Autor: García San Miguel, Luis. 
   La demagogia cara y la lección del profesor     
 
 Diario 16.    21/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

La demagogia cara y la lección del profesor

La campaña se ha desarrollado, en lineas generales, en termines correctos, pero, en ocasiones, eon brotes

de demagogia que convendría haber eliminado.

No sé bien por qué "demagogia" suele hacerse acompaña- de "barata". Quizá porque no cueste nada

hacerla, darle a la lengua. Pero, tú se tuviera en cuenta no su formulación, sino su posible aplicación o

puesta en practica, deberíamos hablar más bien de demagogia "cara" que de demagogia barata. Esta

demagogia, a lo largo de la campaña, se ha centrado, principalmente, en las siguientes áreas: el retorno de

los emigrados, las pensiones de los jubilados, la educación gratuita y la retoma fiscal. Vayamos por

partes.

Sobre los emigradas se esté haciendo una prosa ternurista, que causaría la envidia de tes autores de

seriales radiofónicos- ¡Pobres emigrantes que tienen que abandonar el terruño e irse a ua país extraño sin

conocer la lengua! Bueno. Por de pronto habría que ver si, en igualdad de condiciones económicas, la

vida es más agradable en Vitigudino, pongamos por case, que en Frankfurt o en La Haya. A lo mejor

resulta que la cosa no es tan dramática y que, si les preguntaran a los emigrantes, eligirían Frankfurt.

Pero, aparte de eso, conviene tener en cuenta lo que constituye el dato fundamental del problema: los

países receptores ofrecen a los extranjeros condiciones de trabajo superiores a las de su propio *>aís (todo

incluido). Y, mientras esto ocurra, ¡a emigración es inevitable. No parece que haya más que dos

Luis G. San Miguel modos de cortarla (me refiero, claro está, a modos económicos y no policiales:

cerrando la frontera, cerno ocurre en los países comunistas, se acaba la emigración}: que los países

receptores dejen de ofrecer puestos de trabajo o bien que tos países de origen ofrezcan condiciones

similares a ías que los emigrantes encuentran en el extranjero. Mientras esto no ocurra, seguirá habiendo

emigración y, por supuesto, será bueno que la haya. Y sS no que se lo pregunten a los interesadas, que se

marchan masivamente porque, todo incluido, su situación es mejor fuera que dentro,

Por consiguiente, para acabar con la emigración nuestras Samantes partíaos (y no me refiero sólo a loa de

izquierdas porque los d« derechas hacen parecidas promesas) deberían ser capaces de crear vario*

millones de puestos de trabajo en condiciones semejantes a las que se dan en Alemania o en Holanda. Y

esto no parece fácil.

Se ha ofrecido también una pensión para los ancianos semejante al salario que perciben ios trabajadoras

en activo. Bueno. Yo no he echado cuentas, pero imagino que eso iba a costar una considerable partida de

millones. Quizá valiera la pena, pese a todo, ofrecer esas pensiones, pues, ciertamente, la medida «s justa.

Pero para hacerlo habría que reducir automáticamente las inversiones en otras áreas (transportes,

enseñanza, dotac i ó n de las Fuerzas Armadas, etc.). Y, claro está, habría que decirlo claramente. Habría

que decir que los jubilados iban a cobrar más, pero las carreteras, pongamos por ea.so, iban a tener más

baches.

Con la enseñanza gratuita eeur.e algo semejante; dar enseñaraa a todo el mundo y a todos los niveles

supone usa enorme inversión en edificios, salarios de los profesores, bibliotecas, etcétera. Y no se ve

claro de dónde pueden salir tanto* mflfones. A menos, insisto en «üo, >jee se «aquén de otros ¡renglones

del presupuesto.

Gat* está que sri lleva a cabo la necesaria reforma fiscal, el Estad» dispondrá de muehos milto-nes más.

Pera yo no sé .«i serían bastantes para sufragar las promesa» de los partidos. Aparte, claro está, de que

una reforma fiscal serla no es fácil de hacer. Lleva sur tiempo y teñe sus fallos. Creo que hay tm cierto

"luiscandeh´smo" «a bastantes políticos: quitemos el dinero a los ricas para dárselo a los pobre*. A lo

mejor resulta que lo 40* sacamos por ese procedi-miesf» M> es tanto como suponemos.

Si a las dificultades de la reforma fiscal afiadimo.s las que se derivan a una crisis económica que, a ío que

parece tardaremos varios años CE superar, concluiremos que las anteriores reivindicaciones, por muy

Justas que sean, no pueden alcanzarse de la noche a la mañana. Podemos avanzar en esa dirección, pero

tardaremos en llegar a la meta. Por ello debemos agradecerle al profesor Tierno que, en su última

aparición televisiva, no haya sucumbido a la fácil tentación de la demagogia cara, introduciendo una nota

de sensatez en una campaña, a veces, bastante desmadrada, y teniendo el valor de anunciar los sacrificios

que nos esperaa.

 

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