Autor: Piñeiro Fernández, Serafín. 
   La política monetaria y la crisis empresarial     
 
 Ya.    09/09/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA POLÍTICA MONETARIA Y LA CRISIS EMPRESARIAL

LA política económica del Gobierno está en medida importante, aunque con no pocas reservaa por parte

de muchos, definida sobre el papel; ahora bien, su efectiva puesta en práctica entraña múltiples y variadas

dificultades, que, en mayor o menor grado, olfateamos todos. Los responsables más directos del acontecer

económico nacional han instrumentado ya un conjunto de medida, algunas de las cuales, flúa

quemándoles entre los dedos, se estén retrasando en su aplicación. Esto hace, por ejemplo, que la

discutida y discutible efectividad da la devaluación da IV peseta, como medio para paliar nuestro

desequilibrio exterior, se esté evaporando coa cierta rapidez, como al los fuertes calores que nos tstfit

deparando septiembre incidieran sobre ella.

Parece, pues, llegado el momentó de una actuación en general decidida, aunque flexible, a fin de

enderezar Jos malos pasos de nuestra economía. Y decimos flexibles para evitar, en algunos casos, que "el

remedio sea peor que la enfermedad". Uno de ellos es el relativo al tratamiento tan sutil y afinado que

exige la actual si-tuacfón monetaria, y crediticia y su problemática evolución en lo o próximos meses,

Difícil, desde luego, pero tendré que ser asi si no queremos hacer realidad el entrecomillado anterior.

EL elevado nivel de desempleo y la delicada posición financiera que atraviesan la gran mayoría de las

empresas, más espeülalmente las pequeras y de Upo medio, constituyen, a nuestra modo de ver, tíos

.serios obstáculos que se oponen a una política, monetaria marcadamente antiinflacionista, Los resortes

con que cuenta ésta han dado casi siempre resultados aceptables y rápidos—no snficJentea. por supuesto,

para yugular el proceso inflacionista—, al posibilitar una acción directa sobre ciertas magnitudes

monetarias que, fuera de su cauce normal, aceleran todavía más dicho procedo. En este sentido, la política

monetaria se orienta hada una reducción sustancial de la tasa de crecimiento tte la masa total de dinero

(disponibilidades líquidas) del Eterna crediticio.

Una acción de esta naturaleza se traduce, inevitablemente, en una contracción del crédito al sector privado

en términos similares. Es decir, los particulares y las empresas, más acentuadámente estas últimas, ten-

drán mayores dificultades para obtener los recursos necesarios que les permitan superar una etapa que,

desde hace muchos meses, se les ha presto extremadamente difícil.

En la Insólita rueda de prenda celebrada raclentemente por el Consejo Superior Bancario se puso de

manifiesto—aote la perspectiva cierta de mayores dificultades crediticias—que los bancos son simples

intermediarios que acatan Las decisiones de la Administración, a lo qu6 ÍUy que afifldlr que actualmente

están fuertemente «ndeudadojí con. el Banco de España. Siendo esto así es altamente conveniente que se

definan cuanto antea las posibles ayudas, especialmente de carácter financiero, que el Gobierno está

decidido a prestar a las pequeñas y medianas empresas, pues a poco que se descuide el derrumbamiento

será estrepitoso, alcanzando de lleno tanto a las de dudosa rentabilidad como a aquellas que teniendo

capacidad de generar beneficios están, en una situación de liquidez muy precaria, Si se aprieta demasiada

en el orden crediticio, la máquina productiva del país recibirá un duro golpe, provocando, además, un

sustancial aumento en el número de parados. Es rm;y fuerte reconocer, como lo ha hecho una relevante

autoridad en la citada rueda de prenda, que la política, monetaria "llevara a un aumento da las quiebras y

suspensiones de pagos, pero que es inevitable para contener la inflación". ¡Más aún!

LAS deficiencias estructurales de nuestro sisema emsarial vienen de antiguo, y sería injusto, y en cierto

modo poco práctico, pretender corregirlas por la via de una fuerte restricción crediticia. En la actual

situación sociopolítica, eín olvidarse de aquellas defi-ciencia3, hay que facilitar el oxigeno suficiente para

que las empresas capeen la crísis q-je atraviesan y disponerlas, posteriormente, para una resatructuración

basada en criterios da máxima productividad y rentabilidad.

La política monetaria, por continúente, tiene que aplicarse con el máximo fino, de forma que debilite en

}a medida da lo posible la tensión inflacionista y ain generar mayores problemas de los que existen en el

sectot empresarial. Cualquier esfuerzo que se haga para ello merecerá, sin duda, el aplauso de todos.

Serafín PIÑEIRO FERNANDEZ

 

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