Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
 Escribe Augusto Assía. 
 La política y los españoles  :   
 Comentario en torno a una encuesta. 
 Ya.    18/02/1973.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

YA — Pág. 14

18-11-1973

INFORMACION NACIONAL

ESCRIBE AUGUSTO ASSIA

LA POLÍTICA Y LOS ESPAÑOLES

COMENTARIO EN TORNO A UNA ENCUESTA

Querido director:

Quizá haga de esto cuarenta y uno o cuarenta y dos años, quizá más o quizá algo menos, cuando, durante

uno de los entonces frecuentes disturbios irlandeses, "La Vanguardia" me mandó a Dublín. Era mi

primera visita a Irlanda y la primera mañana de esta visita, apenas me había puesto a escribir, entró en mi

habitación del hotel Gresham una pecosa y gárrula camarera que, sorprendida de mi acento y mí

continente, pues en aquella época la presencia de extranjeros en Irlanda era rarísima, se empeñó en

hilvanar conversación.

"¿De dónde es usted?", me preguntó, para interrogarse, con no disimulada mezcla de sorpresa y asombro,

"¿de Galicia?", al oír mi respuesta.

—Sí, de Galicia, ¿qué hay de extraño en ello?

—Es que de Galicia es de donde venimos los Irlandeses.

—¿Cómo lo sabe usted?

—Aquí eso lo saben hasta los pobres.

En Irlanda hace cuarenta años hasta los pobres sabían que los irlandeses vienen de Galicia, cosa un tanto

dudosa, pero ahora, a los cuarenta años, en España ni los ricos saben siquiera, según el Gallup publicado

por el periódico "Informaciones", cosas tan poco dudosas como si son apropiados o no los salarios que

ganan los españoles, si es buena o mala la política laboral del Gobierno, si están de acuerdo con la política

internacional que ahora mismo lleva a cabo España y otras cosas más o menos por el mismo estilo.

SIN OPINIÓN O SIN QUERER EXPRESARLA

A poco que la encuesta Gallup, que, según "Informaciones", está, realizada con el mismo "rigor

científico" que las otras encuestas que en Europa sirven hoy de Indicador social y político, se aproxime a

la realidad, resulta realmente Impresionante la cantidad de cosas que deben afectarle íntima y

profundamente, pero sobre las cuales el español de hoy no sabe, no tiene opinión o no quiere expresarla.

La casilla "No sabe" o "No tiene opinión" figura, es verdad, en todas las encuestas realizadas en Europa,

mas sólo es ocupada, en general, por una pequeña minoría pocas veces superior al 10 por 100 y que con

frecuencia, en algunos países, como Inglaterra, por ejemplo, incluye los inevitables extravagantes o, en

otros, como Alemania. los no menos inevitables escamados de la época nazi. Que la mayoría de los

preguntados conteste que "no saben" o cosas como la opinión que les merece el asunto de

Gibraltar, las relaciones con el Mercado Común, la apertura de España hacia la Europa comunista,

representa un caso curioso en el conjunto de las pulsaciones europeas sobre la opinión pública. En la

última encuesta alemana que yo he visto contestaban la pregunta de si están conformes o no con la

política del Gobierno: que sí el 47 por 100 y que no el 43 por 100. El diez contestaba "no sé" o "no tengo

opinión". Ahora mismo, en las encuestas sobre las elecciones francesas, anuncian que votarán por la

alianza de izquierdas entre el 44 y el 47 por 100, y a favor del Gobierno actual, entre el 38 y el 40. Que

no saben qué clase de Gobierno es el que quieren lo contestan en Francia entre el 5 y el 8 por 100. En

España, los que no saben la opinión que les merece la actuación del Gobierno que tienen equivale al 60

por 100 de los preguntados.

Excepto sobre la Seguridad Social, el fomento de los deportes y, curiosamente, la educación, los

españoles que no tienen opinión son muchos más que los que tienen opinión.

El 46 por 100 aprueba la Seguridad Social y el 43 por 100, repito curiosamente, aprueba la educación que

les es facilitada a los españoles, y digo curiosamente porque aprobar, en el estado licuescente en que se

encuentra, la educación de los españoles es como aprobar a "febrerillo loco". ¿Quién sabe cuál es el

tiempo de febrerillo y cuál debe ser la educación del españolito que va a nacer?

Un afectuoso saludo de su amigo y servidor.

INTERESAR A LOS ESPAÑOLES

Sobre todo lo demás, el español parece ser un arcano de ignorancias o indecisiones y la diferencia entre

mujeres y hombres, entre jóvenes y viejos, entre ricos y pobres, resulta en muchos aspectos menos que

notable.

La excepción es, por lo que a la diferencia entre ricos y pobres se refiere, que el 61 por 100 de entre los

preguntados de las clases bajas no exponen opinión alguna sobre la actuación del Gobierno, mientras que

sólo un 16 por 100 la desaprueba, y entre las clases altas, el 52 por 100 la desaprueba y sólo el 23 por 100

dice no tener opinión.

"Informaciones" dice—una sutil interpretación de sus hallazgos— que lo más curioso es la atonía o

indiferencia que los españoles muestran por el problema de Gibraltar, por las relaciones con el Mercado

Común o por la nueva "Ostpolitik" o por nuestras dificultades con Marruecos. Pero a mi humilde

entender, querido director, es igualmente curioso todo lo que la encuesta arroja y que, aparte lo que pueda

haber de indiferencia o atonía, a mi lo que me parece es que revela una manifiesta laguna y quizá una

alarmante laguna en el menester gubernamental dé interesar a los españoles en la cosa publica.

RECONOCIMIENTO FRENTE A DESPEGO

No voy a ser yo quien haga aquí ahora una apología de la política general que viene llevando a cabo el

Gobierno. El Gobierno tiene doctores, y hasta algunos que no son doctores, bien capaces de hacerlo. Pero

no es preciso ser un propagandista, y basta con ser un informador que se esfuerza por conseguir la

objetividad que le aconseja su ideología liberal, para reconocer que, por lo menos en algunos aspectos, la

política del Gobierno merecía, medida con cualquier patrón europeo, atención, aprobación, interés, o

hasta, si usted quiere, apasionamiento allí donde, según la encuesta, el español sólo pone tibieza y

despego.

¿Quién puede negar lo apropiado de la línea política en la cuestión de Gibraltar? ¿Puede haber

duda de que el establecimiento da velaciones con la Alemania oriental es un paso adelante sobre el

vituperio retórico alrededor del "muro de la vergüenza", en el que, la verdad, yo me encuentro ahora muy

contento de no haber participado nunca? ¿Nuestra acumulación de divisas no es más digna de nuestro

interés que la desvalidez de hace unos años?

Que el español, rico o pobre, mujer u hombre, obrero o empresario, viejo o joven (pero el joven todavía

más que el viejo) le vuelva la espalda con hastío, como indica la encuesta publicada por "Informaciones",

si indica algo, a una situación en principio estimulante no puede menos de producir desconcierto. En

cualquier otro país europeo, consecuciones y problemas como los nuestros apenas si podrían dejar de

encandilar y arrastrar a las gentes.

¿No podemos estar aquí ante lo que el Señor dijo de los tibios?, querido director, y ¿no habría que

empezar a tratar, sin perder mucho tiempo, un poco las cosas de la comunidad, en vez de a través de

filtros esterilizantes, por el método directo, vivo y controversial que el Jefe del Estado nos recomendó "a

todos" en su memorable alocución de fin de año? Los signos son que el Jefe del Estado puede tener razón

y no la tienen los partidarios del método remoto para que unos españoles comuniquemos con los otros y

nos comuniquemos nuestras inquietudes y nuestras esperanzas.

AUGUSTO ASSIA

 

< Volver