Jornada de reflexión postelectoral     
 
 Ya.    12/06/1987.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

VIERNES 12 DE JUNIO DE 1987

EDITORIAL

Jornada de reflexión postelectoral

Ala vista de un escrutinio más completo del que disponíamos ayer, cuando ofrecimos un primer juicio

sobre el significado de esta cita electoral, nuestros puntos de vista se confirman. El PSOE ha ganado

claramente las elecciones, pero por vez primera ha quedado patente que es vulnerable. El correctivo ha

sido serio, aunque desigual. Hay que distinguir, para comprender bien los matices de la decisión del

electorado, entre la orientación del voto estrictamente político reclamado por las elecciones al Parlamento

Europeo y el voto, más personalizado y complejo, de las elecciones municipales y autonómicas.

Empezaremos glosando las elecciones al Parlamento Europeo. El punto de referencia inmediato, para la

comprensión de los resultados, son las elecciones legislativas del año pasado. Con relación a estas

elecciones, y en un plazo inferior a un año, el Partido Socialista pierde cinco puntos y un millón y medio

de votos para un porcentaje de participación inferior en solamente un punto. Si estos resultados se

proyectasen a unas elecciones legislativas, el PSOE en estos momentos podría haber perdido la mayoría

absoluta en las Cámaras o la conseguiría muy a duras penas, aunque seguiría gobernando con suma

tranquilidad. La pregunta natural es: ¿cuál es el destino de esos votos perdidos por los socialistas?

En nuestro comentario de ayer observamos que este descenso del PSOE no se correspondía con el

incremento de los partidos rivales del centro y de la izquierda. Es, sin embargo, claro que, aunque no con

la contundencia que cabía esperar, ambas ofertas han aumentado a costa del socialismo. Sin embargo, el

beneficiario principal de este declive es de momento el centrismo, que, además de avanzar un punto

completo, consolida una estructura de partido de la que hasta ahora carecía. Izquierda Unida sube algo

más de medio punto en el índice general.

Aunque Alianza Popular desciende algo con relación a las legislativas, es natural interpretar que este leve

descenso se debe a la disgregación de los partidos que formaban en la anterior coalición y que ahora han

acudido separados a las urnas. Las consecuencias para el PDP han sido desastrosas, como todos los

pronósticos aseguraban. También hay que hacer notar el incremento de muchos partidos regionalistas de

tendencia conservadora. Parece bastante claro que el votante fugado de Alianza Popular no ha sido

recogido como voto centrista.

A nuestro juicio, estos datos pueden interpretarse de la siguiente manera: el elector ha estimado que el

Partido Socialista merecía un aviso serio; ha distinguido con claridad entre el voto centrista y el

derechista, y ha premiado al centrismo, a expensas de los socialistas, lo suficiente como para consolidar

las expectativas de futuro del partido de esta orientación electoral. Hoy se puede decir mejor que ayer que

el mapa político español no se basa en el bipartidismo, como durante la anterior legislatura se intentó

hacer creer al ciudadano. También el voto de izquierda ha aumentado, pero en mucho menor grado de lo

que sus dirigentes habían previsto. En consecuencia, el castigo del PSOE ha venido por el lado del centro

y por su izquierda. Y esto es algo que los centristas tendrán que ponderar a la hora de definir su estrategia

a medio plazo. Pero también tendrá que reflexionar sobre los resultados el Partido Socialista. Es difícil

aventurar un juicio sobre qué consecuencias políticas tendrá la obligada jornada de reflexión postelectoral

socialista ni sobre cómo influirá en las rivalidades internas que ya se venían observando en los últimos

meses, especialmente en relación con la política económica. Pero parece natural que esperemos pruebas

claras de los resultados de la digestión que actualmente se debe de hacer en el Gobierno y en su partido.

Las cosas cambiarán no sólo en la política autonómica y local; también cambiarán, y no es difícil predecir

que no será un cambio pacífico por mucha sordina que se le ponga, en los modos del Gobierno central.

El voto de las municipales y de las autonómicas ha sido todavía menos favorable para los socialistas que

el voto de las europeas. Los datos globales confirman que se ha perdido la mayoría absoluta de los

grandes ayuntamientos, como Madrid, Sevilla, Valencia, Zaragoza y otras importantes ciudades. Los

socialistas sólo conservan la mayoría absoluta en tres comunidades autónomas. Atenderemos, por tanto, a

un nuevo estilo de política municipal y autonómica, en la que pueden ser convenientes o necesarios

pactos locales de diverso tipo. Aunque el signo del voto municipal ha sido más claramente personalista,

como lo prueba el éxito de algunas personalidades atractivas, como Pacheco en Jerez por citar un caso

espectacular, sí parece más claro que el desplazamiento del voto socialista se ha dirigido a engrosar las

alforjas de la izquierda más que las centristas. Esto ha ocurrido con claridad en Andalucía.

La conclusión de estos resultados es que tanto en las principales autonomías como en los ayuntamientos

tendrá que imponerse un nuevo estilo de política. Ya se insinúa en voces socialistas que hay dificultades

para conseguir un gobierno estable en los grandes ayuntamientos. Es el pretexto para justificar un pacto

global con la izquierda del socialismo. Pero ni el sistema democrático obliga a ese pacto ni debe

considerarse que el gobierno de una minoría mayori-taria esté destinado a la inestabilidad. Los pactos no

son imprescindibles ni obligatorios, a menos que sólo se pretenda imponer la voluntad de los que pactan a

cualquier precio. Pero eso nada tiene que ver con la fortaleza institucional del gobierno democrático, cuyo

fundamento es el control y no la imposición ni la concentración del poder.

Hay que estimar, por tanto, como un resultado beneficioso para todos, como ya dijimos en nuestro

editorial del 31 de mayo, que se haya deshecho por fin la magia de la prepotencia socialista. Pero no se

puede traducir eso en una sensación de que el declive del socialismo es ya una crónica anunciada. Todo lo

demás sigue, hoy por hoy, igual. El poder no cambia de manos, aunque se reduzca su dominio y se rebaje

el orgullo de los que mandan. Mas nada asegura que en las nuevas circunstancias el desgaste, que hasta

ahora solamente afectaba a los que mandaban, no pueda también repartirse entre quienes se vean tentados

a pactar, o elijan como modo de hacer oposición dificultar la gestión de los que mandan por el mero

hecho de que no son ellos los que tienen e! poder. Puede asegurarse que el socialismo ha perdido terreno,

pero esto no permite esperar a nadie que pueda ganar en el futuro a base solamente de que los socialistas

sigan perdiendo.

La campaña electoral de 1987 ha sido, desde este punto de vista, bastante decepcionante. Se han echado

en falta ofertas constructivas, programas elaborados, un planteamiento político riguroso en cualquiera de

los contendientes. No se ha hecho una política seria y atractiva, que merezca un aplauso convencido

de los electores. No puede decirse que haya un vencedor, ni siquiera moral, de estas elecciones, si se

prescinde de los partidos autonómicos y regionalistas. Lo único que es posible asegurar es que el poder se

ha repartido más, se ha hecho más plural, se ha hecho más democrático en definitiva. No es poco, pero si

se piensa en 1990 hay que afirmar que para nadie es suficiente.

 

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