Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Fin de trayecto     
 
 El Alcázar.    15/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

FIN DE TRAYECTO

El Id Be noviembre de 1975 España se disponía a em-priteotfr el camino del futuro. Con el equipaje en la

adua-• ^ desestimando el itinerario previsto, ge inició aquel najé. Hoy llega a su punto de destino. Ya

puede hablarse m otra España. No digo mejor ni peor. Digo, simplemente, de otra España. La frontera

cronológica que nos separaba del futuro —determinada por la existencia de un hombre — nos separa

ahora del pasado. La distinción resulta importante, porque en el balance de deudas o haberes la

contabilidad no puede ser atribuida al administrador muerto.

Se ha hablado mucho, en estas horas de arribo a los andenes, del voto del miedo. ¿Qué es eso del voto del

miedo? Cada .cual ha votado lo que mejor ha creído. Dentro de unas horas sabremos a qué atenernos. En

materia de pronóstico creo haber sido el primero que, por escrito, atribuyó el triunfo electoral al

marxismo, sin distinción de partidos o de banderías porque, personalismos aparte aunque se hayan

impuesto, pronto veremos cómo lo que estuvo en juego fueron dos conceptos de la existencia; dos

ideologías; dos fórmulas para entender a España.

Nunca me engañé en esta materia y creo que en última instancia la dinámica de la campaña electoral

quedó signada por dos símbolos exclusivos: un grupo esgrimía la bandera española; otro, la bandera roja.

Dos conceptos. No hacia" falta escuchar los altavoces. Ni apenas interpretar los himnos y las canciones

que´ se lanzaban al aire confuso de este Madrid ajetreado y nervioso. Bastaba con mirar qué bandera se

alzaba. No había más que dos. No desdeño, ¡cómo iba a hacerlo!, las modestas y honradas banderas

falangistas o tradicíonalistas que acompañaron a la nacional y que esgrimieron unos hombres respetables.

El futuro es presente. Y al cabo, la primera sensación es que no ha triunfado un partido, ni una coalición.

Ha triunfado —y pronto lo veremos— un concepto de la existencia, del hombre y de la Patria. No es el

mejor para España. De eso si estoy seguro. España se escindirá en la loca almoneda de las autonomías o

autodeterminaciones y entonces, acaso, lo que en esta primera fiesta electoral fueron miñonas que

esgrimían conmovidas los símbolos que nos unieron, sean capaces de rescatar de en medio de la calle

aquel sentido exacto de la unidad, justo y liberador para convocar a todo un pueblo. Ese día, forzoso será

decirlo, habrá que mirar con nostalgia la lejana frontera que cruzamos en el primer viaje. Mirarla con

serenidad y con optimismo y saber que fuimos como unos alegres niños que siguieron alocadamente al

flautista sin comprender que el flautista les llevaba a la caverna. Ni más libres ni menos libres. Hombres

somos y con hombres vamos a entendernos, que dice Crispin. Ni votos de miedo, ni votos de regocijo. El

camino es difícil, áspero y duro. Pero, quiérase o no, estamos destinados a recorrerlo juntos.

Antonio IZQUIERDO

 

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