Josep Pla: No quiero una tercera república     
 
 El Alcázar.    22/02/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 73. 

JOSEP PLA "No quiero una tercera república"

JOSEP PLA, escritor y periodista eminente en lenguas ctalana y castellana. Nació en Palafrugell (Gerona)

en 1897, donde vive actualmente. Cursó la carrera de derecho en Barcelona, pero desde muy joven se

dedicó al periodismo activamente, colaborando en la prensa de Madrid y Barcelona, así como en diversas

revistas catalanas. Corresponsal de "La Publicitat" en Madrid, en París, en 1925 fue a Rusia para escribr

una serie de reportajes. Entre sus libros más ïmportantes cabe citar: "Vïda de Manolo"(1928), "Linterna

magica" {1925), "Rusia" 1925, "Francisco Cambó (1928¡. Desde 1940 colaboro en la revista "Destino"

exclusivamente y publicó algunos libros que alcanzaron notoriedad,, como "Historia de la Segunda

República española" >1940-1941}, "Guía de la Costa Brava " (1945) y otras guías de Cataluña y

Mallorca.. Sus "Homenots" son semblanzas de magistrat factura y profundidad reunidas en nueve

volúmenes (1958-1962). Largo resultado el censo de sus libros, que en 1966 kan comenzado a reunirse en

edición, definitiva en sus obras completas. Su último gran éxito es ´ ´El cuaderno gris ´ ´.

Ala derecha de la carretera de Palafrugell hay una hilera de cipreses y un camino donde se remansa el

agua de las lluvias. El mas Pla es un caserón, inmenso en la niebla, con las ventanas débilmente

iluminadas, como un barco en la noche, Todo permanece en torno en una silenciosa, profunda atonía; el

campo y los árboles, con sus perfiles desleídos en una niebla suave, presentan un aspecto flotante,

espectral.

Dejamos el automóvil junto a un tractor amarillo próximo al cobertizo donde, se almacenan saces de

abono y forraje, Un perrillo como los del Bosco en "Los siete pecados capitales" sale a nuestro encuentro,

malhumorado, y sus ladridos se amortiguan con ía niebla.

Las puestas del mas son anchas y de gran altura, como para dejar paso a los carros cargados de grano. En

"un muro, una escopeta esta colgada de un tirante ; en el amplio espacio hay también una bicicleta, un

coche viejo pintado de azul y una silla desfondada.

—¿Qué, le aguarda el señor Pla?—nos pregunta, azarada, la vieja guardesa, mientras se seca las manos en

el delantal.

Subimos por ta escalera estrecha, en cuyos descansillos bay vasijas de barro guardando las esquenas. En

seguida alcanzamos el amplio salón, sumido en la penumbra, amueblado holgadamente con cómodas

antiguas, librerías, algún espejo y una inmensa lámpara de forja.

Al coronar la escalera y entrar en él salón vemos los pies y el cuerpo de Josep Pla, sentado al fondo ante

una mesa redonda; la cabeza permanece oculta bajo el faldellín de cretona que circunda la campana de la

chimenea.

Interrumpió la merienda pata recibirnos, poique en aquel momento el escritor estaba ocupado en tornar

unas rebanadas de pan de pueblo impregnadas en aceite, al tiempo que escribía en una cuartilla, con

estilográfica, una caligrafía menuda y" apretada.

—¡Hombre, hombre, venir desde Madrid para verme a mí, que soy persona insignificante}... Siéntense,

siéntense; tomen una copa de güisquí y quítense tos abrigos.

NO ENVIDIAR ANADIE

En la gran chimenea ardían unos leños; el frío que despedían los muros del salón y el mismo suelo, a

pesar de la esterilla de esparto, alcanzaba seguramente una temperatura de bajo cero.

—¡Ah, se vuelve a poner el abrigo!... ¡Pero sí hoy no es de los días más fríos! Arrímense a ia chimenea...

Pía aparecía con la cabeza cubierta por una boina barojiana, vestido con un traje, viejo debajo del cual

asomaba un chaleco de lana, con una camisa a rayas, abrochada en el cuello y sin corbata.

La piel de la cara, erosionada y con algunas manchas osearas; los ojos, picaros, burlones; por las fosas

nasales asomaban haces de pelos hirsutos que amarilleaban por efecto de la nicotina.

Pla bebe vino tinto. Sobre la mesa hay una bandeja, con una jana-termo, una botella de güisqui y otra de

vino. Al alcance de su mano tiene un paquete de tabaco negro y un librillo de papel. De vez en cuando lia

un pitillo escuálido y convencional que humedece con los labios para engomarlo.

—Pues sí, señor, me paso las tardes aquí escribiendo; a veces viene mi hermano y algunas otras personas

para hablar; ahora vendrá un señor de la Caja de Ahorros de Palafrugell, charlaremos un rato... y nada

más. Luego me darán una tortilla y un vaso de leche, me iré a la cama, leeré hasta ios cuatro o las cinco

de la mañana y basta. Me cuesta mucho dormir, porgue no tomo drogas ni he sido matea aficionado a

escuchar a los médicos. Además tengo mis ideas propias para no sufrir infarto de miocardio.

¿Q»é hay que hacer para eso? PrimerO no tener ninguna deuda; segunda, comer lo menos pasible;

tercero, ninguna mujer —quiero decir a mi edad—; cuarto, vivir tranquilo; no envidiar a nadie. La

felicidad consiste en no envidiar./De ahí ia frase de Goethe: "La felicidad está en la limitación". Esa

limitación consiste en, no envidiar anadie.

Pla retiene el pitillo entre los dedos, como un labrador, igual que Picasso.

—¿No se ha olvidado usted del tabaco, tan nocivo para la salud?

—No. Todos los médicos me dicen: "No fume usted más". Pero yo fumo constantemente y bebo güisqui y

vino. Me es igual todo esto. ¿Usted me comprende? Yo ño creo en esas cosas que dicen. La ciencia

médica no existe. A usted le pueden tratar con una cosa que le va bien y a mi con la misma que me irá

mal. Marañón creía poco en el arte de ¡a Medicina y mucho en ios enfermos. ¿Usted me comprende?

Vive Pla sin radio y sin televisión en esta casa aislada en medio del campo. —¿Y también sin teléfono?

—Bueno, hay un teléfono misterioso por si una noche tengo un infarto de miocardio, pero no hay

televisión ni radío.

Aquí la electricidad llega par un hilo así del delgado. Es un poco vago todo esto. Muchas veces nos

quedamos a oscuras y hemos de utilizar candelas para ir a la cama.

PARTIDARIO DE CÁNOVAS

Los Príncipes de España en su viaje á Cataluña, visitaron a Josep Pla en esta casa.

—Sí, sí. Estos señores son muy bien educados; son gente de una discreción y de una comprensión... Esta r

sa no se puede of recer a nadie, menos a reyes; esta casa es un "bríc-a-brac" tremendo. El Rey escuchó

mucho; yo le dije todas las casas que usted puede imaginar, de buena fe, creo que con un cierto buen

sentido. Ignoro qué caso habrá hecho. Alguna vez le escribo alguna carta. Le diré, por ejemplo, que yo

soy contrario a id Ley electoral esa que quieren hacer basada en la participación proporcional. Yo soy

partidario de Cañabas; por eso le dije al Rey que no hiciere ninguna constitución, que tome ia concepción

de Cánovas, que es bastante buena y que añada un capítulo sobre la cuestión social. Porque ahora el

capitalismo ha de pagar ai socialismo y si no te paga ha de pagarles alguien, para que no entremos en e¡

comunismo. ¿Usted me comprende? Pues basta.

Pla habla, señalándonos con el dedo pulgar, que a veces se lleva a la sien.

—¿Qué ofreció usted a los Príncipes de España «n aquella ocasión?

—¡Bueno...! Unos buñuelos que había por aquí parque estábamos en ia época de San José, y ese vino, que

es de la viña de casa. Pero fueron tan distinguidos qte me dijeron que les había gustado mucho. La

Princesa, bueno, la Reina, es un fenómeno lingüístico enorme. Es muy guapa, viste sencillamente y me

pareció muy inteligente. Luego la he visto en Madrid y he tenido con ella una gran conversación sobre

Grecia.

NO A LA REPÚBLICA

Josep Pla ha confesado que es conservador.

—S£ señor. Porque siempre me ha parecido absurdo que fas hombres añadan sus facultades intelectuales

y su fuerza material al incesante trabajo de destrucción que realiza constante e implacablemente la

naturaleza. Por eso no me gustó la República. Me pareció que actuaba dentro de la anarquia más rigurosa;

yo soy hombre de orden, me gusta el orden, me gusta que las cosas marchen con puntualidad, si es

posible. Siendo un hombre tan poco puntual, la puntualidad me parece indispensable para vivir. La

República fue un desastre total, una cosa que no se podía unir ni ligar. Además, fue muy violenta, muy

rápida. Querían arreglar los problemas agrarios, militares, religiosos..., iodo, en quince días. Era

imposible aquello. ¿Usted me comprende?

"La historia dé la República", escrita por Josep Pla, es hoy una obra rara, muy buscada por los bibliófilos.

—En realidad, no es una historia, sino una crónica. Debería revisarse, pero yo no la revisaré nunca; no me

importa nada. A mí lo que me importa verdaderamente es que no venga la Tercera República.

En sus años de juventud, cuándo fue corresponsal en Madrid de "La Publicitat", de Barcelona, conoció en

d Congreso a las figuras más sobresalientes de la política española de aqud momento.

—Va vez oí decir a un diputado de San Sebastián, dirigiéndose a don Indalecio Prieto, oigo que no se me

ha olvidado y que le contaré a usted. Este diputado de San Sebastián debió de ser algo palaciego y tuvo

Influencia can la reina, aunque luego se metió en el Nacionalismo Vasco. Pues trien; este señor diputado

te Hizo a don Indalecio esta observation: "Oiga, Prieto, a usted, que te guste lanío comer y concurrir a ¡as

tertulias con gentes destacadas, ¿por qué es socialista?" Prieto le respondió —y perdone la expresión, que

es impropia...—: "Pues mire usted: en España no hay más que dos clases de personas: las que c... sentados

y los que c... en cuclillas. Y yo soy partidario de que ios española c... todos sentados. Por eso soy

socialista".

Pla se ríe como ano de esos viejecitos de Teniers o como Pió Baraja, que viene a ser lo mismo. Ambos

muestran los dientes rotos y desnudados, dando a su modo de reír un cieno matiz de diablo embromador.

LA MEJOR CIUDAD DEL MUNDO

—¿Cómo era Madrid cuando se trasladó usted a vivir allí?

—¡Oh!; yo casi he visto los carros de bueyes. Llegué a Madrid el afíos diecinueve, enviado por "lA

Publicitat", de Barcelona, para escribir la crónica de las Cortes y iodo eso. Madrid era entonces una

ciudad maraivllosa, la mejor ciudad residencial del mundo, con un clima cotosaL. Era una dudad pant

viejos; to gente no se moría nunca. Había unos ex presidentes del Consejo que tenían nóventa años. Y es

que el clima era maravilloso para vivir. Madrid era una ciudad donde la gente no fiada prácticamente

nada; él Estado lo pagaba todo. Yo he visto en un Ministerio un cartelito que decía: "El señor Fulano de

Tal —an señor que nevaba capa, por cierto— recibe de doce a doce y cuarto". Nada mas.

Frecuentó la tertulia de Gómez de la Serna, en Pombo, los cafés, las redacciones de los periódicos;

algunos amigos comunes nos nao dicho que se le vio entonces acompañado de una mujer bellísima, que

debió de ser su gran amor.

—¡No, no, no! Yo no tengo prácticamente ni idea del amor ni de esas cosas. Tengo un cierto sentido del

ridiculo, y na me he acercado nunca a nadie para molestarle.

Se ha ruborizado como una clarisa, revolviéndose en la silla, inquieto, al tiempo que hada girar la boina

en la cabeza.

—¿En este sentida, también es usted un tímido, un ser barojiano?

—Bueno; don Pío era un tímido y un campesino vasco; yo ´tengo cierto sentido fel ridiculo. En el

Mediterráneo, mas que timidez, existe un cierto sentido del ridículo. ¿USted me comprende?

Le decimos que un periodista brillante, corresponsal en Madrid, en Francia, en Italia, en Rusia, autor de

libros de gran éxito ya en su juventud, no tenía motivos para escudarse en una timidez, infrecuente en los

hombres que -viajan y hacen vida social.

—Además, un escritor brillante, como usted...

—!No, no, no. ¡Muy mal escritor! ¡Todo lo que he escrito es muy malo! ¡No tiene sentido en ninguna

lengua! No, no; está lo digo completamente en serio.

EL ÉXITO NO CUENTA NADA

Insistimos en decirle que en estos momentos es uno de los escritores de mayor éxito en el país.

—¡Oh!; para mi el éxito no cuenta nada. Esas son cosas de ios editores y de la gente?, que compra tos

libros. Mi obra "El cuaderno gris" ha resultado bien porque la señora de Ridruejo y el señor Ridruejo, que

eran amigos míos, sabian bien el catalán y to tradujeron muy bien. Todo te demás de mi obra no vaie

nada. De todo eso del éxito, yo no creo nada; de cuanta he escrito, vaya usted a saber qué suerte correrá

dentro de tres o cuatro años; probablemente no será nada.

—Es usted muy pesimista.

—No, señor; yo no me creo pesimista. No se trota de pesimismo, ni de optimismo, sino de una cuestión

de haberse pasado la vida observando. Por eso soy contrarío a la imaginación, qie lo destruye todo, y

partidario de la observación, que me lleva a ser admirador de Maquiavelo.

De su época ea Madrid guarda P3á. grato recuerdo dé las redacciones de los periódicos. —Cuando yo

escribía en "El Sol", allá a la una o una y media de la madrugada, pasaba pof allí ¡a masa encefálica de la

nación. Venian cada noche Ortega, don Ramón Pérez de Ayala, que era embajador de España en Londres;

tenía Unamuno, con el cual Anuir había contratado tres artículos semanales, lo cual le tenía muy contento,

porque Unamuno era un avaro tremendo. Lo único que le interesaba eran las casas de que era propietario

en Bilbao; claro que, como padre de muchos hijos, tema muchas oblígaciones. Pero era un avaro total; de

esto no le quepa duda. También vente mucho Primo de Rivera.

—¿Don Miguel?

—No, no, José Antonio, que ´era un hombre que cuando le mataban a un correligionario... Bueno, prefiero

no entrar en juicios politicas. Era muy buena persona este hombre; yo tengo un ´gran respeto por éL

Políticamente, no me parecía muy admirador de su padre, él guérie hacer otra cosa. No sé si te hizp.

Hablamos de amigos comunes, de Sanchez-Mazas, de Luis Calvo, del doctor Duarte. Pla tiene clara la

memoria y como a don Pio Baroja, aunque confiese que la literatura es un esfuerzo baldío, le preocupa

mucho la posibilidad de realizar todavía la obra en que pueda resumir toda su experiencia con un estilo

sencillo y claro.

Al referirnos a Azorin dice Pla que no le ha considerado nunca como un escritor castellano.

—Los castellanos tienen que pacer la frase larga, terminada siempre en cola de pescado. Azorin, por el

contrario, escribía: "La puerta es verde". Punto. "El techo está encalado". Punto. "La calle aparece

solitaria". Punto. Es un escritor que yo no sé de dónde ha salido. Bueno, ka salido de Monóvar. O sea, que

es un alicantino que,ha estudiado en Valencia y que está muy catalinízado. su cultura era francesa total y

[su idodo era Montaigne. Nos muestra un dormitorio de la casa can muebles de caoba irados de Filipinas

por un antepasado suyo.

La sensación es que estamos dentro de un frigorífico, aunque Pía, a sus ochenta años, diga cosas

homoristicas, ingeniosas, para no tomar en cuenta el frío.

—Haga usted el favor de saludar a los amigos de la redacción de "El Debate"...

—Querrá usted decir de YA.

—No, de "El Debate", para mi continua siendo "El Debate". He conocido allí al señor De Luis, que era

una gran persona; al cardenal Herrera, poco, yo soy partidario de "El Debate", porque a pesar de que voy

poco a misa, tengo un fondo religioso. Creo que una de las equivocaciones más grandes es destruir la

religión. La religión consuela a mucha gente y ante esto yo me quito la boina, el sombrero y todo.

¡RESULTA TAN DIFÍCIL ESCRIBIR!

—¿Por qué se dedicó usted al periodismo y a la literatura´?

—Verá usted. Primero quise ser médico, pero al llegar a la Facultad de Medicina no pude pasar de la Sala

dé Disección, porque vi que los estudiantes cortaban las orejas a los cadáveres para regalárselas a sus

novias. Me marche por asco y por el mal olor que había. Entré luego en la Facultad de Derecho de

Barcelona, can muchos menos alumnos y donde todo era itíás divertido, con los cafés del Paralelo, el

aprobado fácil... Aquello era ana broma.

Se queda pensativo, eon el dedo indice apoyado en la sien. Crepita la leña a nuestros pies. Pla toma la

copa de vino y al llevársela a los labios se detiene y nos dice:

—Lo que deberían haber hecho mis padres conmigo era enseñarme a arar, a cultivar la tierra para poder

dedicarme a las cosas de la labor. Soy un pequeño propietario rural, muy pequeño. Aquí h tierra se trabaja

muy bien y la gente vive bastante desahogadamente; vamos tirando. Ahora escribir, escribir, si se

encuentran adjetivos es muy agradable; si no se encuentran es un mal asunto. Encontró los adjetivos que

le vayan bien a jos sustantivos, ésa es ¡a cuestión, ya lo vi muy clro siendo joven. ¡Resulta tan difícil

escribir! Saber et color de esto botella, de este vino, o de un güisqui, o de un campari... ¿Usted me

comprende? Ahora que cuando se encuentra el adjetivo, la cosa resulta divertida y estimulante.

Curioseamos en los pocos volúmenes que tiene en unas librerías, a media altura de los muros.

—He regalado a la biblioteca de Palafrugell seis mil volúmenes por si alguna persona del pueblo se

interesa por los libros, aunque yo creo que los libros no sirven para nada. Sí, esto se lo digo en serio.

Prefiero un campesino analfabeta, pero que sepa cualtivar la viña, arreglar los olivos y plantar el trigo, el

cea-teño, (a cebada y que sepa también cuidar tina vaca, porque esto es más importante que todos los

intelectuales que pretenden hacer la revolución. La revolución ya la hace la naturaleza, no se preocupe.

CATALUÑA DEMOCRÁTICA

Ha permanecido muchos años fuera de España para «cumplir con sus misiones como corresponsal en el

extranjero, y aunque está satisfecho de haber conocido otros países, no lo está tanto de haber estado tanto

tiempo fuera de España.

—Esto es una cosa que me sabe mal. Porque creo que una de las cosas que no conocen los catalánes es

España, y deberían conocerla más. Así tendrían una idea distinta, sobre todo ahora que en España se está

produciendo un resurgimiento político.

—¿Tiene usted relación frecuente coa sus paisanos?

—Yo vivo aquí, en el pueblo... Bueno, yo conozco mucha gente, pero no formo parte de nada. Soy un

hombre marginado. Ahora bien, no sé qué quieren hacer. Creo que en Cataluña existe una enorme

confusión, porque aquí nos pasamos ahora el rato filosofando y cantando. Aquí no se trata de hacer nada

de política. Vamos a saber, espero que lo sepamos algún dia, lo que es la libertad, la democràcia, la

amnistía y cosas enormes. Ahora, si hay un muerto, hay que hacer asi con el puño y luego cantar la

internacional, y si es catalanista, "Els Segadors" e irse a su casa. Yo no voy a ningún sitio ni escribo en

ninguna parte. No, no, señor.

Bebe vino tinto y lía un nuevo pitillo negro, de Ideales, haciendo alarde de una pràctics que le permite

realizar esta operación sin mirar.

—Yo creo que Cataluña es la parte de España y probablemente de Europa mas democrática. Y me parece

que será muy faca demostrársela a usted. En primer lugar, en este país no hay aristocracia; ¡os viejos

títulos han desaparecido y ¡os concedídos modernamente por Franco y por el Rey no tienen la menor

importancia histórica. Castilla esta llena de aristócratas, como Francia, Inglaterra, Italia... En Inglaterra

tos aristócratas hablan una lengua diferente del pueblo; aquí hablamos todos igual y por eso hablamos tan

vulgarmente; me refiero a ios catalanes en general.

Permanecemos en pie, en medio del salón, bajo la lámpara de forja. Pla nos coloca la mano sobre eí

hombro, adoptando un actitud confidencial:

--En este país la tierra está repartida, cosa que es muy importante. Para vivir, yo prefiero estar allí donde

esté un payés con un trozo de tierra que un pobre industrial, el cual se cansa de vivir mal en un piso donde

no ve nada y acaba haciendo la revolución. Esto estridente. En cambio, un payés si tiene un poco de

paciencia, es hombre perfectamente tranquilo. Luego creo que la Iglesia ea este país ao ha molestado a

nadie. ¿Usted es catalán? ¿dirigiéndose al fotógrafo—. ¿Le ha molestado alguna vez la Iglesia? Dígalo

francamente: algún obispo, algún cura... Vamos a decir tas cosas claras. Yo creo que ea Cataluña la

persona que time algo ea ta cabeza y trabaja durante diez años seguidos, se marcha con un paquete de

billetes. ¿Hay algún país en Europa que pueda decir lo mismo? Por eso creo que Cataluña es muy

democrática. Y ta democracia no es cosa de filosofía; es vivir con una posibilidad de ilusión. Yo creo que

la ilusión es más importante que te ciencia y, sobre todo, que la ciencia-ficción y esos camelos que se han

inventado ahora.

Sacamos de la cañeta la edición de "Vida de Manolo", realizada por Mundo Latino en 1930 para que Pla

tenga la bondad de escribir unas lineas.

—¡Por Dios, cómo tiene usted eso! ¡Si na vale nada!,..

Ya entrada la noche abandonamos mas Pla, donde quedó el maestro sentado junto a, la chimenea.

Mientras marchábamos entre la niebla con dirección a Barcelona, pensamos en d destino de este ser

barojiano, también soltero, conocedor de Europa, algo bortón, un poco esceptico y humilde para su vida y

para enjuiciar su obra.

* "Le dije al Rey que no hiciera ninguna Constitución, que tomara la concepción de Cánovas y añadiera

un capítulo sobre la cuestión social"

* "Soy contrario a ¡o Ley Electoral basada en la participación proporcional"

* "Tengo un cierto sentido del ridículo y no me he acercado nunca a nadie para molestarle"

* "No creo en el éxito. De cuanto he escrito, vaya usted a saber qué suerte correrá dentro de tres o cuatro

años"

* "Unamuno era un avaro tremendo. Azorín estaba muy catalanizado. José Antonio era muy buena

persona"

* Destruir la religión es equivocado. Consuela a mucha gente"

* "Prefiero un campesino analfabeto que a los intelectuales que pretenden hacer ta revolución"

* "Cataluña es ia parte de España, y probablemente de Europa, más democrática"

 

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