Autor: Tusell, Javier. 
 Especial elecciones. La última experiencia. 
 Febrero 1936; elecciones del Frente Popular     
 
 Diario 16.    15/06/1977.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

10/ESPECIAL ELECCIONES

Miércoles 15-junio 77/DIARIOI6

La última experiencia

Febrero 1936; elecciones del Frente Popular

Javier Tussell

En el número 10 de "Historia 16", el historiador Javier Tussell publicó un trabajo sobre las elecciones de

1936, últimas elecciones legislativas celebradas en España, en las que obtuvo el triunfo el Frente Popular.

Reproducimos la parte que Tussell dedica a un análisis general de las elecciones del Frente Popular.

La trascendencia de la consulta electoral de febrero de 1936, cuyo aniversario conmemoramos en este

mes, difícilmente puede ser exagerada. Hay, en primer Jugar, una razón completamente obvia: a los pocos

meses las dos Españas que se habían enfrentado en las urnas con ocasión de estos comicios lo hicieron en

las trincheras, con las consecuencias que todos hemos sufrido. En segundo lugar, hay otro motivo, si se

quiere menos evidente, pero de una importancia incluso mayor. Fue en la segunda República cuando

España tuvo un régimen político semejante, aunque no idéntico, al de la Europa occidental democrática,

por lo que a la hora del restablecimiento de estas condiciones políticas tiene un enorme interés saber

cómo se comportaron los españoles en unas elecciones que por todos ellos fueron consideradas como un

asunto de vida o muerte.

Planteamiento general y campaña

La historia de la Segunda República Española transcurre a través de dos experiencias parlamentarias

fallidas. La segunda, la de les derechas, que lo fue mucho más, se puede decir que había concluido a

finales de 1935. Lo característico de los dos años precedentes había sido no tanto un ciego

reaccionarismo, como a veces se dice, sino mas bien una grave inestabilidad parlamentaria provocada por

la imposibilidad de .alianza gubernamental entre la CEDA católica y los radicales. La actitud de la

extrema derecha que, a la menor oportunidad, azuzaba el componente conservador de la CEDA y de la

izquierda que, con la revolución de octubre de 1934, rompió, de hecho, no sólo con las instituciones

republicanas sino con la misma democracia, fueron también factores importantes y a ellos se añadieron,

como remate final, los escándalos administrativos de ios radicales y la imposible comprensión entre el

presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, y el principal de los líderes del centro-derecha, Gil-

Robles. Por decisión del primero fue un Gobierno presidido por Pórtela Valladares quien convocó las

elecciones para el 16 de febrero de 1936, mientras qué el segundo inicial-mente dedicaba sus mayores

energías a combatirla. La situación de la izquierda era muy. otra: si Largo Caballero seguía manteniendo

una postura proclive, por su revolucionarismo, a las alianzas exclusivas con la extrema izquierda, por el

momento fue la tendencia representada por Azaña y Prieto la triunfante. Fueron ellos y no, el Partido

Comunista, como se ha dicho hasta no hace mucho tiempo. los grandes autores del Frente Popular, como

una alianza entre todos los sectores de izquierda, que ya hubieran querido poner en práctica, excluidos los

comunistas, en el año 1933. Esta diferencia en la situación relativa de las dos grandes tendencias políticas

explica, como es lógico, la divergencia a la hora de hacer las candidaturas. El Frente Popular empezó en

una fecha temprana la elaboración de las mismas, centralizó su confección en Madrid, en cuanto al

número de puestos que correspondía a cada partido, y logró que los casos de indisciplina fueran casi

inexistentes y, desde luego, irrelevantes en lo que respecta a la dispersión de voto. En cambio, las dere-

chas tuvieron problemas mucho más graves. En un primer momento la indignación de la CEDA pop el

hecho de que Alcalá Zamora no hubiera aceptado nombrar a Gil-Robles presidente del Consejo fue tal

que pudo parecer que sólo pactaría con la extrema derecha. Luego, muy lentamente, se llegó, en

definitiva, a pactar alianzas muy amplias, impuestas por la misma amplitud de las del adversario, y que

iban desde la extrema derecha tradicionalista a los republicanos de Maura y Lerroux. Quedaron, sin

embargo, marginados los falangistas, probablemente por la conciencia de su escasa implantación política.

Quizá, sin embargo, las mayores discusiones se produjeron como consecuencia de las relaciones entre las

fuerzas de derecha y el Gobierno. Pórtela Valladares intentaba desde su alto puesto construir un nuevo

partido centrista que sustituyera al partido radical, gravemente desprestigiado, Para ello contaba con los

resortes "del poder que siempre en las elecciones españolas han jugado un papel trascendental,

empleándolos, a modo de chantaje respecto al resto de las derechas; al mismo tiempo, en maniobra típica

de la vieja política, pactaba de manera clara (como sucedió en Lugo) o subrepticia (Cáceres) con las

izquierdas. Por muy indignante que esto pudiera ser, las derechas tuvieron que aceptar una alianza con el

Gobierno que se llevó a cabo cuando ya el Frente Popular había completado sus candidaturas. Aun a

pesar de ello Los casos, de indisciplina fueron muy frecuentes: mientras que el Frente Popular presentó

342 .candidatos, exactamente el mismo número que diputados podían ser elegidos por la mayoría; el

centro derecha presentó 569. Había casos (Segovia, Navarra...) en que esta pluralidad de candidaturas

indicaba un deseo de copar la representación parlamentaria; en otros (tres ;de las cuatro provincias

gallegas dos de las tres valencianas, País ´Vasco, Soria, Burgos, Cuenca y Córdoba) se debió simplemente

a la incapacidad de llegar a un acuerdo en cuanto a la atribución de puestos a cada tendencia.

La propaganda del Frente Popular resultó moderada, centrándose en "la recuperación de la República",

mientras que la de las derechas fue, aparte de imprecisa, maniquea y se resumió en uaa serie de dilemas o

slogans totalmente desafortunados: "Todo el poder para el jefe" (Gil-Robles) suponía poco menos que una

advocación a la Dictadura; "A por los trescientos" (diputados) era gramaticalmeate incorrecto y absurdo,

puesto que la CEDA ni siquiera presentaba tantos diputados; "Por Dios y por España" suponía un

clericalismo exacerbado; En estas condiciones y, de forma singular, debido a la defensa de la amnistía por

parte del Frente Popular, es lógico que los anarquistas no hicieran, como en 1933, campaña

abstencionista, en las elecciones.

Los resultados

Dado el apasionamiento con que se desarrolló la campaña y la posterior evolución de.los acontecimientos

no es extraño que los resultados de esta elección hayan sido muy discutidos hasta el punto de que

prácticamente en todos los libros sobre la guerra civil se ofrece una evaluación diferente. Lo cierto es, sin

embargo, que una estadística´ imparcial no es difícil de obtener. Los datos que se ofrecen aquí proceden

fundamental" mente de fuentes provinciales: bien los "Boletines Oficiales", en donde, según la ley

Electoral, debían publicarse los datos finales, o de la prensa cotidiana que ofrece los admitidos como

válidos por la Junta Provincial d e 1 Censo Electoral (estos datos fueron modificados con posterioridad en

algunos casos por las Cor-tes, quienes tenían en sus manos la decisión de la validez definitiva de los

mismos). La tarea de interpretar los resultados es difícil por las peculiaridades de la ley Electoral y por la

complicación de las alianzas producidas en la campaña. Conservando las denominaciones de las

candidaturas tal como se presentaron ante el elector, se. ha elaborado el cuadro adjunto del que se

desprende una primera conclusión en la que, por otra parte, han insistido muchos autores: los resultados

electorales significan casi un empate absoluto. La diferencia entre las candidaturas de derecha y

centroderecha y las del Frente Popular es de menos de un 1 por 100 del electorado. La victoria del Frente

Popular es indudable, pero ello no quiere decir que la mayoría absoluta de los españoles. ni siquiera la

mayoría absoluta de los votantes, se pronunciaron por el Frente Popular, porque, si se sumaran los votos

del centro con los de la derecha y las alianzas de centro y derecha el resultado hubiera favorecido a estas

últimas. El hacerlo sería, sin embargo, abusivo, porque en muchos aspectos los seguidores de Portela

Valladares y los nacionalistas vascos estaban más cerca del Frente Popular que, por ejemplo, de los

monárquicos, como se demostró luego, en la guerra civil. Esta primera impresión debe completarse con

un examen más profundo y pormenorizado. En primer lugar, hay que referirse al abstencionismo. Todos

los testigos presenciales señalan que el apasionamiento de la contienda se tradujo en un progreso

considerable de la participación, que las estadísticas confirman: se pasó de un 67,4 por 100 a un 72 por

100 de votantes, cifra esta última no muy elevada si se la compara con la de otros países europeos del

momento, pero que probablemente es la más alta que se dio nunca en cualquier elección española.

Como es lógico, un mapa de distribución del abstencionismo nos señalará que éste fue especialmente

grande en la periferia, y, sobre todo, en el triángulo anarquista de Cá-diz-Sevilla-Málaga, ea que el

porcentaje de votación sólo llegó al 55-60 por 100. En cambio, en cinco provincias de la meseta norte el

porcentaje de votantes superó el 76 por 100. Sin embargo, a pesar de que se haya mantenido en buena

medida el abstencionismo, tradicional de las zonas de influencia anarquista, una importante porción del

electorado adieto a estas doctrinas ha participado ahora en la elección, mientras que no lo hizo en 1933.

El hecho es especialmente visible en Málaga y Sevilla (capitales), en las que se pasó de un porcentaje de

un 50-55 por 100 de votantes a más del 90 por 100 (en las provincias respectivas el avance fue menor).

 

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