Autor: Quiñonero, Juan Pedro. 
   La feria: Entre el apocalipsis y las mercancías     
 
 Informaciones.    25/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

LIBROS Y POLÍTICA

La feria: Entre el apocalipsis y las

Por Juan Pedro QUIÑONERO

MADRID, 25.

La próxima Feria del Libro (entre el 28 de mayo y él 15 de junio) se convertirá este año, por sa

proximidad física con las elecciones, en una gigantesca batalla política, cuando precisamente nadie como

nuestros políticos profesionales ha despreciado ios objetos de cultura de modo más firme, tenaz e

inexcusable.

Hace ocho meses INFORMACIONES publicó un informe documental, donde se recogían las opiniones

de casi medio centenar de partidos políticos, de la izquierda comunista (a la izquierda del P.C.E.) hasta

grupos falangistas: todos ellos coincidían: ninguno tenía el más mínimo programa concreto en torno a

cuestiones de política cultural. Sus generalidades eran particularmente alarmantes: somos el único país

civilizado donde monárquicos conservadores y jóvenes comunistas dicen lo mismo en torno a cuestiones

tan delicadas como una imaginaria eolítica cultural.

A cincuenta días de las proximas elecciones legislativas, las partidos políticos todavía no han dicho una

sola palabra concreta sobre estos, temas. Lógicamente, la dictadura de la. estrategia ideológica reclama

tiempo, dinero y energía, «a una medida Que hace cuando menos difícil un discreto diálogo con

rudimentos vagamente ilustrados

PENOSA ´.ELOCUENCIA

Nuestra clase Intelectual, ni ha denunciado este abismo que abren _a nuestros pies los líderes políticos ni

participa activamente en tal imaginario debate teórico (que seria capital, decisivo, para el futuro de una

cultura: y con el silencio se convierte a sí mismo en hecho inolvidable por su incalculable alcance

negativo). Si algún intelectual participa en la gigantesca y nueva operación de desmantelamiento de la

ilustración y los negocios de la cultura, lo hace como comparsa, obediente, al secretario del partido de

turno: nunca los intelectuales habían renunciado de modo tan determinante a ejercer cualquier actividad

críticá, nunca, habían reducido su actividad civil a ser cómplices de un proceso de devastación moral tan

penosamente elocuente.

Sin embargo, respecto a temas específicos como es él de la próxima Feria del Libro, más de una veintena

de intelectuales consultados por INFORMACIONES, en la pasa da semana, todos expresaron una rara

unanimidad de criterios: sería necesario convertir la Feria en una gigantesca fiesta, verbena popular

(Forgés); seria prudente raptarla de la explotación económico ideológica (Isaac Montero) : transformarla

en un espectáculo inqúietante (Jesús Aguirre) ; donde las artes plásticas, el teatro callejero, le música

popular los debates públicos sobre temas de actualidad, vida cotidiana y ciudadana irrumpieran,

gozosamente, para alegría, dispersión, reflexión crítica y participación directa de los ciudadanos.

Pintores, músicos, novelistas dramaturgos ensayistas poetas, escultores, escenógrafos, etc., artistas y

ciudadanos todos, en esa imaginaria y deseable Feria, trasladarían sus talleres y sus: dudas, sus palabras y

sus acciones, al gigantesco circo en que la; misma Feria se habría convertido.

OBJETOS BE PROPAGANDA

LA más sensata reflexión parece indicar no obstante, que los partidos políticos (protagonistas de

excepción de estos y esos próximos días) no van a manifestar el más mínimo interés por estas cuestiones.

Hasta hoy. los partidos piden votos, dinero, y la mas radical aquiescencia: los ciudadanos sólo existimos

como número contabilizable en el catálogo de las cifras, signos sin otro nombre que el contable (y sin

voz), cuyo único deber es la obediencia al jefe (llámese secretario general o como se llame, de Cualquier

generación),

La actual Administración no está en situación de transformar nada. Las jerarquías del Insituto Nacional

del Libro (I.N.L.E.) han dado muestras de buena voluntad. Pero en definitiva hay escasas posibilidades

administrativas de modificar nada. Los intelectuales hacen su lógica, sensata y comprensible crítica: pero

no está en su mano (ni económica, ni administrativa, ni política,. ni técnicamente) realizar nada.

Sólo organismos púb1icos, partiólos, organizaciones gremiales, con capacidad organizativa y económica,

discretamente preocupados por estos temas, podrían efectuar propuestas concretas, en términos concretos,

de nuevas alternativas, deseablemente utópicas. La crítica de Alain Touraine a la crisis de la civilización

occidental es aplicable a la Feria del Libro madrileña: sólo saldremos de ella a través del diálogo entre

críticos radicales y economistas empíricos. Ambos proyectos (anta Bonicos, pero conjugables en términos

concretos en un contorno social determinado) son vetados por la estrategia ideológica, que sólo concibe la

cultura como objeto de propaganda de su programa electoral.

LA PAZ DE LA TUMBA

Don Alfredo Timmermans. directo del I.N.L.E., comenta sobre estos extremos: «Las criticas a la Feria ras

parecen comprensibles. Pero desde un punto de vista empírico, hoy, ¿con qué la sustituimos? La Feria

actual tene un defecto que nace con su edad: treinta y siete años. Son muchos años en estos, años. Sin

duda que tiene cosas criticables, pero hoy, ¿quién da ideas claras, concisas, concretas, para inventar cosas

nuevas? ¿Quién, propone soluciones concretas? Esta claro que hay que transformjarla, pero quien se ha

preocupado por elaborar un mínimo progra ma cultural, ni nada por el estilo? Nadie aporta soluciones

Nadie ofrece alternativas concretas y reales.»

Jesús Aguirre, dias pasados comentaba a INFORMACIONES que hasta hoy los partidós políticos, en sus

mítines y congresos, regalan bolígrafos, corbatas y otros adminículos, pera no regalan libros. El

franquismo ha utilizado el libro como objeto almacénatele en la tumba administrativa, o como objeto sin

derecho a ia libre circulación. Los partidos; hasta hoy, no parecen, poner de manifiesto otros deseos: el

libro, su comercio, so¡o es imaginable, para ellos como mercancía propagandística. No se trata de un

negóció de ideas, sino una mercancía Que comercia con creencías (tan rudimentarias como las expresadas

por excesivos líderes), y sólo pide silencio y obediencia, atributos que bien cuadran con la paz de la

tumba el rito funerario.

 

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