Las elecciones de anteayer: preocupación en Europa     
 
 ABC.    12/06/1987.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

VIERNES 12-6-87-

OPINION

-ABC, pág 19

LAS ELECCIONES DE ANTEAYER: PREOCUPACIÓN EN EUROPA

CON la serenidad que permiten los resultados definitivos, es necesario ir al fondo de los problemas y

trazar una interpretación de lo ocurrido, no en la superficie, sino en el fondo del cuerpo electoral. Nuestra

primera conclusión no es optimista: estamos ante una sociedad desorientada, poco o nada homologable

con el conjunto de las democracias occidentales que votan establemente, sin bandazos espectaculares .

Asistimos en España a un deslizamiento claro del voto hacia las posiciones de la izquierda radical,

frontalmente adversa a los valores de libertad, pluralismo y libre iniciativa que forman eS sustrato común,

a izquierda y derecha, en la Europa a la que pertenecemos. En esa Europa se vota por razones de intereses

políticos y criterios ideológicos: las cuestiones determinantes en la elección británica de ayer han sido la

defensa, las armas atómicas, el abuso del derecho de huelga, la droga, el desempleo y la inflación. Esto

es, verdaderos debates de ideas, a partir de principios y valores que determinan inevitablemente las

grandes corrientes del electorado. En la triple elección española de anteayer la impresión es la contraria.

Los debates de fondo han brillado por su ausencia. Han predominado las pulsiones y los personalismos

sobre los contenidos. Hágase la prueba y tómese á un elector medio para preguntarle qué defendía el se,

ñor del Valle en nombre del socialismo sevillano: nada, desde la opción nuclear a la defensa de la

naturaleza, pasando por la delincuencia urbana o la exposición del 92, ha quedado claro. Y es esa

inquietante ausencia de contenidos, tan propicia a la manipulación la que separa sobre cualquier otra cosa

a nuestro electorado -conservador o izquierdista, tanto da- de las sociedades europeas. A ese arcaico

entendimiento de la democracia y de los partidos concebidos como máquinas de mera propaganda hay

que añadir la responsabilidad del PSOE al abusar de su instalación en el poder. Los privilegios, ventajas y

favores autoconcedidos no han resultado, empero, del todo rentables. En Sevilla, donde se emplearon a

fondo Felipe González y Alfonso Guerra, dos candidatos bien elegidos, antagónicos pero confluyentes,

como es el caso de Soledad Becerril y Alejandro Rojas Marcos, han derrotado al PSOE en su bastión más

representativo, forzando el descenso socialista desde 19 a 13 diputados (la candidata de AP y el líder

andalucista consiguieron 15). Esto demuestra que el socialismo puede ser batido en España si se

presentan candidatos atractivos, opciones bien articuladas, incluso, como es el caso, en frente distintos,

pero susceptibles de lograr un acuerdo ulterior.

NUESTRA tercera conclusión, aunque resulte amarga, debe quedar clara: es negativo que hayan logrado

representación en Estrasburgo grupos y fuerzas que carecen en Europa de existencia política real. Herri

Batasuna es una organización leninista que tendría cabida quizá en la política de Managua o en la

guerrilla urbana de Manila, pero que resulta perfectamente imposible de homologar con cualquier

tendencia parlamentaria de la CEE. Tampoco tienen representación en Europa los separatismos de la

especie que defiende el señor Garaicoechea, tan respetable personalmente como incomprensible para las

corrientes de opinión que conforman hoy el proceso hacia la Europa unida. Esta irrupción de la izquierda

más radicalmente antioccidental es tan insólita como difícil de asentar en el conjunto europeo.

Especialmente cuando —no se olvide— se desarrolla en estos meses un cambio histórico sobre la

seguridad y defensa del continente. EL avance de los particularismos y de los programas más irracionales

y violentos, unidos a la ambigüedad calculada del PSOE

RETRASO Y DESINFORMACION

LOS ingleses han conocido con una pausa temporal mínima -menos de dos horas- los primeros

resultados, indicativamente seguros, de las elecciones que han dado la victoria al partido conservador. En

asombroso contraste con esta puntualidad informativa, en la triple elección de anteayer, se iniciaron ya

con notorio retraso las informaciones limitadas a la elección de eurodiputados. Y sobrevino, a

continuación, un bache informativo tan dilatado que permitió intercalar la proyección de un largometraje

del Oeste y todavía a las cinco de la mañana no se habían hecho públicos los resultados de la elección en

las autonomías. A la vista de los desfavorables resultados obtenidos por el PSOE, y considerando la

rapidez de cómputos que permiten los ordenadores, parece lógico deducir que el Gobierno retuvo la

información para ganar tiempo que le permitiese planear una explicación conveniente a sus intereses de

partido y a la imprevisible decisión de don Adolfo Suárez y sus seguidores, permiten que el panorama

interno español se contemple con preocupación en Europa. España tiene hoy un partido dominante en

franco retroceso; un partido conservador que consolida su voto, pero que no consigue avanzar ni un

palmo; una opción sin ideología definida como el CDS, del que nadie puede decir si se inclinará hacia la

responsabilidad nacional o hacia el simple oportunismo. Con estos medios, una democracia todavía muy

frágil y un sistema de instituciones que. en buena parte, solo exista sobre el papel, los pronósticos

occidentales sobre España no se caracterizan hoy por la confianza. Por eso cabría hacer un llamamiento al

buen sentido de las tres fuerzas principales de la nación: el Partido Socialista no tiene hoy el derecho

moral de pactar con aquellos grupos o sectores -Izquierda Unida, por ejemplo— que radicalizarían la

política española con consecuencias imprevisibles. El partido del señor Suárez no puede aspirar a un

espléndido aislamiento cuando sólo ha logrado el modesto progreso de un 1 por 1OO. Arbitro de la

situación en varias demarcaciones claves parecerá lógico a algunos que el CDS permita gobernar en

minoría, sin acceder al poder. No pocos de los propios centristas pensarán, sin embargo, que la

responsabilidad moral de su partido es cumplir con lo que ha expresado la voluntad general e impedir que

gobiernen los socialistas en algunas ciudades y autonomías. Esa responsabilidad moral recae sobre el

señor Suárez, que no debe entorpecer el funcionamiento normal de la democracia. Los tres primeros

partidos de la nación deben entender, por otra parte, que hay una gran política europea en marcha, de la

que depende a la postre nuestra economía y nuestra defensa, nuestra modernización tecnológica y nuestra

capacidad de comprar y vender. Si los tres grandes partidos no entienden la necesidad de abordar una

política nacional de gran aliento, el triunfo de los particularismos acabará por imponerse y España perderá

de nuevo la ocasión de despegar.

 

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