Autor: LAWRENCE. 
   La manipulación por las encuestas     
 
 Arriba.    15/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA MANIPULACIÓN POR LAS ENCUESTAS

Un poco, en algún grado, estos resultados que hoy arrojen las urnas, se los vamos a deber —

también— o unas fórmulas «made in USA» que se llaman sondeos electorales, o encuestas de

opinión. En las últimas semanas, y con mayor abundancia en los últimos días, las encuestas

han sido casi tan abundantes como las promesas, como los «slogans», como mítines. Y han

tenido que colaborar, necesariamente, a la creación del ambiente en el mismo grado que los

anteriores fenómenos y elementos electorales.

Desde estas páginas se puso en alerta, antes de que la campaña electoral diese comienzo,

sobre la posibilidad de manipulación que ofrecían las encuestas de opinión, y se advirtió del

hecho de no haberse considerado este recurso en las normas electorales. Recuérdese que

este punto concreto figuraba entre los que la Comisión técnica electoral de la oposición hizo

llegar a la Presidencia del Gobierno, en orden a tener en cuenta para preparar las mencionadas

normas electorales. Pero no fue tenido en cuenta, y se dejó plena libertad a hacer uso de estos

por, centajes estimativos de la tendencia al voto. En un comentario más reciente se señalaba

también en estas páginas, la manipulación descarada que se advertía en la publicación de

algunas de tales encuestas. Es sabido que casi todas las opciones electorales se han hecho

elaborar —para su propio conocimiento y efectos, para enfocar de una u otra forma su

campaña— encuestas electorales. Y es sabido que estas opciones electorales únicamente han

dada a conocer aquellas encuestas que pudieran beneficiarles o que resultaban claramente

contrarias a las opciones rivales. La utilización del sondeo como arma salta, por tanto, a la

vista.

En los últimos días, a las mesas de las redacciones periodísticas, las encuestas ya han llegado

de dos en dos. Los expertos en esta asignatura se han visto invitados, una y otra

vez, a referirse al fenómeno, a su uso y abuso, registrándose una notable unanimidad en

señalar que es muy amplia la capacidad de error que contienen las encuestas nacionales. El

profesor Linz señalaba recientemente que una encuesta comienza a poder manipularse desde

el momento en que el encuesta-dor llega a uno de los domicilios elegidos —por cintíflcamente

que esté elegido ese domicilio y su inquilino, y por adiestrado que esté ese encuestador—.

Manipula el tono ae voz de quien pregunta, y la simpatía que ese tono de voz demuestra ante

cada uno de los «ítems» que plantea al entrevistado...

Pero la manipulación llega a extremos incalculables —pero enormemente más elevados que

esos «más-menos uno» que se Invocan— cuando se trota de un país escasamente culturizado

en materia política; cuando se trata de un pajs que no cuenta con antecedentes en materia de

encuestas; cuando se trata de un país que lleva cuarenta años sin acudir a unas urnas; cuando

llegan a alcanzarse índices superiores al cincuenta por ciento de indecisos incluso hasta tres

semanas antes de la fecha electoral...

En suma: desde aquí vuelve a alzarse una voz en favor de que se reconsidere la posibilidad de

controlar un poco más esta fórmula electoral que es el sondeo. El reciento ejemplo de Francia,

donde el Gobierno acaba de enviar al Parlamento un proyecto por el que se prohibiría la

publicación de encuestas en los siete últimos días de la campaña elec toral, pudiera ser un dato

a tener en cuenta. Con muchas probabilidades, van a estar en las próximas nuevas Cortes

varios de los técnicos de la oposición que abogaron por esta forma de control democrático de

las elecciones. Es ocasión propicia para que no olviden la lección de estas primeras elecciones.

LAWRENCE

 

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