Rodríguez Sahagún, pese a que el

alcalde en funciones declaró, apenas conocidos los resultados casi definitivos, que «abría los brazos a los

partidos de centro progresistas». «¿No decían —indicaban en la noche electoral del CDS— que éramos la

derecha?, pues que ahora se entiendan con la auténtica derecha: que gobiernen con Alianza.»

 

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