Autor: Piñeiro Fernández, Serafín. 
   Atención a la pequeña y mediana empresa     
 
 Ya.    02/08/1977.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

ATENCIÓN A LA PEQUEÑA Y MEDIANA EMPRESA

Serafín PIÑEIRO FERNANDEZ

Atención a la pequeña y mediana empresa

DESPUÉS del 15 de Junio, la democracia. El país, pues, está dando los primeros pasos de una nueva

etapa político-social que, inevitablemente, tiene que reflejarse en el campo económico. Los programas de

los partidos políticos, que en líneas generales se airearon da forma poco precisa y rigurosa, se encuadran,

no obstante, dentro de coordenadas económicas próximas, a pesar de las críticas que se están haciendo al

que ha configurado recientemente el Gobierno. Entiendo, y parece lo más lógico, que éste haya tenido

muy en cuenta aspectos importantes de los programas de otros partidos, pues en la superación de la

delicada situación económica actual tenemos que intervenir todos, y ello requiere, al menos en lo

fundamental, un mínimo de entendimiento. Si no ha sido así, malo.

SUPERAR la crisis es, sin duda, la gran tarea nacional. La creación del Ministerio de Economía, con la

función básica de coordinar la política económica y que constituyó la decisión innovadora más

sobresaliente de la reciente reestructuración administrativa, es una buena prueba de ello.

LA crisis alcanza, salvo muy contadas excepciones, a todo el cuerpo económico nacional y afecta con

intensidad variable, pero en cualquier caso importante, a la mayoría de los sectores.

EL mundo empresarial, en especial el de las pequeñas y medianas empresas (PME), después de un

período depresivo intenso, que continúa por desgracia, está, en el umbral, así queremos verlo, de otro

periodo de signo contrario con condicionamientos operativos necesariamente distintos a los imperantes

hasta ahora. La creación y puesta en marcha del Instituto de la Pequeña y Mediana Empresa y los buenos

deseos que se desprenden, para esta importante parcela empresarial, de1 programa anunciado

recientemente por el Gobierno, nos invitan a pensar de esta forma.

SOSLAYANDO delibeladamente cualquier consideración política sotare la conveniencia o no de un

determinado sistema empresarial, es decisivo tener muy en cuenta, en estos momentos, que sin la

adecuada potenciación de las unidades económicas de producción—prevalezca o no el Estado como

propietario o controlador de las mismas—difícilmente se podrá salir adelante y alcanzar la reactivación

económica por todos tan deseada. EL fortalecimiento de la estructura productiva tiene que ser, cualquiera

que sea el programa económico que se siga, un objetivo prioritario, y así parece establecerse, aunque sin

especial énfasis, en el plan de urgencia aprobado recientemente por el Gobierno. Algunas de las medidas

acordadas y las declaraciones posteriores de algunas autoridades han sido acogidas, no obstante, con ma-

nifiesto recelo en el ámbito empresarial. En este sentido, sin olvidar que el 95 por 100 de las empresas

españolas cuentan con" menos de 50 productores, pero que dan empleo a casi cinco millones de

trabajadores, parece obvio decir que todas las medidas que se adopten en favor de las PME contribuirán

´decididamente a la rápida solución de nuestros problemas económicos.

LA posible adulación para obtener votos ha quedado atrás, y ahora los políticos tienen que definir un

horizonte claro para que el capital y el trabajo se desenvuelvan en un clima do entendimiento en base a la

justa participación que debe corresponderles en el proceso productivo. Solamente de esta forma la

empresa—esa unidad económica de producción tan vapuleada en estos últimos tiempos—ocupará de

nuevo la posición estelar en la recuperación económica del país.

EL pequeño y mediano empresario ha sido y sigue siendo, a pesar de su Importante e imprescindible

función, poco comprendido y menos todavía apoyado a la hora de resolver sus problemas. Sería prolijo

enumerarlos aquí y tal vez innecesario, pues para todos son conocidos; ahora bien, bueno sería que fueran

objeto de un detenido análisis para arbitrar, en esta nueva etapa que se avecina, medidas eficaces que

permitan lo más rápidamente posible superarlos, primero, y faciliten, después, la reestructuración d i

menslonal adecuada de las empresas para garantizar su funcionamiento y servir más eficazmente a la

comunidad. Por otra parte, el acercamiento de España a Europa se acelerará a partir de ahora, y ello exige,

ineludiblemente, una mayor capacidad operativa, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

LOS nuevos aires democráticos, si no se contaminan, no deben ser un obstáculo para un mejor

desenvolvimiento de las PME, y por ello, con esta esperanza, la respuesta a nuestra interrogante es un

rotundo sí. El pequeño y mediano empresario, juntamente con los hombres y mujeres que hacen posible la

producción de bienes y servicios, así lo esperan si son objeto de la atención que siempre han merecido y

que tan pocas veces han disfrutado.

Serafín FIÑEIKO FERNANDEZ

 

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