Autor: ;Manzano, Andrés. 
 Campaña electoral: La batalla por Madrid. Con lluvia y frío, en Torrelodones. 
 Trescientas mil personas en la Fiesta del PCE     
 
 El País.    14/06/1977.  Página: 23. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Con lluvia y frío, en Torredolones

Trescientas mil personas en la fiesta del PCE

A las diez de la mañana, con un atasco impresionante de tráfico en la carretera de La Coruña, los

responsables de organización de la fiesta, en vista de la tromba de agua y viento racheado que se

desencadenó por la noche y primeras horas de la mañana, decidieron suspender el acto. Se calcula que en

ese momento había en las inmediaciones de la zona más de 200.000 personas, muchas de las cuales

volvieron a Madrid al tener conocimiento de que el acto estaba suspendido.

Decepción pasada por agua

La lluvia caía entonces a -raudales. A las once y media Juan Diego se dirigió a los asistentes para co-

municarles, una vez más, que la fiesta política estaba suspendida, pero que la fiesta popular seguía. Poco

después se volvía a dirigir a la gente, esta vez en compañía de Juan Antonio Bardem, para decir que ni

Santiago Carrillo ni Dolores Ibárruri asistirían al acto. Protestas de los 10.000 asistentes,

aproximadamente, que en ese momento se encontraban cerca de la tribuna. Ante los gritos de un sector de

gente que pedía ver a Dolores Ibárruri, entre ellos una mujer de 87 años, Juana Méndez, venida desdé

Extremadura para ver a Pasionaria, Juan Diego contestó que Dolores se podría mojar. Gritos de «que se

moje, que se moje». La situación comenzó a enrarecerse y finalmente un miembro de la comisión

organizadora, a través de megáfono, confirmaba la asistencia de Carrillo, pero no la de Pasionaria.

A las cuatro y cuarto, tras la presentación que hizo Juan Diego, actuó Manuel Cereña, que interpretó dos

canciones y llevó a los asistentes el saludo del pueblo andaluz y de Rafael Alberti. Simón Sánchez

Montero, que habló a continuación, dijo, entre otras cosas, que a los organizadores de la fiesta se les había

negado sistemáticamente la. posibilidad de celebrar el mitin en un sitio más cercano a Madrid, tras

muchos días de gestiones y visitas a fincas y parques.

«Dolores, bandera del PCE»

Bardem presentó después a los directores de cine italianos que se habían desplazado a Torrelodones,

Vittorio Dagliani y Francesco Masselli. Cuando José Luis «Zorro» interpretaba «Vientos del pueblo»,

comenzó de nuevo la tromba de agua. A los diez minutos, cuando aminoraba la intensidad del aguacero,

apareció Carrillo en el estrado. A través de megáfono portátil, primero, y por un sistema de megafonía

improvisado, después, justificó la ausencia de Dolores Ibárruri diciendo que «no queríamos exponer a

Dolores a ningún riesgo. La vida de ella es demasiado importante. En el viaje que hemos realizado en

helicóptero hemos estado a punto de sufrir un grave accidente. Dolores es nuestra gloria, una bandera que

todos los comunistas debemos guardar». Al final del acto uno de los guardaespaldas de Carrillo nos con-

firmó que ese accidente pudo ocurrir, porque, al tomar tierra, el helicóptero segó una bandera de alguno

de los militantes que rodeaban el aparato. «Hace falta —continuo Carrillo— que estas elecciones

supongan un triunfo para el Partido Comunista. Votar PCE es votar útil aunque haya algunos que digan

ahora que este voto es peligroso. Hay que conseguir entre treinta y cuarenta diputados en el Congreso que

garanticen una Constitución democrática al servicio del pueblo.» «Los sondeos de opinión —continuó

más adelante-se hacen según el cariz del medio, el periódico que las edita; no os fiéis de, ellas.»

Marcelino Camacho insistió en las palabras de éste y añadió que «votar comunista es votar a alguien que

no defrauda, que da cuentas de lo que hace, que no utiliza el sistema de emplear palabras de izquierdas en

una campaña y actuar con hechos dé derechas en el Congreso». Siguió después la fiesta, en la que Carrillo

había intervenido antes cantando, levantando el puño, arrojando claveles desde la tribuna, con la

actuación de Canzoneri Internazionali, Paola Pitágora, Melina Mercuri, Jules Dassin, que cerraron un acto

en el que, antes, habían estado presentes Víctor Manuel, Josele Román, Pablito Calvo, Ana Belén,

Concha Velasco y varios más. Mientras tanto, Antonio Gala, con su bastón inseparable, se paseaba entre

el público. Más de tres días de trabajo intenso invirtieron 8.000 militantes del Partido Comunista en

preparar la infraestructura del mitin celebrado el domingo en Torrelodo-nes. Carpas, puestos de venta de

comida, recuerdos, pegatinas. cerámica, banderas, instalación de altavoces, guardería, servicios

higiénicos, tiendas de campaña para acoger a los que pasaron las noches allí... Al final, la fuerte lluvia que

comenzó a caer el domingo por la mañana desmanteló y enrareció el ambiente. Las pérdidas del acto se

calculaban, a las doce de la mañana, en unos veinte millones de pesetas, tanto por las entradas que se

dejaron de cobrar como por los productos que no se vendieron o se estropearon (a las seis de la tarde

sobraban 100.000 barras de pan y cientos de barras de hielo). Aún así, miles dé vehículos, autobuses de

toda España e incluso de Portugal, trenes especiales repletos de personas que no.se resignaban a quedarse

sin su fiesta. A las once de la mañana, en la estación de Torrelodones, miembros del servicio de orden

avisaban que el mitin estaba suspendido y aconsejaban la vuelta a Madrid. Muchos hicieron caso. Otros

recorrieron a pie los tres o cuatro kilómetros que les separaban dé la finca. Una procesión continua pasó

ante las frases insultantes que miembros de Fuerza Nueva y Guerrilleros de Cristo Rey habían pintado en

la misma carretera la noche anterior. Se recomendó a los asistentes que no bajaran en grupos pequeños al

pueblo, pues se conocía la existencia de grupos de extrema derecha merodeando y militantes de Alianza

Popular que enseñaban sus banderas y pegatinas. Al llegar a la finca se encontraron con un servicio de

orden cansado y desmoralizado, que permitió el pasó a todos sin preocuparse del cobro de las entradas.

Aunque nadie creía que la fiesta se llegara a celebrar, porque ya se había avisado que el sistema de

megafonía estaba húmedo y podrían producirse cortocircuitos con peligro de electrocución, las 100.000

personas que se quedaron comenzaron a hacer surgir su propia fiesta. Los desniveles del terreno

impidieron la formación de ba-rro y eso facilitó las cosas. Todos los grupos políticos, nacionales y

extranjeros (Chile, Argentina, Guinea) y sociales (feministas, presos comunes, gays) vendían su

propaganda y se afanaban en sus mítines particulares; No hubo incidentes de ningún tipo. Se frieron miles

de chuletas, sardinas, se comía y se cantaba, mientras el tiempo parecía estabilizarse y las esperanzas

renacían, aunque el cielo permaneció cubierto de nubarrones y el frío era intenso. A las seis de la tarde,

una caravana de kilómetros dé coches, con banderas al viento, congestionarían durante casi tres horas la

N-IV.

 

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