Especial elecciones. 
 Ejercer un derecho     
 
 Diario 16.    15/06/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Ejercer un derecho

Los españoles se han echado en masa a la calle con un patente deseo de votar y con todo el aire de ejercer

un derecho más que de cumplir un deber. Este alto nivel de participación es el primer rasgo característico

de la jornada electoral y viene a demostrar que la cacareada despolitización de los españoles era sólo una

actitud de autodefensa frente a la manipulación de la que se sabían víctimas. Ahora, por el contrario,

convencidos de que su voto era importante se han volcado con alegría y optimismo conscientes de estar

haciendo algo decisivo para el futuro de nuestra convivencia. Sin ningún triunfalismo se puede decir qué

este pueblo responde cuando vale la pena y no se siente estafado. En contrapunto de una jornada que,

sean cualesquiera los resultados, hay que considerar ya positiva, han sido los abundantes casos de falta de

papeletas y de urnas sin sellar que se han registrado en Madrid y en otros puntos. Nadie puede pensar que

sea casualidad el hecho de que los perjudicados sean precisamente los partidos de izquierda ni que estos

hechos se hayan producido, sobre todo, en barrios obreros. Y tampoco sorprende a nadie que los partidos

situados más a la derecha aparezcan, según las primeras informaciones, como responsables de estas

maniobras típicas de pucherazo. La apresurada conversión a la democracia de los vicedictadores de ayer

era sólo una operación oportunista que queda desmentida por estos actos. Esperemos, que los órganos

electorales actúen fulminantemente y sin contemplaciones. Que nadie oscurezca con sus zancadillas el

brillo de un día histórico. Al llegar, con las elecciones, al término de esta etapa de transición desde la

dictadura, es preciso reconocer el temple de todos los que han hecho posible esta revolución pacífica. En

primer lugar, el pueblo español, que ha dado muestras de madurez auténtica y que con su decidida

vocación democrática ha sido la clave de todo el proceso. El Rey, motor del cambio, sin cuya presencia el

avance hasta aquí habría sido imposible. El presidente Suárez ha sido por su parte el gran timonel del

tránsito y su audacia ha logrado superar obstáculos ante los que otros antes se habían estrellado. Los

partidos políticos, finalmente, tan denostados por el franquismo, han mostrado que saben poner los

intereses colectivos por encima de los suyos particulares. Sin, ellos tampoco estaríamos ahora donde

estamos.

 

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