Autor: Crespo García, Pedro. 
   La derecha oficial     
 
 ABC.    10/06/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

MERIDIANO NACIONAL

La derecha oficial

ALIANZA.—El movimiento asociativo, esa maceta con pocos brotes y mustias realidades, ya está en

vías de cobrar fuerza y de presentar alguna flor. No ha sido Silva, que podría cristalizar una variante de

derecha, más o menos democrática y plenamente cristiana; ni tampoco Cantarero, que quizá se constituya

en ala izquierda de la derecha franquista, quien aporte el tónico. Y si puede serlo el grupo de la

«Alianza», el conglomerado de la Unión del Pueblo Español, al constituir el cuerpo de la derecha fuerte,

heredera directa de los hombres y las esencias del Régimen actual.

A los promotores de la Unión, que algunos ven como un espejo, salvando las distancias en el tiempo y en

el espacio políticos, de la que adoptó el «posgaullismo» les ha entrado una prisa inexcusable.

Seguramente no será hoy cuando presenten la oportuna documentación a la secretaría del Consejo

Nacional, pero quizá sí sea esta misma semana cuando esa nave amplia, en la que —según más de un

indicio— se embarcarán no pocos «anepas» y más de algún simpatizante o integrante de otras

proyectadas asociaciones, inicie su periplo.

Es, para muchos, el último cartucho —y por ello el cartucho decisivo— para que el Estatuto de

Asociaciones no quede en puro proyecto sin una posible amplia masa electoral. No será, en opinión de los

más —no debe ser—, el único camino del futuro. Pero si parece que, con la Unión, se constituye

seriamente el camino del posfranquismo, en vida de Franco.

GOBIERNO.—Para ello, algunos miembros del Gobierno—aunque no haya declaraciones oficiales al

respecto, podrían abandonar en breve su papel de elementos moderadores, pasando a la acción. Los

ministros, junto al cargo, alinean su propia personalidad, y el Gabinete Arias no parece dispuesto a perder

esta batalla por la torpeza de unos y al desinterés de los más. Se habla de cien mil firmas, de entrada, y no

resulta pretenciosa esta apreciación. Pisando a fondo el acelerador asociativo, con todo el octanaje posible

presionando los cilindros de la organización política del país, y todo el apoyo oficial permisible de cara al

próximo otoño, Unión del Pueblo Español puede haber conseguido configurar ese cuerpo de la derecha

cuyas alas «silvista» y «cantarerista» sirvan como elementos de un cierto —aunque estrecho—

pluralismo. Si no sucede así, habrá sido el sistema quien haya fracasado.

La izquierda, cuando llegue el momento, mostrará si su organización, hasta ahora sólo presentida, tiene el

ensamblaje y la altura necesarias. Y Fraga encontrará más delimitado el lugar que hubiera podido ocupar,

si las circunstancias lo hubieran permitido, y el que probablemente le aguarda para después del verano.

Ahora importa al país, tanto cuantificar el alcance real de la Unión como verificar las características de su

programa y su vocación de continuidad o de continuismo.

SOLUCIONES. Dos docenas de economistas de grueso calibre, de Leontieff a Galbraith, pasando por

Tinbergen, Mansholt, el tercermundista Semir Amin, el portugués Constancio y el galo Rocard, se han

reunido, a finales de la pasada semana, en Francia —en Surenne para más señas— convocados por aquel

partido Socialista, a fin de exponer las «respuestas socialistas a la crisis del capitalismo».

Las soluciones, según protagonistas del acontecimiento, han sido numerosas y congruentes. Hay

más de una para el momento. Falta sólo que alguna se pueda aplicar.—Pedro CRESPO.

 

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