Democracia Cristiana. 
 ¿Es posible la unidad?     
 
   17/01/1976.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 61. 

DEMOCRACIA CRISTIANA ¿ES POSIBLE LA UNIDAD?

Uno de los problemas clave que presenta el panorama político español en estos momentos consiste en

saber quién —o quiénes— ocupará el espacio político que va desde las fronteras del régimen hasta el

socialismo. De momento, y a la vista de las tendencias que se perfilan, resulta difícil pronosticar si este

espacio será ocupado por un gran conglomerado de grupos políticos o si, por el contrario, la D.C. querrá

jugar un papel autónomo en el proceso. En cualquier caso, cabría pronosticar que la democracia cristiana,

en cuanto familia política, tiene un importante papel a jugar ante un futuro democrático.

Sin querer mostrar preferencias hacia una u otra familia política, nuestra pretensión es contribuir a la

clarificación de un panorama que no está excesivamente despejado. Si esta semana comenzamos

analizando las posibilidades de unión entre las tendencias democristianas, en números sucesivos

esperamos ocuparnos de otras familias políticas, algunas de las cuales se ven afectadas igualmente por

divisiones.

Algún comentarista destacaba que las posibilidades de acercamiento entre los componentes de la familia

democristiana son ahora mayores que nunca. Tal vez sea así por lo que se refiere a la izquierda

democristiana de Ruiz-Giménez y a la Federación Popular Democrática de Gil-Robles. Pero existen otros

grupos, que se autotitulan democratacristianos, que parecen encontrarse con dificultades a la hora de ser

reconocidos, no sólo internacionalmente, sino también por la I.D.C., la F.P.D. y algunas agrupaciones

democristianas regionales. Este sería el caso de la Unión Demócrata Cristiana (que hoy y mañana celebra

su segundo encuentro en Zaragoza, donde, entre otras cosas, se discutirá la necesidad de integración de

todos los grupos y tendencias democratacristianos) y de la proyectada asociación llamada Unión

Democrática Española (U.D.E.), regentada por el ex ministro señor Silva Muñoz.

¿Cuáles son las posibilidades de acercamiento entre todas estas corrientes? Esta ha sido la base de las

preguntas que hemos dirigido a Fernando Álvarez de Miranda, vicepresidente de la Izquierda Demócrata

Cristiana; José María Gil-Robles (hijo), de la Federación Popular Democrática; Jesús Barros de Lis, de la

Unión Demócrata Cristiana, y José Luis Ruiz Navarro, miembro del colectivo Tácito. Igualmente, los

representantes de dos agrupaciones democristianas regionales, don Vicente Ruiz Monrábal, secretario

general de la Unió Democrática del País Valenciá, y don Antón Cañellas, de la Unión Democrática de

Catalunya, aportan su visión sobre el tema. No nos ha sido posible contactar con otro gran partido

regional democristiano, el Partido Nacionalista Vasco. En cuanto a U.D.E., que se autodefine como

democratacristiana, tampoco hemos podido recoger, en este número, los puntos de vista de sus dirigentes,

pese a haberlo intentado.

Conviene destacar, por último, que en el presente trabajo no se ha pretendido realizar una encuesta, sino

un informe, por lo que las preguntas a los representantes de cada grupo en muchas ocasiones no

coinciden.

BARROS DE LIS (U.D.C.): «EN UN PLAZO DE DOS AÑOS, LA UNION SERA INEVITABLE»

—¿Es posible que la D. C. se convierta en un sólo partido? ¿Sería esto gestable?

—El que la Democracia Cristiana se convierta en partido no es solamente posible, sino necesario.

Lógicamente, aún es pronto para señalar una estrategia interna, pero tiene que tratarse de un sólo partido,

que responda al papel importantísimo que corresponde a la D.C. para hacer posible la democracia en

España. Y dentro de ese partido tienen que caber todas las tendencias actuales: nosotros, la U.D.C.,

creemos pertenecer al centro, pensamos que en el futuro la base estará con ese planteamiento de centro.

En un plazo de dos años, la unión será inevitable. La propia presión de la base democristiana, las

necesidades de una campaña electoral, lo exigirán. A corto plazo, veo difícil la unión. Sobre todo por lo

que respecta a los grupos del equipo español integrado en la Unión Europea Demócrata Cristiana.

Básicamente, las dificultades para esta unión a corto plazo serían de cuatro tipos:

— Los personalismos. Algunas grandes figuras son incompatibles entre sí. Por ejemplo, Gil-Robles,

Ruiz-Giménez y Silva son tres grandes hombres de Estado, pero de muy difícil integración entre ellos. No

sólo porque Silva venga del sistema y Ruiz-Giménez de la oposición; también Gil-Robles y Ruiz-

Giménez son incompatibles entre sí.

— Por otra parte, cada grupo trata de conservar su personalidad, al menos hasta que se vea más claro el

panorama.

— Las opiniones están divididas en cuanto a la estrategia a seguir: ruptura o evolución.

— Finalmente, otro obstáculo para una integración consiste en que hay grupos democristianos

homologados internacionalmente a través de la fórmula del equipo español de la U.E.D.C. Esta es una

situación de monopolio, de la que estos grupos quieren seguir disfrutan-mologados internacionalmente a

trado, aunque sólo representen a un sector de la D.C. española, máxime cuando si de algo peca es de su

tendencia a la derecha; es, pues, un contrasentido el que sólo se reconozca al ala izquierda de la D.C.

española. Personalmente realizo gestiones para poner fin a esta situación, pero la maquinaria europea es

de lenta gestión. A esta lentitud contribuye además el que no hayamos tenido tiempo de plantear nuestros

puntos de vista en el extranjero, ya que U.D.E. no ha reivindicado su carácter democristiano hasta este

verano, y la U.D.C. no ha sido relanzada hasta el mes de julio pasado. En cualquier caso, actualmente no

tenemos especial interés en entrar en el equipo (aunque, formalmente, a la U.D.C. no le sería difícil

hacerlo), tal como el equipo está constituido hoy. Y ello porque el equipo está comprometido con la

ruptura y también porque en él no entra la D.D.E. Lo que sí pedimos es la posibilidad de hacer oír nuestra

voz en el ámbito internacional.

Creemos que la integración debería hacerse a través de pasos sucesivos, comenzando por una especie de

«pacto de caballeros» en virtud del cual cesasen los ataques mutuos. Una segunda etapa sería la creación

de un organismo oficioso para la comunicación y consulta entre los diversos grupos. Cabe señalar que la

U.D.E. está en muy buena disposición hacia nuestras propuestas, mientras que el equipo mantiene una

actitud negativa, actitud en la que, por un lado, se da la personalidad difícil de Gil-Robles, contrapesada

por la voluntad de cooperación de Ruiz-Giménez.

GIL-ROBLES Y GIL-DELGADO (F.P.D.): «HACIA UNA GRAN FEDERACIÓN D.C.»

—¿Cree que será posible, en un futuro no lejano, una unión de todas las tendencias democristianas

españolas?

—Como sabe usted, todos los partidos de ideología democristiana que existen en España, es decir, el

Partido Nacionalista Vasco, Unión Democrática de Cataluña, Federación Popular Democrática, Izquierda

Democrática y Unión Democrática del País Valenciano, coordinamos nuestra actuación en el Equipo del

Estado Español en la Unión Europea Demócrata Cristiana. Esta coordinación ha ido haciéndose cada vez

más estrecha y es probable que continúe incrementándose. Pero si por unión entiende usted la fusión total,

en un solo partido, le diré que no la veo probable ni deseable.

—¿Sería deseable tal unión?

—Ya he dicho que no la veo deseable, porque los democratacristianos no queremos un solo partido

unitario a nivel de todo el Estado español. Somos federalistas; queremos una federación de partidos

arraigados en cada uno de los países y regiones.

—¿Cuáles de las actuales agrupaciones que se autodenominan democratacristianas cree que podrían

integrarse en un partido de la D.C?.

—En una gran federación democratacristiana se integrarán en un momento muy próximo, quizá más de lo

que muchos creen, Federación Popular Democrática e Izquierda Democrática, con las organizaciones

autónomas que las integran, como es el caso de Federación Democrática Vasca. La coordinación con los

otros tres partidos del Equipo se irá incrementando, aunque por múltiples razones no es previsible que

todos ellos se integren en una estructura federal hasta que en el Estado español se dé una organización de

este mismo tipo.

—¿Rechazan ustedes, en cuanto F. P. D., la unión con fuerzas de la izquierda?

—Al hablar de unión en este caso supongo que se refiere usted a la colaboración en el seno de

plataformas o Juntas Democráticas. Nosotros no rechazamos la colaboración con ninguna fuerza

auténticamente democrática que luche por métodos pacíficos para establecer la democracia en España. Si

esta colaboración ha de revestir o no la fórmula de plataformas o alianzas, es una cuestión táctica que ha

de resolverse según consideraciones pragmáticas, no de principio. A título estrictamente personal puedo

decirle que creo que los organismos unitarios de la oposición, en las formas que conocemos, han sido

superados por las circunstancias, y que es necesario imaginar nuevos acuerdos. Pero, repito, esta es una

posición personal, no de partido.

FERNANDO ÁLVAREZ DE MIRANDA (IZQUIERDA DEMÓCRATACRISTIANA): «A PESAR

DE TODAS LAS DIFICULTADES, LA UNION ME PARECE POSIBLE Y NECESARIA»

—¿Cree necesaria y posible la unión de todas las tendencias democratacristianas en un único gran

partido?

—La unión de todas las tendencias democratacristianas es un gran partido me parece posible y necesaria,

a pesar de las dificultades que han de suponer notorios hechos diferenciales que las distinguen por su

localización geográfica o por su posición ante el régimen franquista.

—Esta unión, ¿incluiría a la U.D.E. y a la Unión Demócratacristiana?

—La inclusión de la U.D.E. en la gran federación D.C. no plantearía problema alguno si decidida y

públicamente optan por la vía de la democracia pluralista, aceptando los principios políticos, que son el

común denominador del equipo español de la Unión Europea Democratacristiana.

Respecto de la Unión Democratacristiana, creo que no existiría dificultad alguna, en su integración al

equipo, siempre que supere ciertos complejos centralistas y acabe con las fobias personales.

—¿Qué problemas ve usted para lograr la unión?

—El único problema serio es el que afecta a la homogeneidad de su identidad democrática, a la que unos

aspiran desde estructuras de poder de un régimen autoritario y otros pretenden conquistar desde la

participación popular, a veces incluso testimonial

—¿Cuáles son las relaciones actuales de la I.D.C. con los otros grupos D.C.?

—Las relacionas de la I.D.C. son fraternales con los otros grupos del equipo español en la U.E.D.C.;

cordiales con los Tácitos, FEDISA y algunos grupos regionales de la U.D.C. (como el de Zaragoza);

correctas con la U.D.E.

Todas estas relaciones son —sobre todo— intensas a escala personal, porque todavía, y a excepción del

equipo, no hay nada institucionalizado.

—¿Estaría la I.D.C. dispuesta a participar en una federación de grupos políticos, no sólo

democratacristianos, que pudieran ocupar el centro político del país?

—Desde luego que sí.

RUIZ NAVARRO (TÁCITO): «LAS "DIFERENTES TENDENCIAS" DE LA D.C: OBEDECEN

A POSTURAS PERSONALES»

—¿Se considera Tácito con una ideología democratacristiana?

—A mi Juicio; por los largos años que lleva funcionando Tácito, es indudable la preeminencia de esta

corriente democristiana en la mayoría de sus miembros. Ahora bien. Tácito, que no quiere ser un partido

más, sino que persigue, como ya ha quedado dicho, una integración superior de las corrientes ideológicas,

prefiere demostrar su espíritu democristiano en sus actos más que en sus palabras de propia calificación.

—¿Cree necesaria la unión de todas las tendencias democratacristianas en un gran partido?

—No sólo ahora; sino también en el pasado-político español había sido útil, por no decir necesario, que

las distintas tendencias democristianas hubieran actuado con unidad. Ciertamente, el poco amplio marco

jurídico constitucional y la más todavía estrecha interpretación que del mismo se hacía no favorecían

precisamente las agrupaciones de fuerzas disidentes del quehacer político oficial.

Hoy, aunque nuestra estructura normativa fundamental no ha variado formalmente, lo cierto es que el

nuevo entendimiento que de ella hace el actual Gobierno parece favorecer la existencia en un futuro de

partidos políticos. Para que la Democracia Cristiana (no nos gusta el nombre, pero sí su filosofía política)

pueda ser —y debe serlo— un gran partido es preciso, ineludible, que desde estos momentos se comience

a crear un esquema en el que estén todos los hombres —los de ayer, los de hoy y los no todavía conocidos

del mañana— que profesen esta ideología política.

—¿Qué dificultades ve para esa unión?

—Con independencia de las que se derivan objetivamente de una legislación cerrada y no idónea para

conseguir una estructuración política natural de la sociedad, existen, a mi juicio, otras que podríamos

denominar subjetivas.

Las llamadas «diferentes tendencias» de la Democracia Cristiana más que significar intepretaciones

distintas de una común filosofía política deseables en cualquier partido, en el que deben existir diferentes

alas, obedecen a posturas personales de sus líderes o jefes, que en la mayoría de los casos, por su

personalidad, su historia o su circunstancia, se irrogan, con indudable buena fe, posturas que no reflejan el

colectivo, más o menos grande, que se mueve en su entorno.

Situación esta que si pudo ser comprensible en una época en la que el «carisma» era denominador común

del ejercicio político, es injustificable en una sociedad en la que el «consensus» debe estar basado en una

libre participación. Al desaparecer el «modelo», el prototipo único en el que se ha asentado la vida

política española durante los últimos largos años, estamos seguros que estas posturas y protagonismos

personales dejarán de producirse, pues no podemos pensar en la falta de generosidad y patriotismo de

quienes hayan podido encarnarlas.

—Cuál es la relación actual de Tácito con otros grupos D. C. y en especial con el Equipo Demócrata

Cristiano?

—Tácito, que persigue una sociedad española organizada sobre las bases de una auténtica democracia

pluralista no puede dejar de tener buenas y constructivas relaciones con otros grupos D. C. Si a ello se une

que en este grupo existen personas cuya historia política está avalada por una línea de indudable espíritu

democristiano, es fácil comprender no sólo sus contactos, sino también sus deseos de aunar esfuerzos en

este caminar común.

Tácito espera que algún día, cuanto más próximo mejor, la homologación europea y mundial de la D. C.

coincida con la homologación verificada en las urnas por el pueblo español en favor de un gran partido de

esta tendencia

—¿Estaría Tácito dispuesto a participar en una federación de grupos políticos no sólo democristianos que

pudiera ocupar el centro político del país?

—El centro, si se quiere el centro izquierda, es el lugar político, a mi modo de ver, en el que por

naturaleza radica Tácito. Por esto no sólo está dispuesto a participar en una federación de grupos políticos

que puedan representar esta tendencia, sino cooperaría activamente —de hecho ya lo está haciendo— al

logro de esta finalidad.

Y ello porque piensa que teniendo en cuenta la realidad política actual de nuestro país quizá el único

camino que existe en estos momentos para evitar un desconcierto del sector sociológico, que lógicamente

puede apoyar este «contrísmo», es evitar una proliferación de partidos o grupos dentro de este marco,

mediante la creación de una federación de todos ellos. A medida que la experiencia democrática

del pueblo español, a la cual no está acostumbrado, porque no le han dado ocasión de ello, aumente y el

ejercicio de los derechos que de la misma se derivan, alcance su madurez, irá, con el mismo ritmo,

desapareciendo la razón de ser de esta agrupación federativa para dar paso al presumible gran partido

centrista, que habrá sido posible, precisamente, entre otros motivos, por la previa coincidencia en una

federación.

ANTÓN CAÑELLAS (UNION DEMOCRATICA DE CATALUNYA): «UNION EN LO

SUSTANCIAL Y AUTONOMÍA EN LO ESPECIFICO»

—¿Qué opina sobre una posible integración de los grupos democristianos?

—Los partidos D.C. —reconocidos por la Unión Europea y Unión Mundial Democratacristiana— forman

el equipo D.C. del Estado español, que constituye el colectivo de coordinación para la política general de

España y las relaciones internacionales. Estos partidos (Federación Popular Democrática, Izquierda

Democrática, Partido Nacionalista Vasco, Unión Democrática de Catalunya y Unió Democrática del País

Valencia, a los que pronto se añadirá la Unión Democrática Galega) son la expresión viva y real de la

configuración en diversos países que caracteriza a España; en este sentido, el equipo constituye un claro

ejemplo de unión en lo sustancial y autonomía en lo específico, ejemplo que ahora empieza a ser seguido

por otros sectores políticos, como el caso de los socialistas, agrupados en la Confederación. En este

sentido, creo que la cosa es clara y no ofrece problemas. Pero precisamente por ello no podemos olvidar

que existen grupos, personas de tendencias D.C., todavía no incorporadas al equipo. Evidentemente, este

es un hecho que no puede olvidarse y sobre el que debemos trabajar con el mejor espíritu de diálogo y

buena voluntad, a fin de que la cohesión de la opción D.C. alcance la mayor amplitud posible. El equipo y

los partidos que lo integran no constituyen un «coto cerrado», sino un planteamiento» abierto. Pero esta

apertura no puede con fundirse con la incoherencia en relación al planteamiento doctrinal y programático

D.C., y esto creo que es beneficioso para todos, porque la política responsable discurre forzosamente por

la claridad y concreción de las opiniones que, en nuestro caso, pasan por la consecuencia de una

democracia pluralista, parlamentaria y federal para España.

VICENTE RUIZ MORABAL (SECRETARIO GENERAL DE LA UNIO DEMOCRÁTICA DEL PAIS

VALENCIA): «EL PUEBLO VALENCIANO REQUIERE UNA ESTRUCTURA PROPIA»

—¿Qué posibilidades ve en una unión de todas las tendencias de la Democracia Cristiana?

—La unión de la DemocraciaCristiana en España es un hecho, ya que los cinco partidos tienen, la misma

ideología y coinciden en su estrategia. Los cinco se encuentran en el equipo del Estado español, en donde

se constatan dichas coincidencias en el plano teórico y en el táctico. Si por unión se entiende, sin

embargo, una única estructura de partido, de carácter centralista, que opta más por presentar un aspecto

formal que por responder a las necesidades de los pueblos de España, no sólo no existe dicho concepto,

sino que tampoco es deseable. No obstante, se aprecia entre los miembros una voluntad de coordinación

de carácter federal, en cuyo sentido la unidad no es una expectativa, sino una realidad actual.

—¿Qué problemas puede plantear la unión?

—En cuanto a los dos partidos que actúan a nivel de Estado español, parece que no hay problemas, por

cuanto existen contactos de fusión que podrán dar frutos en un tiempo inmediato En lo que respecta a los

otros tres partidos, no cabe hablar de problemas, pues su voluntad es responder a las necesidades de sus

respectivas comunidades regionales.

—¿No se ha pensado en una fusión de los dos partidos que actúan en comunidades hermanas, como son

Catalunya y el País Valenciano?

—Existen contactos permanentes entre ambos y una gran coordinación, pero no se puede hablar de

sustitución de uno por otro, porque el hecho diferencial del pueblo valenciano requiere una estructura

propia.

—En la actual coyuntura, ¿cuál es el papel de la D.C.?

— El planteamiento de la Unió Democrática coincide con el de los demás partidos hermanos, de estar en

una espera exigente y activa. No estorbar, pero tampoco colaborar, puesto que hasta el día de hoy sólo ha

habido un cambio de ambiente, pero ningún hecho o gesto que acredite o anuncie por la vía de las

acciones un desembocar en una actuación plenamente democrática.

—¿Puede haber unión o actuación conjunta con otros grupos de izquierda?

—La Unió Democrática forma parte del Consell Democratic del País Valenciá, es expresión unitaria de la

región, y también es miembro de la Plataforma de Convergencia Democrática, con voluntad de dejar de

pertenecer a esta última cuando los valencianos se planteen una presencia como tales en los organismos

unitarios del Estado español.

 

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