Autor: Silva Muñoz, Federico (JUAN DE ESPAÑA). 
   Hacia un partido de masas democratacristiano     
 
 ABC.    28/02/1976.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

ABC. SÁBADO 28 DE FEBRERO DE 1976. PAG. 8.

VIDA POLÍTICA

HACIA UN PARTIDO DE MASAS DE CARÁCTER DEMOCRATACRISTIANO

En el curso de la Asamblea nacional, don Federico Silva Muñoz pronunció unas palabras sobre

«Planteamiento de futuro de Unión Democrática Española ante la actual situación política», de las que

reproducimos lo que sigue:

«Levanto mi voz en un momento especialmente importante de la vida contemporánea de nuestro país.

Creo que el primer deber que se impone a un político con responsabilidades de cualquier género en este

momento es el de clarificar y orientar a la opinión pública. Un deber de clarificación y de orientación que

exige, en primer término, decirles que Unión Democrática Española no está parada, que está

dinámicamente en trance de constituirse en un gran partido de masas de neto carácter demócratacristiano.

Estamos en trance de constituir un partido no testimonial, formado por unos pocos, con mayor o menor

brillante historia, sino un partido de masas; un partido en la legalidad, porque si hemos sufrido lo que

hemos sufrido en los tiempos anteriores, por respetarla y acatarla, estamos también dispuestos a acatarla

en el futuro. Ahora bien, que no se nos pida tampoco una aceptación a ciegas de un futuro estatuto de

asociaciones, si él no es capaz de recoger el espectro de las posibilidades políticas de nuestro país, pues la

historia de los últimos meses nos ha aleccionado, que esa aceptación del principio de legalidad no puede

ser ciego, sino, por el contrario, debe ser exigente con las circunstancias políticas de cada momento.

MANIFIESTO.—La Democracia Cristiana no ha tenido un manifiesto, como pudiera ser el que inspiró al

marxismo. Parte esta concepción de León XIII cuando decía: «Oponed asociaciones populares cristianas a

las socialistas: de vosotros depende que la Democracia sea cristiana; salid de las sacristías e id al pueblo.»

Se trataba de cristianizar la Democracia y recoser toda la tradición del socialcristianismo, que arranca con

la Encíclica «Rerum novarum» y que se prolonga después con los documentos pontificios emanados de

Pío XI y Pío XII. Ahora bien, hemos de reconocer que el término Democracia Cristiana, como tal, no

resulta, a juicio de muchos, adecuado. Es un término válido para entenderse internacionalmente; cuando

una persona dice que es socialista, no necesita más explicaciones: es un término vago, pero acuñado; lo

mismo sucede con el de demócratacristiano, y no ocurre igual con otras filiaciones políticas que, a veces

por autóctonas, y a veces, por demasiado localistas, carecen de esa cotización internacional.

Hecha esta puntualización, conviene ahora que nos adentremos en las paredes maestras del concepto

actual de la Democracia Cristiana:

La afirmación de la dignidad de la persona humana y la búsqueda de su máxima promoción, clave de su

filosofía personalista. Donde existe un problema que requiera solución, el Partido tiene una norma para su

búsqueda, decía el Partido Socialcristiano belga en 1945, con tantas resonancias con la doctrina del bien

posible. Unión Democrática Española, en su declaración de presencia y propósitos, dice terminantemente

que se considera necesario que los derechos y libertades de todos los españoles se desarrollen y

garanticen de acuerdo con los principios internacionales y europeos, partiendo del genuino sentido de

nuestra tradición histórica.

• ECONOMÍA DE MERCADO.—El principio de subsidiaridad. La Democracia Cristiana sostiene que

lo que el hombre o una comunidad intermedia pueden hacer correctamente, no debe ser asumido por una

organización mayor, aunque se trate del mismo Estado. Unión Democrática Española, ha declarado que la

empresa pública puede ejercer sus actividades en aquellos sectores en que exista el peligro o la realidad

de una situación monopolística estén desarrollados de una manera insuficiente o tensan carácter

estratégico o afecten a la seguridad del Estado

• CONTROL SOCIAL.—Los movimientos democristianos propugnan un control social por parte del

Estado, al servicio de la justicia social, que implica una socialización personalista y comunitaria que se

opondrá tanto a la estatización del proceso productivo, como a la admisión de una economía liberal

clásica. Unión Democrática Española ha dicho: Se defiende una economía de mercado debidamente

regulada por el Estado, en la que se aunen el impulso creador de la iniciativa privada, y las exigencias de

los trabajadores, de solidaridad y justicia social, mediante el pleno reconocimiento de todos sus derechos

sociales y económicos.

• PLURALISMO.—Del derecho de todo hombre a asociarse para fines lícitos y a manifestar libremente

sus opiniones, deducen los partidos democristianos que la comunidad política debe asentarle sobre el

pluralismo ideológico, debidamente canalizado en asociaciones o partidos políticas. Unión Democrática

Española ha afirmado que se propugna, dentro de un orden democrático, un sistema político

representativo y pluralista, equiparable a los que rigen en los países del mundo occidental.

• FEDERALISMO.—En política internacional, el pensamiento democratacristiano, al igual que

sostiene que el Estado no puede invadir una serie de comunidades infraestatales, argumenta con la

existencia de una comunidad humana universal, un federalismo europeísta, que suele caminar así de la

mano de la regionalización, de los viejos Estados nacionales. Sin embargo, en este punto es donde

tendremos que llevar a cabo unas mayores concreciones, porque en los anteriores, creo que está todo

suficientemente claro.

REGIONALIZACION.—Si el objetivo es hacer más rica la presencia de las peculiaridades de las

regiones, de cultivar más la libertad real de los pueblos y de las entidades naturales, en definitiva, pero

teniendo en cuenta que ese mayor grado de libertad sólo es posible cuando un gran Estado las ampara,

entonces no tenemos nada que objetar a ese planeamiento, y esa es, precisamente, una de las banderas de

U. D. E.; pero si lo que se intenta, hablando con claridad, si lo que se pretende es romper la unidad de

España, nos opondremos a ello con todas, absolutamente, todas nuestras fuerzas.

Ante estos problemas, nosotros sugerimos al país la fórmula de la regionalización, regionalización para

todos, no para unas pocas regiones muy importantes, y muy entrañables, donde este problema haya

podido tener una especial virulencia o sensibilidad. Regionalización que permita poner en manos de los

órganos legítimos de las regiones un poder económico y un poder administrativo, pero partiendo de la

base de que hay prerrogativas, facultades y esencias del Estado unitario que no pueden ser trasladadas en

modo alguno a unos supuestos Gobiernos regionales.

La unidad de España tampoco la hemos inventado nosotros. La unidad de España nace con los Reyes

Católicos, no con el Decreto de Nueva Planta de Felipe V, que implantó la centralización, y con la unidad

de España se crea un país del Renacimiento que es el ejemplo primero de la nueva invención política de la

Humanidad, que no está periclitado, ni mucho menos; con el Estado unitario España descubre América;

con el Estado unitario, España lleva el mensaje de la civilización al nuevo continente; con el Estado

unitario España mantiene unas ciertas posiciones políticas y religiosas; con el acierto o desacierto, o la

fortuna o infortunio que todos conocemos; con el Estado unitario, España forja una cultura de las

primeras de la Humanidad; con el Estado unitario, durante cuatro siglos, hemos vivido y convivido y

queremos seguir nuestra Historia.

ILUSIÓN.—Pienso que estos brotes de federalismo por el que se nos quiere hacer pasar y comulgar, son

producto de que se está negando al pueblo español una ilusión colectiva. Una ilusión colectiva que le

haga sentirse solidario de una empresa común; y, precisamente, cuando falta esa empresa común, es

cuando el pueblo español se disgrega y empieza con un examen o introspección de sus problemas, que

desemboca en un proceso degenerativo. Cierto que los ideales puramente materiales del desarrollo, de la

sociedad de consumo, de la elevación del nivel de vida, tienen un límite; y también es cierto, que después

de las experiencias de idealizar a la juventud de los años treinta para frustrarla, en una guerra universal, es

muy difícil presentar a las juventudes actuales unos planteamientos ideológicos análogos. No se trata de

eso. Yo condeno enérgicamente cualquier versión actual del fascismo.

Quisiera, por el contrario, en este momento, dirigirme a los jóvenes de Unión Democrática Española y, en

general, a toda la juventud de España, así como a muchos hombres maduros. Decirles que miren con

atención lo que nos puede esperar en el mundo actual, sobre todo, ante doscientos cincuenta millones de

seres humanos de nuestra estirpe. Ante ellos podría levantarse una gran empresa colectiva y comunitaria

que nos hiciera sentir el peso de la púrpura de la Historia, pero también la ilusión de nuestro futuro. ¿No

sería oportuno recordar que tenemos todos los mismos intereses o, al menos, un amplio espectro común,

para presentarnos en el mundo occidental, con una comunidad de pensamiento y una comunidad de

acción? No se trata de levantar banderas inviables, porque sabemos perfectamente dónde están los

poderes económicos y militares, pero sí sabemos que en el orden de la cultura y en el orden de la

cooperación económica y técnica tenemos un amplio camino que recorrer juntos para levantar ilusiones y

esperanzas.

PUEBLO ESPAÑOL.—No sería una empresa para disgregar, sino una empresa para unir. Recientemente,

me lo decían en Bruselas significadas personalidades del mundo comunitario y del mundo político

europeo: «No se dan cuenta de lo que tienen detrás de ustedes, en América.» Y eso nos lo decían unos

europeos a unos españoles, entre los que hay algunos llenos de papanatismo, que creen que no tenemos

nada que hacer ni esperar de Hispanoamérica. Sí; miremos hacia Europa, pero sólidamente asentados

sobre la perspectiva que nos ofrece la propia realidad de nuestra Historia y la propia realidad de nuestro

presente económico y técnico, todo ello, férreamente conectado al mundo hispanoamericano.

Unión Democrática Española está decidida a incorporarse a todo movimiento ideológico de orden

supranacional, coincididente con su ideología en esta hora de las grandes solidaridades mundiales y

europeas. En este camino de adaptación ideológica, de coincidencia política y de colaboración personal,

con los partidos democristianos y centristas europeos, creo que se halla empeñada Unión Democrática

Española pero que no quiere ofrecer al pueblo español la imagen de estar entregada a órdenes o

consignas, emanadas del exterior. Me parece que es consciente de que su fuerza, como la de todos los

partidos, reside en el apoyo que le preste el pueblo español, de manera que, si con sus votos y con su

afiliación obtiene la confianza del pueblo, es cuando se creerá en condiciones de poder sentirse

homologada y presentar al país una mercancía que no es de importación y que no se obliga a adquirir a

nadie, así como también se hallará en condiciones de no engañar a los demócratacristianos de otros

países, ofreciéndoles una credibilidad y adhesión en España de la que carecería como barruntamos que

sucede con otros grupos políticos de este país.

 

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