Autor: Cabanellas, Guillermo. 
   Franco, Generalísimo y Jefe de Gobierno  :   
 Cabanellas votó en contra. 
 Ya.    03/10/1976.  Página: 17,19. Páginas: 2. Párrafos: 27. 

HACE CUARENTA AÑOS (y II)

FRANCO, GENERALISIMO Y JEFE DEL GOBIERNO

CABANELLAS VOTO EN CONTRA

El 21 de septiembre de 1936 se reunió la Junta de Defensa, presidida por el general Cabanellas, a

petición de Franco

A propuesta de Kindelán, se aceptó a Franco para el mando único

LA reunión de la Junta de Defensa, convocada por Cabanellas atendiendo la petición de Franco,

se celebró el 21 de septiembre de 1936 en la dehesa de toros bravos de Antonio Pérez Tabernero, a

unos doce kilómetros de Salamanca, en el campo de Numonono, en el término municipal de Magriña

de los Caños, donde se había improvisado una pista de aterrizaje poco después de comenzada la

guerra. A un lado de esta pista, en medio de un pinar, una barraca de madera, de cuatro metros

por ocho, serviría para la reunión en la que habría de decidirse el destino de España. En dicha

reunión, presidida por Cabanellas, participaron los generales Queipo de Llano, Saliquet, Franco,

Dávila, Mola, Orgaz, Gil Yuste y Kindelán y los coroneles de Estado Calderón Montaner y Moreno

Calderón, estos dos últimos por ser miembros de la Junta Nacional de Defensa.

La reunión comenzó a las once de la mañana y se prolongó hasta las dos y media de la tarde, en que

se hizo un corto intermedio para almorzar. No consigue Kindelán, apoyado por Orgaz, que se trate

lo relativo a la necesidad de establecer el mando único. Es a las cuatro de la tarde cuando,

reanudadas las conversaciones, logra Kindelán que sea escuchada su propuesta, la que "encontró

acogida displicente en varios locales". Sorpresivamente, Mola apoya la propuesta, a la que

Cabanellas se opone, sosteniendo que es innecesaria la designación de un mando único

por ser inminente el término de la guerra con la caida de Madrid. Cabanellas cae derrotado

por el voto de los presentes. Resuelto el mando único, se pone a votación el nombre de quien habrá

de asumirlo. Los coroneles Montaner y Moreno Calderón se excusan de votar, en atención a su

grado. Kindelán, rápidamente, toma la palabra y propone a Franco. Ningún otro nombre se

pronuncia. Cuando les toca votar a Mola y a Queipo, ya Franco tiene mayoría de votos. Sólo

Cabanellas fue terminante al negar su voto al ya consagrado Generalísimo. Estimaba esta designación

prematura e innecesaria, agregando que "siendo contrario al sistema por el cual se otorga el poder a

una sola persona, no le correspondía votar a persona alguna para un cargo que resultaba innecesario".

Años después, ya teniente general, confinado en Santa Cruz de Tenerife por orden de Franco,

Kindelán habría de lamentarse ante propios y extraños, de ser el principal responsable de haber

exaltado al mando supremo de la nación al general Franco. He aquí reflejadas casi textualmente las

palabras del arrepentido "hacedor de reyes": "De aquella reunión —la de Salamanca— recuerdo la

profecía del general Cabanellas, que asistió a ella y que fue luego el que, por razón de su

condición de presidente de la Junta, hubo de hacer entrega del mando a Franco. El general Cabanellas

se pronunció por un triunvirato de generales, para evitar que el mando de uno solo pudiera

degenerar en una dictadura durante la guerra e incluso después, al terminar la misma. Sabía que los

demás pensábamos en confiar la dirección de la campaña a Franco como Generalísimo de los Ejércitos,

y expuso su decisión de no aceptar se le nombrara como jefe único. Y así, con la sola excepción de

su voto, que lo razonó, sin oponerse a que formara parte del triunvirato, que preconizaba, un

general joven y de prestigio como Franco, los demás nos pronunciamos por el mando único como

Generalísimo del Ejército de Operaciones, asumiendo todos los poderes, por Franco. Todavía recuerdo

las palabras de Cabanellas al terminar la reunión con referencia a aquella elección:

"Ustedes —me dijo— no saben lo que han hecho, porque no lo conocen como yo, que lo tuve a mis

órdenes en el Ejército de África como jefe de una de las unidades de la columna a mi mando, y si,

como quieren, va a dársele en estos momentos España, va a creerse que es suya y no dejará que

nadie lo sustituya en la guerra ni después de ella, hasta su muerte, sin que tenga que decir nada de

sus prendas militares, morales ni de otro tipo, que soy el primero en reconocer."

Franco quiere el gobierno

Acordada la designación del general Franco como Generalísimo, se resolvió que ésta no se haría

pública por el momento, quedando en manos de la Junta de Defensa determinar su oportunidad. Este

hecho le permitió a Franco el formular nuevas exigencias, ya que no había quedado conforme de

la manera como se habían desarrollado los acontecimientos. Su nombramiento para la jefatura del

Ejército permitía que la Junta Nacional de Defensa subsistiera. So pretexto de que él, como

generalísimo, no podía estar a las órdenes de dicha Junta, planteó la exigencia de que junto con la

jefatura suprema de las fuerzas armadas debía ir la del Gobierno. Ahora no se trataba de votar una

nueva candidatura, sino de otorgar al ya designado todos los poderes del Estado. Ha dado así un paso

más adelante en la carrera hacia el poder absoluto.

En la noche del 27 de septiembre, cuando una multitud se concentra ante la residencia del general

Franco, se asoma éste a uno de los balcones para ser aclamado. Le acompaña Yagüe el que se

adelanta para anunciar la designación del general Franco como Generalísimo, de manera que, al

tiempo que impone su candidatura para la jefatura del gobierno, viola el compromiso adquirido de

mantener en secreto lo resuelto por la Junta en su reunión del 21 de septiembre.

Mientras tanto, Kindelán y Nicolás Franco preparaban el proyecto de decreto que habría de ser

sometido a la aprobación de la Junta de Generales en la reunión que se celebraría al día siguiente.

Ese proyecto, elaborado por Nicolás Franco, constaba de cuatro artículos. En su artículo tercero

decía: «La jerarquía de Generalísimo llevará anexa la función de jefe del Estado mientras dure

la guerra, dependiendo del mismo como tal, todas las actividades nacionales: políticas, económicas,

sociales, culturales, etcétera." (El subrayado nos pertenece.)

Salamanca, 28 de septiembre de 1936

Por segunda vez, a petición del general Franco, convocó Cabanellas una reunión en Salamanca, la

que se realizó el día 28 de septiembre, vísperas de San Miguel.

La noche anterior se había trasladado Nicolás Franco a Salamanca para lograr el concurso de los jefes

de Falange y Comunión Tradicionalista, así como de unidades de aviación, fuerzas leales a Kindelán,

que habían de apoyar, de ser preciso, por las armas, la candidatura de Francisco Franco.

En el avión en el que viajaba Franco se trasladaron desde Cáceres a Salamanca "dispuestos a

conseguir a toda costa nuestro patriótico propósito", Kinldelán, Orgaz y Yagüe, Esteban decididos

a lograr, por cualquier medio, su designación como jefe del Gobierno.

Allí se encontraban, además, ayudantes, jefes y oficiales adeptos a Franco y, al frente de ellos, el

general Millán Astray.

Las relaciones de Mola

(Continúa en la pág. 19)

Pág. 17 — YA

Momento en el que Franco recibe el mando supremo del general Cabanellas en Burgos el 1 de octubre de 1936

3-X-1976

FRANCO, GENERALISIMO Y JEFE DEL GOBIERNO

Dávila parlamentó con Mola para que aceptara a Franco en la jefatura del Gobierno Franco fue nombrado

jefe del Gobierno y en seguida se nombró jefe del Estado español con Kindelán no eran amistosas (1).

Además, éste, que actuaba como Jefe del Aire, se había colocado a las órdenes de Franco sin consultar

con Mola ni Queipo, dando la aviación preferencia al Ejército Expedicionario Marroquí. Estos hechos

influían desfavorablemente en la gestión de Kindelán, lo que hizo que Franco buscara el concurso de

Dávila, al que ofreció, caso de ser designado, el cargo de presidente de la Junta Técnica, especie de

Estado Mayor de su gobierno. Dávila se decidió parlamentar con Mola a fin de lograr que aceptara a

Franco en la jefatura del Gobierno.

Antes de iniciar la reunión la Junta, Franco comunicó oficialmente que las columnas de operaciones,

vencida la resitencia enemiga, ocuparon "en un brioso ataque la imperial ciudad, en parte destruida por

las hordas rojas. Los heroicos defensores del Alcázar se encuentran ya con sus hermanos de armas". Es

así como puede recibir de los genérales y coroneles allí presentes los plácemes por la victoria obtenida,

al mismo tiempo que contempla las fuerzas que su hermano Nicolás ha reunido para protegerlo, en

caso de que fuera necesario.

Con asistencia de los mismos generales y coroneles que el día 21, la reunión se celebra en el mismo

barracón de madera del improvisado aeródromo. Comienza en horas de la mañana.

No tardó Kindelán en insistir se pusiera de nuevo a discusión el tema del mando único, lo que algunos

de los generales allí presentes propusieron se aplazase por algunas semanas. Insistió nuevamente aquél y

dio lectura al proyecto de decreto que llevaba preparado, que tuvo mala acogida, especialmente el

artículo tercero. Algunos de los integrantes de la Junta Nacional de Defensa reaccionaron violentamente

en contra de la propuesta de Kindelán; entre ellos se encontraba Mola, lo que motivó que

Kindelán escribiera: "No sin que me sorprendiera tal cambio, ya que le había leído previamente el

decreto, al que dio su absoluta conformidad." Así fue cierta la afirmación de Kindelán: "El general

Cabanellas, para cerrar la discusión, prometió que en Burgos estudiaría la propuesta y se pronunciaría

lo necesario con urgencia."

Después de almorzar en el mismo aeródromo, se retiraron de la reunión los generales Queipo y Mola y

se reinició la reunión.

¿Qué es lo que ocurrió en la tarde de aquel día 28? ¿Cómo desapareció la oposición de la casi totalidad

de los generales al nombramiento de Franco como jefe del Gobierno? Kindelán se limitó a decir que,

por la tarde, "el oro mas puro del patriotismo y el desinterés brilló en todos los presentes".

Cabanellas cede

En horas de la noche de ese día, 28 de septiembre, Cabanellas emprende el regreso a Burgos. Antes se

detendrá en la finca propiedad de Diego Martín Veloz para recoger a su hijo menor y a la esposa de

éste. Ya está entonces en conocimiento de que su propio ayudante participa en la conspiración, en la que

Franco trata de asumir todos los poderes del Estado; ha habido que cuando Mola se ausentó de la

reunión ya se había comprometido, en conversaciones privadas con Kindelán, y sospecha que Queipo de

Llano se ha ausentado con el propósito de no tener que adoptar allí ninguna decisión que pudiera

degenerar en violencia. En ese momento Cabanellas no cuenta con ninguno de los generales con mando

en quien apoyarse. Se sabe absolutamente solo y, advirtiendo que se ha jugado con naipes marcados,

acepta su derrota. Se encuentra situado ante un dilema: delegar el mando en Franco o resistir.

En tanto que Azaña espera, aferrado a su mando, a que la guerra lo expulse de España, Cabanellas no

vacila en ceder, pues desde el primer momento conoce su derrota y sabe que es innecesario todo esfuerzo

para mantener las apariencias de un mando que de hora en hora se le ha ido escapando de las manos.

Preocupado en asegurar la rápida victoria en la guerra ya declarada, ha ido perdiendo, poco a poco,

contactos con sus pocos leales. Se encuentra en el cargo de presidente de la Junta Nacional de Defensa

en una situación tan incómoda como insegura. A finales de septiembre de 1936 no cuenta ni siquiera

con la lealtad de sus ayudantes. Todos los nombramientos para los más altos cargos le han

sido impuestos; no tiene tampoco unidades militares que le respondan. Aquellos con los que había

pactado, especialmente Molla y Queipo de Llano, poco o ningún interés pueden tener en jugarse por un

compromiso que la guerra había aventado. Se imponía una realidad totalmente distinta a la que se

tuvo en cuenta en los prolegómenos del alzamiento militar. Por otra parte, aun contando con el

decidido apoyo de Queipo de Llano, no era conveniente un enfrentamiento en momentos tan difíciles.

Entonces vivía Cabanellas excepcionales días de amargura. De todos los generales que participaban en

el alzamiento militar era el único que no tenía a sus hijos a su lado, pues tres de ellos se encontraban en

la zona republicana, en tanto que corría el mayor peligro la vida de su otro hijo, el menor. Se sentía

agotado, contemplando, impotente, el drama de España ensangrentada. Otra razón decide, además, a

Cabanellas para no resistir: con poderes mediatizados y autoridad discutida, no se sentía en

condiciones de poner término a una situación de hecho que parecía, con los días, aumentar su carga de

represalias y odios. Se consideraba incapaz de contener la violencia que se había apoderado de la

retaguardia nacional, con su secuela de crímenes.

Franco, jefe del Gobierno del Estado español

No tardará el general Dávila en dar un paso adelante en su propósito de sustituir a Kindelán. El será el

que, a la postre, aparezca como campeón en la lucha para dar a Franco el gobierno. Es quien convence

a Mola para que lo acepte. Después, junto con Moreno Calderón, en las postrimerías de la noche del 27

de septiembre, se entrevista con Cabanellas y le hace saber lo resuelto. La reunión se celebra en el

pabellón del Gobierno Civil, del que es su jefe, y en donde Cabanellas ha instalado su domicilio. Allí le

hace saber que Mola ha cedido a la designación de Franco. No habrá de tardar Cabanellas en comunicarse

telefónicamente con Queipo, e1 que persiste en no aceptar la designación de Franco. Arguye que si

había aceptado que Cabanellas presidiera la Junta era solo por ser el más antiguo del Ejército, pero

que no podía admitir que Franco le mandara a él.

Inmediatamente, Cabanellas conversó, también telefónicamente, con Mola, el que le aconsejó que

firmara el decreto por el cual se designaba a Franco jefe del Gobierno. Es en ese momento cuando

decide aceptar los hechos ya consumados. Y al filo de la madrugada del 29 de septiembre resuelve firmar

el decreto por el cual se nombraba generalísimo de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire y jefe del

Gobierno del Estado español al general Francisco Franco. En ese momento, los últimos restos de la

República en la zona nacional caen abatidos, y quien se había alzado en armas para tratar de salvarla,

firma su sentencia de muerte.

En formal inmediata, Cabanellas delega en Yanguas Meada, que actuaba como asesor de la Junta, la

misión de redactar el decreto por el que se designaba al general Franco.

Antes de ser firmado el decreto fue consultado Franco sobre su texto, y el conocer que en él se

establecía la provisionalidad de su designación, limitada a la duración de la guerra, arguyó, aceptando

tal condición, lo que no se discutía, que no convenía que ésta figurara en el texto del decreto.

Palabra más o palabra menos, a Cabanellas le resultaba indiferente, por lo que puso su firma

en el decreto por el cual Franco se convertía en jefe del Gobierno, sin figurar carácter alguno

provisorio.

Dicho decreto fue publicado en el "Boletín Oficial" del día 30 de septiembre con el numero 138. Su

artículo primero quedaba así redactado: "En cumplimiento del acuerdo adoptado por la Junta de

Defensa Nacional, se nombra jefe del Gobierno del Estado español al excelentísimo señor general de

división don Francisco Franco Bahamonde, quien asumirá todos los poderes del Estado" (2).

Designado Franco jefe del Gobierno, quedaba abierta la puerta, sin encarar el grave problema que

dividía a monárquicos y republicanos. Se esperaba de Franco que tan pronto terminara la guerra, lo

que se consideraba inminente, procedería a la restauración de la monarquía. Los generales que

impusieron la designación de Franco habían decidido que su función tuviera carácter provisorio, lo que

permitiría en el mañana, una vez terminada la guerra, abrir juicio sobre la forma de gobierno que

habría de regir en España. Nada hacía vaticinar la posibilidad de que fuera un Estado en el que

gobernara "un caudillo de España por la gracia de Dios" por treinta y nueve años.

Jefe del Estado

En la mañana del 1 de octubre, en el salón del Trono de la antigua Capitanía General de Burgos, el

general Francisco Franco asume todos los poderes del Estado. Frente a él, en un contraluz que resalta

la blancura de su barba, el general Cabanellas. Al lado, civiles y militares, y detrás de Franco, un

legionario.

Como presidente de la Junta Nacional de Defensa, y en nombre de ésta, el general Cabanellas se adelanta

y pronuncia distintas palabras que las que había escrito para esa ocasión (3).

Dice: "Señor jefe del Gobierno del Estado español: En nombre de la Junta de Defensa Nacional os

entrego los poderes absolutos del Estado. Estos poderes van a vuestra excelencia, soldado de corazón,

españolísimo, con la seguridad de cumplir al transmitirlos un deseo fervoroso del auténtico pueblo

español." El discurso que en borrador y de su propio puño y letra había escrito el general Cabanellas no

fue leído en esa oportunidad. En él se nombraba a Franco expresamente "Jefe del Estado", en tanto que

en el pronunciado se le designaba como "jefe del Gobierno del Estado español". Habría de serlo por

muy poco tiempo. No tardaría en nombrarse jefe del Estado, modificando la designación (4).

Después... es otra historia que habría de prolongarse por cerca de cuarenta años.

Guillermo Cabanellas

(1) Esto surge evidente en Mola: Obras completas: El pasado, Azaña y el porvenir, pág. 972, en que ataca

este último duramente a Kindelán.

(2) El texto que fue remitido a los periódicos para su publicación fue, por orden de Nicolás Franco,

modificado, poniéndose en lugar de jefe del Gobierno la designación de jefe del Estado.

(3) Lo redactado por Cabanellas, escrito de su puño y letra, decía: "En nombre de la España que lucha

por su redención y por su merecida y tradicional grandeza, como presidente de la Junta de Defensa

Nacional, representante del patriótico Alzamiento del 17 de julio de 1936, hago entrega en este (acto) y

en este día, ante el pueblo de Burgos y representantes de la España liberada, de los poderes y de la

suprema autoridad del país al ilustre general de división Francisco Franco Bahamonde, quien queda

nombrado jefe del Estado (sic) y generalísimo de los Ejércitos Nacionales."

(4) En el membrete de las cartas figuraba inicialmente como jefe del Gobierno del Estado. Pronto se

suprimió lo del Gobierno y quedó simplemente jefe del Estado.

Pág. 19 — YA

Junto al barracón, cerca de Salamanca, el famoso monolito con la inscripción conmemorativa de la elección

de Francisco Franco en la Junta de la Defensa Nacional que se celebró el 21 de septiembre de 1936

3-X-1976

 

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