Despedida oficial en Barajas  :   
 Cordiales palabras: del Presidente Frondizi y del Jefe del estado español. 
 ABC.    12/07/1960.  Página: 26-27. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

ABC. MARTES 12 DE JULIO DE 1960. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 26

DESPEDIDA OFICIAL EN BARAJAS

Cordiales palabras del Presidente Frondizi y del Jefe del Estado español

Numerosas personas acudieron al aeropuerto de Barajas a despedir al presidente de la Argentina, doctor

Frondizi, que realiza el viaje en un "Comet L.V.A H. R.", acompañado por su señora y componentes del

séquito. Las salvas de ordenanza dedicadas al presidente argentino se confundieron, con el ruido de los

reactores del "Comet4", pintado de color azul y blanco, como la bandera del país hermano.

Poco antes, a las once y cinco de la noche llegaron al aeropuerto de Barajas el Jefe del Estado argentino y

el Generalísimo Franco. En otros coches iban doña Carmen Polo de Franco y la señora de Frondizi; los

jefes y segundos jefes de las Casas Militar y Civil del Caudillo, teniente general Asensio y general

Laviña, conde de Casa de Loja y D. Fernando Fuertes de Villavicencio, respectivamente.

Ya se hallaban en el aeropuerto los miembros del Gobierno: ministros de Asuntos Exteriores, Sr.

Castiella; de justicia, señor Iturmendi; de Gobernación, Sr. Alonso Vega; de Ejército, teniente general

Barroso; de Marina, almirante Abárzuza; de Aire, teniente general Rodríguez y Díaz de Lecea; de

Hacienda, Sr. Navarro Rubio; de Obras Públicas, Sr. Vigón; de Agricultura, señor Cánovas;: de

Comercio, Sr. Ullastres; de Industria, Sr. Planell; de Educación Nacional, Sr. Rubio; de Trabajo, Sr. Sanz

Orrio; de Información y Turismo, Sr. Arias Salgado; subsecretario de la Presidencia, señor Carrero

Blanco; secretario general del Movimiento, Sr. Solis Ruiz, y de la Vivienda, Sr. Sánchez Arjona. También

se hallaban el presidente del Consejo del Reino y de las Cortes Españolas, D. Esteban Bilbao, y los

consejeros del Reino, Sres. Royo Villanova, marqués de Dávila, Crespo Alvarez y almirante Bastarreche;

la Mesa de las Cortes, compuesta por D. José Félix de Lequeriqa, marqués de la Valdavia y D. Antonio

Pagoaga; alcalde de Madrid, conde de Mayalde; directores generales de la Guardia Civil, teniente general

Alcubilla ; de Seguridad, don Carlos Arias; gobernador civil, señor Aramburu, y representaciones de los

Altos Tribunales de Justicia y jefes de las Jurisdiciones de los Ejércjtos de Tierra, Mar y Aire.

Al descender del automóvil ambos Jefes de Estado, fueron cumplimentados por el ministro del Aire,

teniente general Rodríguez y Díaz de Lecea; el capitán general de la Región, teniente general Rodrigo, y

el jefe de la Región Central Aérea, teniente general Castro Garnica, en unión de los cuales pasaron revista

a las Fuerzas Aéreas que rendían honores, mientras eran interpretados los Himnos nacionales argentino y

español. Terminada la revista, Franco y Frondizi se dirigieron al lugar donde se hallaban los miembros

del Gobierno,, y el presidente argentino se despidió de todos ellos, estrechando la mano de cada uno. Lo

mismo hizo con las demás representaciones de las Cortes, Consejo del Reino y Corporaciones.

También la señora de Frondizi, acompañada por doña Carmen Polo de Franco, fue despidiéndose de las

señoras de los ministros y de los miembros del Gobierno y demás autoridades y personalidades.

Una vez efectuadas estas despedidas, el Generalísimo Franco y el presidente Frondizi se dirigieron a los

micrófonos instalados en el campo de Barajas y pronunciaron los siguientes discursos de despedida:

Palabras del Presidente argentino

"Excelentísimo señor: Antes de emprender viaje a mi Patria, quiero reiterar a Su Excelencia, al Gobierno

y al pueblo de España mí más profundo agradecimiento por las cordiales atenciones de que hemos sido

objeto.

Hace varios siglos salió de España la empresa descubridora; después, de España salió también la empresa

de la conquista y de la colonización, y hoy, a ciento cincuenta años de, la iniciación del proceso de la

emancipación americana, un Presidente argentino ha venido aquí, a vuestra tierra, a esta tierra gloriosa de

España, a decirles que aquellos hijos de la América que fueron concebidos por ustedes como una gran

esperanza para el género humano mantienen en la plenitud de su significado el gran mensaje que España

llevó un día a las tierras vírgenes de América.

Yo no podría, excelentísimo señor, irme desde esta tierra de España, desde este Madrid que nos ha

acogida como si fuéramos hijos de la propia ciudad, sin decir la honda emoción que he sentido como

Presidente de la nación argentina cuando el 9 de Julio, junto al Jefe del Estado español, he revistado

vuestras tropas, y entre esas tropas estaban las dos banderas: la bandera de España en las manos de un

oficial de vuestras fuerzas, y la bandera argentina en las manos de un oficial de las Fuerzas Armadas de

mi Patria.

Cuando yo vi flamear esas dos banderas juntas en esa mañana luminosa de Madrid comprendí que aquel

proceso de la emancipación americana había significado definitivamente la unión de nuestros pueblos: un

pueblo viejo de esta vieja Europa, aunque pueblo siempre joven, al lado de un hijo joven, pero que tiene

la herencia de un pueblo viejo como el pueblo español.

No quiero irme tampoco desde aquí, desde Madrid, excelentísimo señor, sin agradecer al Gobierno de

España y al Municipio de Madrid ave se haya decidido erigir aquí una estatua a nuestro libertador,

nuestro gran capitán de los Andes, el general José San Martín. Cuando el otro día pusimos allí la piedra

fundamental de lo que será el monumento de nuestro jefe el general San Martín, ese monumento que

estará allí, frente a la Ciudad Universitaria para que las jóvenes generaciones de vuestra patria vean la

figura de ese hombre, debéis pensar que San Martín es descendiente de españoles, que llegó un día allá, a

la orilla del rio Uruguay, en nuestra patria; que nació allá en un pequeño pueblo; que creció a la sombra

de aquellos árboles de nuestras tierras, quemado por el sol americano, pero que después vino aquí, a la

patria de sus mayores, y aquí aprendió a desenvainar su espada para luchar per la causa de España, aquí

aprendió la leyes de la guerra y qué un día iría a América para encarnar el símbolo de lo que nosotros

seríamos en nuestra emancipación americana. Por eso, cuando la estatua de San Martín esté levantada,

cualquier español que pase frente a esa estatua podrá decir: este hombre, que peleó por España aquí y

peleó también, por la causa de América allá, simboliza una definición inmortal que nosotros mantenemos

cuando dijo; "Mi causa es la cansa del género humano."

Excelentísimo señor: Todo en este viaje ha desbordado de cordialidad, pero en esta hora de la despedida

de España quiero decirles que, por encima de cualquier contingencia, el pueblo argentino es amigo del

pueblo español, y que en la hora en que debemos partir por encima del océano para ir a cumplir nuestros

deberes cuando el estremecimiento de la emoción anuda la garganta, este americano se limita a decir:´

"¡Viva España!".

Discurso del Jefe del Estado español

El Generalísimo Franco contestó con las siguientes palabras;

"Señor Presidente: Muy pocas palabras, porque las palabras sobran cuando la emoción reina y los hechos

viven. Vuestra presencia aquí es el abrazo de las Américas con España. Vuestra presencia aquí no llega de

lejos, porque recibimos a la nación argentina como cosa propia.

Habéis dicho bien: nuestros héroes son vuestros héroes y vuestros héroes son también nuestros héroes.

Nos enorgullecemos de ellos por su estirpe española, por su colaboración unida a la vida de España, por

todo lo que significa el hablar una lengua, llevar una sangre y rezar a un mismo Dios. Estos actos que nos

unen, éstos lazos que nos unen y que se han mantenido a través de generaciones por la marcha de nuestros

emigrantes buscando el sol de las tierras argentinas, los sentimos, todos los españoles y los siente Madrid

como lo ha demostrado en el recibimiento que os ha hecho y en las aclamaciones que ha tenido para

vuestra patria y vuestra nación. Nosotros no olvidamos que la Argentina ha sido siempre la hermana en

todas las horas y en todos los momentos. No importan las vicisitudes que hayan pasado nuestros pueblos.

Ha existido siempre la amistad de la Argentina, el abrazo argentino, el sentimiento español, el sentimiento

hispánico que une a todos los pueblos de nuestra raza con la madre patria, con el viejo solar.

Nosotros nos enorgullecemos de la Argentina, nosotros vemos en la Argentina los sueños que siempre

tuvimos cuando nuestros conquistadores, cuando nuestros frailes iban con la bandera, y con la cruz a

predicar por aquellas tierras el Evangelio. Vemos que aquel hecho grandioso, que aquellos hechos

religiosos que Dios tenía reservados a la Patria española, tenían una dimensión mucho mayor, como

veremos dentro de unos años, cuando esté en plenitud la producción de vuestras tierras y el cerebro de

Vuestros hijos. Entonces veremos lo que es la nación argentina y cómo se cumplirán los sueños de

aquella Reina Católica que no trataba de conquistar las tierras ni traer riquezas, sino de llevar la ley de

Dios y la verdad a las tierras de América.

Llevad, por tanto, señor Presidente, al pueblo argentino, los mejores sentimientos de nuestra nación y

llevad también el abrazo del pueblo español al pueblo argentino."

Al terminar los discursos, ambos Jefes de Estado se dieron un abrazo muy efusivo y seguidamente se

dirigieron al lugar, donde estaba emplazado el avión. Al pie de la escalerilla de éste se hallaban formados

los pilotos de las líneas aéreas de servicio en el aeropuerto y las azafatas.

Al llegar a dicho punto, nuevamente se abrazaron el Generalísimo Franco y el Presidente Frondizi, y

también se despidieron con gran efusión doña Carmen Polo de Franco y la señora de Frondizi. Ya en la

escalerilla de acceso al aparato, todos los allí presentes prorrumpieron en grandes aplausos, a los que

contestaba el doctor Frondizi con la mano y dando señales de gran emoción. Minutos después despegaba

el avión camino de Buenos Aires.

El Jefe del Estado español y su esposa fueron despedidos efusivamente por el Gobierno y las autoridades,

así como por el numeroso público estacionado en el aeropuerto. También había público a lo largo de la

carretera de Barajas y en las calles del recorrido, que hicieron objeto al Caudillo de vivas muestras de

simpatía y afecto

 

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