Autor: Garrido, Ginés . 
   Balance de un sondeo     
 
 El País.    11/03/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 22. 

Balance de un sondeo

GINES GARRIDO Director de Sofemasa

La encuesta de Sofemasa fue realizada durante los días 19,20 y 21 de febrero, entre cinco y ocho días

antes de ser publicada, y entre ocho y diez días antes de la fecha en que se celebraron las elecciones

generales. Los datos se referían al estado de opinión de los españoles en los días en que se tomó la

información y, por tanto, su valor predictivo era, según puso EL PAÍS de relieve, limitado. Los resultados

de cualquier sondeo de opinión solamente pueden tomarse como directrices orientadoras de las decisiones

de los individuos, que al ser consultados en la encuesta manifiestan sus opiniones, pero no expresan

formalmente su voluntad política, que, obviamente, puede variar, entre otras cosas, como consecuencia de

los resultados de la propia encuesta. Aunque la muestra era de una gran precisión representativa desde el

punto de vista estadístico, tenía su correspondiente margen de error, al que luego se añadió el alto por-

centaje de personas que aún no habían definido su postura.

Entre el último día de la toma de datos (21 de febrero) y el día de la celebración de los comicios (1 de

marzo) tuvo lugar la última semana de la campaña y ocurrieron una serie de circunstancias que.

necesariamente, tuvieron que contribuir a modificar algunas opiniones y actitudes del electorado:

— La radicalización programática de los partidos políticos en los últimos días de la campaña.

— La presencia de los líderes más significativos de cada formación política en intervenciones directas

(mítines, radio, TVE, etcétera) solicitando el voto para su partido.

— La pérdida de matices dife-renciadores entre las distintas formaciones de los dos grandes bloques —

derecha/izquierda— y la polarización de sus programas. La imagen o percepción que el electorado tenga

de los distintos partidos es un punto de vital importancia en el momento de la decisión de voto.

— Dentro del espectro político español —derecha/izquierda— se presentan varias formaciones políticas

de menor entidad que al recibir votos de sus partidarios restan electorado a otras grandes formaciones;

esto tiene una extraordinaria importancia en el sistema electoral español, que aplica a los votos obtenidos

por cada partido el reparto de los escaños por el procedimiento de la ley D´Hont, favoreciendo a las

formaciones mayoritarias. Esto aumenta de manera notable la imprecisión del cálculo en la adjudicación

de los últimos escaños, que en algunos casos se inclina en favor de uno u otro partido por un escasísimo

margen de sufragios. Las propias elecciones lo ponen de relieve: ocho días después todavía existen dudas

sobre la distribución de varios escaños.

El sondeo Sofemasa, a escala nacional dio los resultados reflejados en el cuadro I.

La investigación medía, en principio, únicamente la abstención real. Es decir, el 11,4 % de las personas

entrevistadas, había decidido ya, a 8-10 días de las elecciones, no participar en ellas por las distintas

causas que se expli-citaron en su momento (EL PAÍS, 27-11-79, página veinte). A esta abstención real,

matizada por distintas razones, hay que añadir alguna parte de los que aún estaban indecisos a votar (y

que finalmente no ¡o hicieron) y también lo que sociológicamente se conoce como abstención técnica, es

decir, aquellas personas que estando decididas a votar no pueden hacerlo por causas ajenas a su voluntad

(errores censales, imposibilidad de voto por correo —caso de muchos emigrantes—, mal tiempo —

temporal de nieve y lluvia en algunas provincias norteñas, que obligó a aplazar la celebración de las

elecciones— y otras causas de última hora —enfermedades, accidentes, etcétera). Con los datos de la

propia encuesta podría deducirse, según EL PAÍS puso de relieve, que la abstención sería notablemente

mayor, aunque no probablemente tan elevada como resultó.

En el terreno de la intención de voto a un partido concreto, los datos del sondeo eran los que refleja el

cuadro II.

Parece que en el momento del voto el porcentaje dado a UCD por el sondeo se ha beneficiado de la mitad

de los indecisos (aproximadamente el 7,5 %), lo que coloca a UCD con un total de 35,7 % de votos, que

es exactamente la proporción que ha obtenido.

Se puede deducir que la otra mitad de los indecisos engrosaron las filas del abstencionismo y de los

pequeños partidos regionales o minoritarios en todas las provincias.

En el sondeo existía un 15,8% de encuestados que apareció como indeciso de su opción electoral. Estas

personas no habían dado ningún dato —ni de intención de voto, ni de asimilación de su tendencia

política— que facilitara la posibilidad de prever cuál sería su conducta electoral el día de la votación.

Los datos históricos españoles (a pesar de la gran dificultad que aún existe de estructurar mapas políticos

de electores en nuestro país) permitían conjeturar que, por lo menos, la mitad de esos indecisos (en su

mayoría electorado femenino y personas mayores, cuyo voto es tradicionalmen-te conservador) votaría

por inercia al partido gubernamental, repartiéndose el resto de los indecisos las demás opciones políticas

e, incluso, la abstención. Pero preferimos mantener el rigor estadístico de nuestra investigación, dejando

los datos tal y como se presentaban, a aplicar una teoría sociológicamente válida en el campo

especulativo, pero no demostrable estadísticamente. No obstante, la realidad parece haber confirmado la

bondad de la teoría sociológica.

Así, resulta que en trece provincias (Albacete, Alicante, Baleares, Castellón, Jaén, León, Lérida, Logroño,

Lugo, Málaga, Oviedo, Pontevedra y Ceuta) trece de los escaños que en principio se adjudicaron al PSOE

se repartieron del siguiente modo:

Ocho a UCD. Dos a PCE. Uno a CiU. Uno a CD. Uno a PSA.

En las provincias de Badajoz, Santa Cruz de Tenerife y Tarragona, tres escaños que, en principio, se

adjudicaron al PCE ,(PSUC) se reparten:

Uno al PSOE. Uno a UCD. Uno a CiU.

En las provincias de Cádiz, Córdoba, Gerona, otros tres escaños que en principio se adjudicaron a UCD

se reparten:

Uno a PSA. Uno a PSOE. Uno a CiU.

El análisis de los resultados provisionales pone de relieve que hubo en el sondeo Sofemasa un pleno

acierto en veintiséis provincias; en otras diecinueve hubo el deslizamiento de un escaño en favor de uno u

otro partido; en siete provincias el error ha sido mayor, dado el mayor número de diputados y/o partidos

presentados a las elecciones (por ejemplo, Barcelona, 33 diputados; veintinueve coaliciones electorales).

En cualquier caso, las hipótesis sobre el reparto de escaños, aplicando la ley d´Hont. no pretendían dar

más que lo que el ordenador daba, sin ninguna modificación (para que en todo momento se pudiera

demostrar que no se había modificado nada); ese reparto era desfavorable para UCD (trece escaños menos

de los obtenidos) y favorable para el PSOE (dieciocho escaños más de los que iba a tener). La explicación

que puede darse es que estarnos ante el fenómeno incierto resultante de la ley d´Hont; en efecto, el

máximo posible de escaños de UCD corresponde al mínimo del PSOE, y viceversa, con lo que estamos

para cada partillo ante una horquilla (UCD, 153-167; PSOE, 142-122), y la oscilación en numerosas pro-

vincias se resuelve por una pequeña porción de votos.

Nuestra encuesta fue realizada con el máximo rigor científico (sin olvidar que nuestra ciencia no es

exacta, sino especulativa y se ayuda del cálculo de probabilidades y la ley de los grandes números), y con

una honestidad fuera de toda discusión. Los tratamientos estadísticos se llevaron a cabo sin introducir

ninguna variable distorsionante, e invitamos a quien lo desee a repetir con nosotros el proceso y

comprobar nuestro trabajo. Por último, queremos declarar formalmente que EL PAÍS, financiador de la

encuesta, ha publicado los datos sin cambiar una coma, lo que también es fácilmente comprobable. Quien

públicamente ha declarado que Sofemasa o EL PAÍS han falseado los datos en su perjuicio tendrá que

estar en disposición de probarlo ante los tribunales; su declaración, además de demostrar completa

ignorancia sobre la ciencia de los sondeos, es difamatoria.

Además, al diario EL PAÍS hay que agradecerle otra cosa más: el impagable servicio de ofrecer una

información al lector para que conozca la estructura de las fuerzas políticas en la liza.

Algunos partidos minoritarios, que tanto han criticado nuestra encuesta y su publicación, no han

comprendido que era justamente su única oportunidad para «conocerse a sí mismos» y medir sus propias

fuerzas (siempre más débiles de lo que sus líderes reconocen).

Por último, queremos señalar que, a la vez que se publicaba nuestra encuesta, apareció otra en Diario 16,

patrocinada por varias entidades financieras e industriales, para la defensa de sus intereses económicos.

Hemos podido comprobar que la sociedad francesa que apareció en el periódico como realizadora no

existe en Francia, ni su domicilio, ni su teléfono, y tampoco está inscrita ni reconocida en ninguna de las

asociaciones francesas o europeas que acogen a los institutos de sondeos. Es falsa totalmente la existencia

de esta sociedad, como también es falso que algún instituto español de sondeos haya colaborado con

aquélla para hacer el trabajo de campo.

 

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