Encuesta. Los españoles ante la actuación del Gobierno. 
 La calidad de vida, preocupación de los españoles     
 
 Informaciones.    20/02/1973.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 21. 

Los españoles ante la actuación del Gobierno

LA CALIDAD DE VIDA, PREOCUPACIÓN DE LOS ESPAÑOLES EL PROBLEMA DE LA

VIVIENDA SE DETECTA CON CARÁCTER CONTROVERTIDO

•INCIPIENTE CONCIENCIACION RESPECTO AL MEDIO AMBIENTE VIVIENDA, urbanismo,

contaminación, seguridad civil, son los temas ambientales de calidad de vida que han sido detectados en

la opinión pública española por el sondeo recientemente realizado por la firma ICSA-Gallup. La política

urbanística y la seguridad civil de la población han obtenido un nivel de acuerdo mayor que los demás

puntos. El problema de la vivienda se revela como uno de los más controvertidos Y respecto al medio

ambiente, se descubre una primera toma de conciencia por parte de los españoles.

LA VIVIENDA, PROBLEMA PREDOMINANTEMENTE CUALITATIVO

El III Plan de Desarrollo prevé la construcción de 1.500.000 viviendas para el cuadrienio 1972-1975, lo

que supone una media de 1.000 viviendas diarias. Al finalizar él primer ano de este periodo se ha

interrogado a la población española sobre este acuciante problema. La respuesta ha sido uno de los datos

mas elocuentes de este sondeo ICSA-Gallup que estamos analizando.

Pese al fuerte porcentaje de abstenciones —cuya interpretación no puede derivar a falta de interés—, los

que se pronuncian lo hacen en términos altamente conflictivos. Un 31 por 100 aprueba de hecho la actual

política de viviendas, frente a un 27 por 100 que la desaprueba.

Desplegando este panorama de los números en la geografía española, nos encontramos en primer término

con un descontento más agudizado en zonas urbanas de mayor densidad. Las ciudades de mas de 250.000

habitantes son, en efecto, las que acusan con mayor agudeza este problema, pues el índice de los que se

expresan en términos negativos alcanza el 47 por 100, siendo las capitales de Madrid y Barcelona las que

revelan un mayor desasosiego.

con 49 y 52 por 100, respectivamente, a quienes no les satisface la actual política de la vivienda. La

concentración, el crecimiento demográfico y el movimiento migratorio explican en gran parte esta actitud,

que habría que especificar mas.

Se advierte asimismo que en focos urbanos de 50.000 a 100.000 habitantes —que vienen a corresponder a

numerosas capitales de provincia— la actitud de los ciudadanos es muy semejante a la de las grandes

ciudades de España que acabamos de señalar El persistente éxodo campesino confluye en estos centros,

que delatan una insatisfacción (34 por 100) ante este elemental problema del cobijo.

El problema cambia de aspecto —al menos cualitativamente— en las aglomeraciones comprendidas entre

los 100.000 y 250.000 Habitantes, esparcidos por algunas regiones de nuestro mapa peninsular: un 42 por

100 aparece como indiferente ante esta cuestión vital, 25 por 100 rechaza la actual política en este campo

y 33 por 100 la aprueba. A estos núcleos urbanos corresponderían ciudades como Sabadell y Tarrasa, en

Cataluña; Ávila, Gijón, Vigo, en el Norte, que acogen constantes aluviones de inmigrantes, con una alta

actividad de construcción de viviendas sociales; la población inmigrante encuentra con cierta facilidad

techo donde vivir. Resuelta esta primera necesidad, se explica su elevado absentismo o indiferencia ante

este problema, y también que el número dé los satisfechos sea mayor que el de los que no lo están.

El problema actual de la vivienda —aunque la erradicación del chabolismo no sea todavía una completa

realidad— ha cambiado notablemente en España. De una fase de exigencia cuantitativa, propia de los

años cincuenta, se paso a una segunda fase de carácter vegetativo en la década de los sesenta, para

satisfacer con urgencia la fuerte demanda de nuevos hogares, que coincide con el incremento del éxodo

rural y de la concentración en núcleos urbanos. Actualmente nos encontramos —los números nos lo están

indicando— en la fase de una exigencia cualitativa, en la que la vivienda está todavía más íntimamente

relacionada con una concepción nueva del urbanismo.

El análisis de los datos que manejamos a nivel de «status» socioeconómico es altamente revelador: son

las personas de la clase pudiente las más sensibilizadas con el problema de la vivienda —pese a tener

satisfechas sus necesidades en este aspecto— y las que se muestran mas descontentas ante la política de

este sector (50 por 100 se proclaman disconformes, frente a 30 que lo aprueban, con sólo 19

abstenciones). Compárense estos porcentajes con los estratos económicamente débiles: sólo un 20 por

100 de rechazos, 31 por 100 de aprobaciones y 49 por 100 de abstenciones. E3 reclamo de la clase

acomodada es posiblemente reflejo de esa fuerte exigencia de calidad en la vivienda, que se manifiesta —

en su debida proporción— en la clase media y que todavía no es acusada en la clase inferior.

Pero, mientras tanto, es la vivienda social la que está reclamando, por todos los indicios, una mayor

atención. Madrid y Barcelona, por ejemplo, abundan en viviendas de lujo sin alquilar, mientras el ritmo

de construcción de viviendas más asequibles a la población media y baja (en cuanto al «status» se refiere)

no acaba de responder a la fuerte demanda. Esto es lo que parecen indicarnos los números del sondeo.

Madrid, con sólo 19 por 100 de «silenciosos», se pronuncia en un 49 por 100 en contra de la actual

política de la vivienda y 32 por 100 de colocan a su favor. Barcelona es más radical: 52 por 100 dicen

ÑO, frente al 11 por 100 que dicen SI, con 38 abstenciones.

PLANIFICACIÓN URBANÍSTICA Y DE COMUNICACIONES

Es difícil prever que la mayoría de la población española —como la del mundo entero— vivirá pronto

concentrada en grandes mega polis. Pero el acelerado proceso de desruralización reviste en España

características alarmantes, dado que los grandes núcleos urbanos adolecen de una falta de planificación

para el desarrollo de las aglomeraciones humanas.

Pocos españoles se sienten ajenos a esta problemática, en la que, en mayor o menor escala, todos se ven

implicados. Las I Jornadas sobre el tema de la «Ciudad del año 2000» empiezan a ser un síntoma

esperanzador El hombre de la calle no permanece al margen de este conjunto de problemas que conlleva

la reforma del urbanismo: así lo delatan los resultados de la encuesta ICSA-Gallup que examinamos. Y al

emitir su opinión lo hacen para aprobar la actuación del Gobierno en esta materia: el 43 por 100 de

aprobaciones, frente al exiguo 13 por 100 de rechazos, es ya indicador de que la cuestión interesa y es

contemplada con optimismo.

El desglose de los datos no nos da nunca —en ninguno de los diversos sectores— una prevalencia de

descontentos sobre los satisfechos con la actual política de urbanismo, carreteras, transportes y

comunicaciones.

Como en casi todos los temas, también en este las mujeres y el estrato más inferior de nuestra sociedad

son los que acusan un mayor absentismo. Y sigue siendo la región Noroeste la menos sensibilizada, con

notable diferencia respecto a las demás. La región Norte (Asturias, Santander, Vasconia, Navarra y

Logroño) acusa una inquietud mayor que el resto del país en esta materia, con un 20 por 100 de rechazos,

porcentaje sólo superado por la ciudad de Barcelona (23 por 100).

Si el proceso de urbanización sigue desarrollándose al ritmo actual, en el año 2000 un 65 por 100 de la

población española vivirá en áreas metropolitanas regionales, según cálculos recientemente publicados. El

hecho de que sean las zonas más densamente pobladas y las que gozan de un más alto nivel de vida las

que delatan un mayor desasosiego nos indica que en estos sectores la población empieza a padecer los

colapsos de tráfico, la insalubridad de las «colmenas humanas», la ausencia de espacios verdes, etcétera.

La vieja ciudad española, cuyas estructuras piden una transformación profunda, ofrecen ancho campo a

los proyectistas de urbanización, de sistemas de transportes, de comunicaciones y de otros programas de

reforma urbana.

EL ENTORNO HUMANO

Si los ecólogos están en lo cierto, la Humanidad esta amenazada por una asfixia provocada por ella

misma.

¿Hasta qué punto ha calado en la opinión pública de España esta amenaza de la contaminación suicida?

Es evidente que todo este proceso viene condicionado por el desarrollo industrial y tecnológico, y que la

peligrosidad en nuestro país no alcanza índices tan altos como en otras naciones super desarrolladas. Sin

embargo, el deterioro del entorno ambiental se está haciendo, aquí también, evidente.

El sondeo que estamos analizando nos ofrece ya una forma incipiente de concienciación en esta

problemática. Un alto porcentaje (55 por 100) de españoles se exime de dar su opinión. Con todo, se

observa una sana preocupación en todo el ámbito nacional. La juventud —tal vez con más sentido de

futuro— se muestra en esto más realista y previsora ante los peligros del ritmo creciente de la

contaminación. Sus antenas han captado mejor las señales de alerta procedentes de la Conferencia de las

Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, celebrada en Estocolmo el pasado junio. El interés disminuye

con el aumento de los años y languidece en los niveles socioeconómicos medio y bajo. Como es natural,

el habitat influye no poco en crear esta sensibilidad ante el entorno humano: en los centros urbanos que

superan los 50.000 habitantes el porcentaje de los "sin opinión» desciende sensiblemente, llegando hasta

un 35 por 100 en las ciudades que sobrepasan los 250.000 habitantes. En estos mismos núcleos urbanos se

advierte ya una mentaliza-ción considerable, dado que toman posiciones para aplaudir lo que el Gobierno

ha comenzado a hacer en este campo vital, o para expresar su insatisfacción ante la necesidad que están

sintiendo. En todo caso, es en Madrid y Barcelona donde más se manifiesta, con caracteres más

conflictivos, esta inquietud. El catalán, más «callado» por lo general, se abstiene bastante de opinar, pero

los que lo hacen se expresan en términos negativos (27 por 100) como para reclamar urgentes medidas en

este problema, en el que —literalmente— «se juega la vida». En Madrid la ciudad más concienciada en

esta materia, predominan también los que no aprueban cuanto se va haciendo o proyectando en esta

materia: 44 por 100 no dan su asentimiento, mientras un 29 por 100 lo dan. Está latiendo aquí un clima de

exigencia para que sea reconocido por todos, ciudadanos y Gobierno, con un creciente sentido de

urgencia la previsión y solución de estos problemas vitales.

LA ELOCUENCIA DE UNAS CIFRAS

La escalada de la violencia se ha hecho evidente también en nuestro país. Secuestros, atracos, homicidios

robos..., están a la orden del día. Y es la delincuencia juvenil la que adquiere tonos de mayor dramatismo.

Ante esta realidad el español, se pronuncia para reclamar mayores garantías de la seguridad civil. No hay

curva conflictiva de opinión; es la acumulación del voto positivo de una inmensa mayoría (43 por 100)

que apoya una mejor dotación de la fuerzas de seguridad, frente a, un ínfimo9 por 100 que lo desaprueba.

Habría que analizar también en qué sentido esta minoría 10 rechaza, pues son los más jóvenes los que

más «peros» plantean.

Si prescindimos de la región Noroeste —siempre con síntomas de mayor «hipotensión»— las zonas de

España más absentistas en esta materia son la Norte (con las provincias vascas incluidas) y la Noreste

(con Cataluña y Aragón) Sin embargo, en esta última se muestran más satisfechos de la política actual en

favor del orden público.

La violencia social tiene una incidencia mayor en los núcleos urbanos más densos. De aquí que sean las

ciudades más populosas las que dan un SI más grande a cuanto se nace por proteger a la población, velar

por el orden público, evitar que la injusticia y el delito vayan «in crescendo».

El estrato más inferior de la sociedad muestra, con su absentismo, una ausencia de mentalización en esta

materia.

 

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