La lección de Vasconia y Cataluña     
 
 Diario 16.    06/11/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

La lección de Vasconia y Cataluña

El resultado de los referendos autonómicos supone, sin duda, un espaldarazo para la democracia española:

ha demostrado que, pese al inevitable desencanto, y pese a los esfuerzos de grupos ultrarradicales, una

mayoría de los pueblos vasco y catalán aún cree en la posibilidad de llegar a una convivencia pacífica,

basada en el respeto de las particularidades de regiones y nacionalidades. Parece que el largo contencioso

entre centro y periferia puede verse definitivamente resuelto.

El análisis de los resultados permite extraer conclusiones valiosas a tener en cuenta para el proceso aún

pendiente de desarrollo. Tanto en Euskadi como en Cataluña, el porcentaje de votos favorables ha sido

muy escasamente superior a la mitad del electorado (53,94 en el País Vasco; 52,32 en Cataluña) y en

alguna provincia, como Tarragona, inferior a la mitad. Y ello, en dos contextos en que existía una

tradición de autonomía convertida en la estrella de la atención de la prensa y la opinión pública.

Otras regiones tienen pendientes también referendos autonómicos. Pero, según la Constitución (y salvo el

caso de Galicia) si quieren llegar a cotas de autonomía similares a las de las nacionalidades «históricas»,

deben embarcarse en un proceso que requiere en cada provincia un referéndum inicial, donde la mayoría

de los electores den su aprobación previa. Tal es la vía que al parecer están dispuestas a tomar Valencia,

Andalucía y quizá Canarias, hasta el momento.

El ejemplo de los referendos catalán y vasco ha de ser muy tenido en cuenta, ante los indudables riesgos

que presenta en estas regiones la vía hacia la autonomía: pues es indudable el peligro de que en una o

varias provincias esa mayoría de electores necesaria no se manifieste a favor del proceso autonómico. Y

no tanto por abierta oposición al mismo como, simplemente, por la abrumadora tendencia hacia la

abstención electoral que es cada vez más patente.

Las consecuencias son evidentes. ¿Qué ocurriría si una, dos o tres provincias andaluzas no suministraran

esa mitad más uno de los votos favorables? ¿Qué ocurriría si en la mayoría de las provincias de una

región no tuviera éxito el referéndum autonómico?

No hace falta mucho esfuerzo para calibrar la frustración política que ello supondría, frustración que

podría enconar, más aún, viejas heridas, y que, sin duda, redundaría en un notorio desprestigio para todo

el sistema político español. El fracaso de cualquier proceso autonómico representaría además una notable

victoria para las fuerzas centralistas a ultranza, aún atrincheradas en muchos ámbitos del poder. Una

autonomía frívolamente planteada, sin tener en cuenta los condicionamientos de la realidad, puede

conducir a una derrota política de incalculables consecuencias, tanto en el ámbito regional como en el del

Estado.

Para evitar esto, basta con volver los ojos a la Constitución. Nuestra ley fundamental ofrece suficientes

caminos para obtener cotas autonómicas aceptables sin correr riesgos innecesarios. Le corresponde ahora

a la clase política de las diversas nacionalidades y regiones tener el valor de encararse con una situación

incómoda, y adoptar no la vía constitucional más atractiva, sino la más conveniente.

 

< Volver