Autor: Alcántara, Manuel. 
   Consuelo de ausentes     
 
 Ya.    12/06/1987.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Consuelo de ausentes

MANUEL ALCÁNTARA

NO hay mejor sondeo que unas elecciones, y por fin tenemos una encuesta fiable. La intención de voto ha

dejado de serlo y se ha convertido en voto a secas, lo que hace innecesario hablar de las posibilidades de

triunfo o de derrota y obliga a quedarse a solas con el éxito o con e! fracaso y a mirarlos, según el

exigente consejo de Kipling, como a dos impostores. Claro que puestos a mirar como a un impostor a una

de esas dos cosas, todos los políticos prefieren mirar como un impostor al éxito. Ganando se aprende. Lo

que no vamos a aprender nunca es a elaborar censos.

Mucha gente se dispuso a cumplir con su deber ciudadano y no pudo hacerlo, a pesar de haber

reflexionado durante las veinticuatro horas precedentes. Sus nombres no estaban en la lista, aunque ellos

estaban allí. Esa ausencia equivalía a una muerte democrática y el error en los padrones les convertía en

metecos. Una grave desilusión. Después de varias décadas sin poder votar, hemos descubierto el voto y

no hay nada que nos guste más que llenar las peceras de las urnas de peces de papel y reimos de los peces

de colores.

Sin duda por desentrenamiento, hemos llegado a creer que las consultas electorales son una finalidad. De

ahí la tristeza de los que no han podido expresar su opinión. Sírvales de consuelo pensar que todos los que

han depositado su papeleta no podrán hacerlo dentro de unos años y que, a la larga, todos desaparecemos

del censo. Ramón Gómez de la Serna se aterró al descubrir que todos los que venimos en la guía de

teléfonos llegará un día en el que no vengamos ni siquiera en la guía de teléfonos.

Ante ese hecho, lo demás pierde importancia. Unas formaciones políticas han ganado algo y otras han

perdido un poco. Ahora le llega su turno a los intérpretes y su hora a los incansables analistas. Ellos nos

explicarán por qué escasean los que aspiran a subvertir el orden constituido y por qué crecen los que

aspiran a conservarlo, que eran los subvertidores de ayer. Lo cierto es que el Che Guevara ha muerto y en

las diputaciones ya no cabe nadie más.

 

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