Autor: Muñoz Alonso, Alejandro. 
   El fin de un mito     
 
 ABC.    12/06/1987.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EL FIN DE UN MITO

EL mito de un PSOE invencible, instalado duraderamente en el Poder y de casi imposible

desalojo, ha quedado seriamente dañado después de las elecciones de anteayer. Aunque a su

descenso no haya correspondido un empuje equivalente de los grandes grupos de la oposición,

se ha comprobado que al PSOE se le puede ganar si se organiza adecuada y racionalmente la

estrategia alternativa. Hasta ahora el partido gobernante estaba cómodamente instalado en un

Olimpo inalcanzable, por encima del 40 por 100. La pérdida de esa cota en casi todas partes,

aunque sea levemente, tiene un enorme significado, al menos simbólico, y puede marcar el

principio del fin de un periodo en el que el PSOE ha sido un partido dominante sin contrapeso

efectivo en la mayor parte del territorio nacional. Si, como es deseable, en el PSOE quedan

suficientes reservas de sentido común, la severa advertencia recibida puede marcar también el

fin de un cierto estilo de gobernar caracterizado por el despotismo arrogante y la

autocomplacencia orgullosa e injustificada. Un estilo, en suma, definido por el «síndrome del

rodillo», por esa prepotencia descalificadora, nulamente democrática, de la que los socialistas

nos han dado abundantes muestras en la campaña electoral. Si las elecciones sirven para que

el PSOE recupere la sensibilidad democrática, escandalosamente abandonada en este lustro

de borrachera del Poder, habrán servido para algo. Como se suponía, Fraga ha vuelto a

demostrar la solidez de ese apoyo que le presta esa cuarta parte del electorado que, contra

viento y marea, apuesta por el líder de la derecha que, todavía, no tiene sucesor. Por el

contrario, la AP de «los nuevos tiempos» ha demostrado palmariamente su inhabilidad para

conseguir nuevos votos. El señor Hernández Mancha no ha sido capaz de dotar a su

desmañado proyecto de «ruptura generacional» de la necesaria credibilidad ni de aprovechar la

ocasión de un PSOE a la defensiva y con demasiados frentes abiertos, para realizar un avance

notable. En AP es el momento de serios replanteamientos estructurales, estratégicos y de

liderazgo. Si, por pereza política, no se afronta sin tardanza esa necesaria reflexión, se estará

haciendo gala de una sordera culpable ante una advertencia inequívoca del electorado. El

aumento de los grupos regionalistas es, en este sentido, de una diáfana significación. Por su

parte, el CDS tampoco puede echar las campanas al vuelo, pues sus porcentajes medios, en

torno al 10 por 100, salvo concretas excepciones, garantizan su existencia y, seguramente, su

papel de arbitro en no pocas instancias; pero muestran los límites de su penetración en el

electorado y prefiguran un posible y futuro «techo» de Suárez. Queda ahí patente, además, la

dificultad de fundar un proyecto político exclusivamente en un carisma personal y en el

oportunismo ideológico. Mucho tiene que hacer también el CDS si quiere consolidarse como un

partido cuyo capital político no se limite a la imagen de Suárez. En todo caso, la política de

pactos del CDS demostrará si la certera crítica que su líder ha hecho del estilo PSOE durante

la campaña, va más allá de la mera propaganda. La cuota de responsabilidad de este partido

en este momento es, sin duda, de las más altas. Por la izquierda, IU no ha sido tampoco capaz

de aprovechar suficientemente el caos social provocado por las torpezas del PSOE. Sus

resultados también garantizan su supervivencia, pero poco más. En el ámbito nacional se

diseña así una oposición tripolar, muy débil por la izquierda y basada, por la derecha, en un

dualismo AP-CDS que recuerda al esquema francés RPR-UDF, capaz de vencer a los

socialistas si derecha y centro son capaces de pactar. Es una buena tarea para de aquí a 1989

ó 1990: o la vía francesa o la vía mexicana. No está escrito que el PSOE tenga conseguida la

victoria de antemano salvo que, por anticipado, se la regalen sus adversarios.

Alejandro MUÑOZ ALONSO

 

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