Autor: Javaloyes Berenguer, José. 
 Declaraciones de José María de areilza a ABC. 
 El estatuto no está concebido como instrumento contrario a la unidad de España     
 
 ABC.    18/07/1979.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

ABC. MIÉRCOLES, 18 DE JULIO PE 1979. PAG. 19.

DECLARACIONES DE JOSÉ MARÍA DE AREILZA A ABC

«EL ESTATUTO NO ESTA CONCEBIDO COMO INSTRUMENTO CONTRARIO A LA UNIDAD

DE ESPAÑA»

• El presidente Suárez ha querido arriesgar en el juego su propia imagen de gobernante

• El problema vasco es un problema español

Jasé María de Areilza, diputado de Coalición Democrática y miembro de la Ponencia que ha entendido en

el seno de la Comisión Constitucional del tema del Estatuto vasco, ha hecho, con ocasión del acuerdo

logrado, las siguientes declaraciones a A B C:

—Entiendo que la jerarquía de 3a solución arbitrada para e] problema vasco, con el Estatuto, es

proporcional y directa a la del problema que intenta resolver. ¿Cómo situaría usted el problema vasco

entre los (que España tiene planteados en este momento?

—El problema vasco es uno cíe los más graves y conflictivos que tiene planteados este país. No entremos

ahora en su génesis, ni en la acumulación de errores que han llevado a la situación presente. El Estatuto

de Guernica es un proyecto de autonomía apoyado por los partidos preponderantes en la opinión vasca

actual. Trata de insertarse en la normativa constitucional. No está concebido como instrumento contrario

a la unidad de España. De su negociación en el seno de la Ponencia mixta, y ,en el relativo secreto de la

que tuvo lugar entre los parlamentarios vascos y los parlamentarios y expertos del partido gubernamental,

en la Moncloa, ha resultado un texto aceptable para casi todos los negociadores, que, en su día, puede ser

refrendado por una gran mayoría de votantes de las tres provincias. No puede afirmarse, alegremente, que

el Estatuto vaya a. resolver todos los problemas de Euskalherría, que requieren tiempo, paciencia, buen

Gobierno" local y coraje político. Pero sí puede decirse que con el Estatuto en funcionamiento e] País

Vasco tendrá un cauce para, abordar las soluciones necesarias y para decantar sus tendencias de opinión,

por encima de las tensiones autonómicas, propiamente dichas, hacia grupos de pensamiento homogéneo

con el resto de España,- lo cual facilitará grandemente la superación de muchos aspectos críticos de la

actualidad vasca.

—¿Qué género o que escala de riesgos entiende usted que se han asumido para conseguir el acuerdo sobre

el Estatuto?

—El Estatuto vasco tiene» algo de apuesta que se hace en una dirección y para el logro de un fin. En

algunos sectores de la política española, la autonomía vasca se mira con in disimulado recelo, por

suponérsele una intención peyorativa a su contenido y a su propósito. Pero con ese espíritu no había

negociación posible. Lo único que quedaba en el horizonte era la ruptura final con la violencia al fondo.

Cuando hablo de apuesta, quiero decir que se acepta la hipótesis de que los sectores moderados del

nacionalismo asumirán la responsabilidad de poder que les incumbe, dada su hegemónica condición

electoral. Y a partir de ahí, el País Vasco tendrá que ser gobernado y sacado del marasmo en que

actualmente se debate, con una política coherente y definida, al margen de la escalada demagógica. ¿Por

qué no suponer que ese plan es viable? ¿No son apuestas parecidas las opciones que se deciden en

cualquier Gobierno para superar en cualquier país problemas acuciantes en el plano económico, social o

internacional?

—¿No cree usted que el presidente Suárez ha comprometido en términos ¡poco menos que irreversibles,

si el Estatuto fracasara, su imagen de gobernante?

—Es evidente que al enfrentarse con el tema de un modo directo, el presidente del Gobierno ha querido

arriesgar en el juego su propia imagen de gobernante. Mi parecer es que ha sido un acierto el haberlo

hecho así. Era, probablemente, el único procedimiento para que se lograse un éxito rápido y definitivo en

la compleja negociación. Y para que el envenenado asunto desapareciera como tal de la mesa de las

decisiones ejecutivas y de las luchas parlamentarias, que no harían sino enconarlo más. El tiempo no

trabaja en un sentido unívoco. Hay ocasiones en que ayuda a resolver los problemas y otras en´ que los

convierte en irreversibles. No es cierto que los plazos largos sirven para enfriar las cuestiones. Muchas

veces son, por el contrario, períodos de calentamiento.

—¿Hasta dónde los llamados «derechos históricos» son menos tales derechos que referencia genérica a

un espíritu moral, forzosamente sensible al paso del tiempo y al cambio de las circunstancias de toda

índole?

—Los llamados «derechos históricos» son, en rigor, el espíritu foral del que son titulares Álava,

Guipúzcoa y Vizcaya desde tiempo inmemorial. El Estatuto es, en un aspecto, restitución de unos

derechos perdidos y arrebatados durante las contiendas civiles de España. El que esos derechos puedan en

un futuro articularse en otras fórmulas que sirvan mejor el interés de Vasconia y el de España es algo que

está presente en esa locución antigua que todavía se utiliza en Navarra y que se llama a mejorar el

Fuero».. Navarra «amejoró» recientemente la ley paccionada, modificando la- estructura del Parlamento

Foral. Y lo hizo en una negociación directa con el Gobierno del entonces vicepresidente de la Diputación

Foral. Es decir con perfecto sentido de pacto o concordia. Por eso, el Estatuto actual es también un

«arreglo» o amejoramiento» del Fuero. Y puede también colegirse que el último Fuero viene a ser la

Constitución y el Estatuto, que aquélla ha hecho posible.

—¿Será capaz el Estatuto de silenciar las metralletas en las Vascongadas?

—No me olvido que hay en el País Vasco un sector importante que ni acepta la Constitución ni votará el

Estatuto de Guernica. Y que mantiene una actitud de violencia armada frente a la situación actual. Ese

sector radical de la opinión vasca ha de quedar, en alguna medida, impactado por el funcionamiento de la

nueva carta autonómica, a la que forzosamente una gran mayoría abrirá un crédito de confianza. Cuanto

más eficaz sea el nuevo Gobierno autonómico y mayor capacidad demuestre para enfrentarse con los

problemas, mayores´ serán las probabilidades de que se vuelva a la paz y a las alternativas democráticas

del sufragio libre y de las libertades civiles en el agitado panorama de la Euzkadi de hoy, en el que —por

cierto— la gran mayoría numérica es democrática, liberal, cristiana y moderada.

—¿No han conseguido los nacionalistas vascos, de izquierda y de derecha, separarse del ánimo solidario

de las españoles, significándose como ajenos, en variable y matizada medida, al quehacer común?

—El problema vasco es un problema de España, un problema español. No es una cuestión heterogénea o

exótica. Está en el fundamento mismo de nuestra futura convivencia. Por una serie de circunstancias, lo

vasco ha venido a convertirse en arquetipo de una singularidad, que pone a prueba la filosofía del Estado

democrático que preconiza 1» Constitución. No comparto la opinión de quienes sostienen que el

patriotismo consiste en defender la centralización estatal a ultranza, doctrina foránea que nada tiene que

ver con la auténtica tradición española que respetaba la identidad de reinos, regiones y comarcas como

soporte variado de la llamada Monarquía católica. Pienso que la autonomía debe ser el camino hacia la

paz y la reconciliación, y deseo que mis paisanos, los vascos, cooperen de modo entusiasta y eminente en

las grandes tareas que tiene ante sí es» empresa común que llamamos España..—José JAVALOYES.

 

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