Con apluso y con reservas     
 
 ABC.    19/07/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

CON APLAUSO Y CON RESERVAS

Aprobado el texto del Estatuto Vasco en su primera y decisiva instancia —¡a correspondiente a

la ponencia de la Comisión Legislativa— no parece aventurado predecir que se logrará

confirmación aprobatoria en los trámites políticos y parlamentarios que restan. Damos, pues,

por ya logrado el importante Estatuto. Y consecuentes con la línea tradicional de pensamiento

de este periódico, acogemos el Estatuto Vasco con satisfacción, en tanto en cuanto resulte, de

su vigencia, respetada la unidad nacional de España, que es imperativo del artículo 2.° de la

Constitución —«indisoluble unidad de la Nación española, patria común e Indivisible»— y que

siempre fue ideal patriótico defendido en A B C. Y acogemos, igualmente, con reservas el

Estatuto sí en hipótesis que no quisiéramos ver confirmada jamás sirviera su texto para

justificar, de hecho o de derecho, una secesión inadmisible.

Ya no es momento de deplorar que la aprobación del Estatuto Vasco —problema número uno

de la democracia española— haya transcurrido por tan callados, tan poco públicos, cauces. La

representación de la soberanía nacional, residente en el pueblo español, según reza la

Constitución, se ha visto limitada a bastante menos que una normal discusión parlamentaria

abierta: ha sido constreñida, una vez más, al íntimo consenso de una ponencia de prolongadas

jornadas nocturnas en la que, por cierto, se han disuelto o evaporado los copiosos motivos de

desacuerdo o de enmiendas que presentaba al comienzo de las reuniones una parte, la parte

de UCD. Pero esto, decimos, es agua pasada, y si el final es bueno y positivo para España, por

bien pasada la tenemos.

Ahora recae, contemplado el asunto desde uno de sus ángulos de incidencia política más

directa, una enorme responsabilidad sobre el Partido Nacionalista Vasco. El PNV es la otra

gran parte del acuerdo. Y al PNV corresponde, desde la aprobación del Estatuto, demostrar la

autenticidad y la eficacia de la representación política que ostenta y defiende; no decimos —

quede claro— que sin legitimidad.

El Estatuto debería ser aprobado, en segunda instancia, por un referéndum en el País Vasco.

Este referéndum, a no dudarlo, será de resultado afirmativo. Ahora bien, debe realizarse en

condiciones de máxima credibilidad de cara al resto de España. Es decir, sin coacciones

«internas», con asistencia aceptable, en el porcentaje, de votantes. Aquí, en este punto, tendrá

que efectuar una movilización máxima el PNV.

Queda, en fin, la aprobación plenaria de las Cortes, que damos por conseguida.

Pero aun entonces estaremos en una posición inicial, de comienzo. Entonces, el PNV deberá,

contra viento y marea, contra la previsible galerna de los grupos «abertzales», contra la

ofensiva de los extremismos, imponer y mantener !a vigencia del Estatuto. Porque si el Estatuto

no se aplica y respeta, ¿qué/ se ha conseguido? ¿De qué logro político hablamos?

Deliberadamente, no hacemos alusión alguna a puntos o artículos concretos del texto

estatutario. Quédese, este empeño, si procede, para otra ocasión. Damos por cierta —con la

genérica salvedad apuntada al principio— que la correlación del Estatuto y el texto de la

Constitución es impecable.

Pero, eso sí, ni olvidamos, ni orillamos, ni arrinconamos, un tema tan medular para la

vertebración de España, aunque ahora se lancen las campanas al repique de un éxito político

del Gobierno, cuando ese éxito no tiene aún salida venturosa y probada.

Esperamos, pues, que también en política es la esperanza virtud, que el Estatuto Vasco sea

Instrumento de pacificación y resurgimiento para el País Vasco y sea, consiguientemente, baza

decisoria ganada para el porvenir que España merece y demanda. Pero no seríamos leales a

nuestra identidad histórica como periódico, ni cumpliríamos con honradez nuestro profesional

compromiso de opinión, si no dejásemos hoy constancia, en estas columnas, de muy

razonables reservas que nos vedan aplaudir, sin más ni más, de modo incauto, un Estatuto del

que pueden derivarse no pocos beneficios políticos nacionales, pero que no está exento, si no

se aplica correctamente o no se acata por la mayoría del pueblo vasco, de otras posibles

consecuencias indeseables para España.

 

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