Elecciones. 
 Una acumulación de poder     
 
 La Vanguardia.    09/05/1983.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Una acumulación de poder

QU E los alcaldes de un ochenta por ciento de las capitales de provincia españoles sean

socialistas y que al frente de la gran mayoría de las comunidades autónomas españolas yaya a

haber socialistas también nos parece el dato más importante y significativo de las elecciones de

ayer.

El pueblo español ha puesto todavía más poder en manos del Partido Socialista. Sin duda esto

puede facilitar, como ha dicho el presidente del Gobierno, Felipe González, la cooperación

entre el Gobierno de la nación y los gobiernos municipales y de la mayoría de comunidades

autónomas. Pero sin duda también hay en esta concentración de poder en el partido dominante

buen número de riesgos, que en otros países suelen prevenir repartiendo el poder y

compensando en las municipales algo de los resultados de las elecciones generales.

Grande es, por consiguiente, la responsabilidad de los socialistas en los próximos cuatro años.

Tienen una mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. Tienen mayoría en Madrid y

Barcelona y en otras muchas capitales. Van a dominar también el gobierno de muchas

comunidades autónomas.

Si es bueno que haya quien pueda gobernar, en un país que los partidos con frecuencia

tienden a hacer poco gobernable, es peligroso que después de haber desaparecido del mapa el

partido que dominó la transición, la Unión de Centro Democrático, ahora se encuentre otro

partido, el Socialista, con todas las bazas en la mano y sin apenas oposición.

El hundimiento del centro se ha confirmado en estas elecciones, en las que apenas han

obtenido concejales los grupos que tratan de reanimar opciones centristas. La oposición

corresponde, pues, a un partido a escala nacional, aun en coalición con otros: Alianza Popular.

Esta ha conseguido alcaldías en bastantes poblaciones y parece haber mantenido su

proporción respecto de los socialistas, y acrecentado algo sus porcentajes, pero hay que decir

que falta mucho trecho para que ese bipartidismo se convierta en una expectativa próxima de

turno pacífico. Es cierto, con todo, que Alianza Popular obtiene en los ayuntamientos una

representación que no tenía y que se consolida en lugares donde su implantación

parecía hasta ahora escasa, como es el caso de Cataluña.

LAS elecciones de ayer apuntan a una realidad que habrá que considerar con detenimiento. El

nacionalismo político no es mayoritario en Cataluña. Si Convergencia i Unió ha avanzado en el

Ayuntamiento de Barcelona y se ha hecho con buen número de alcaldías, sus resultados en las

otras tres capitales de provincia catalanas son medianos y habrá de contar con Alianza Popular

en el futuro, si de una oposición articulada se trata. El socialismo, sin necesidad de contar con

un PSUC que sigue sin embargo presente, domina el panorama político catalán y las siglas

PSC-PSOE muestran un camino de acción política que combina catalanismo con integración

hispana, un camino que evidentemente es distinto del que la coalición nacionalista ha

ensayado. Y ésta, además, al ver a su lado una Alianza Popular bien implantada, habrá de

considerar bien sus tácticas de gobierno en lo porvenir.

Distinto es el panorama en el País Vasco. Allí el nacionalismo domina en su opción moderada y

se mantiene en las radicales y el socialismo aparece casi sólo como principal alternativa y

segundo partido de la comunidad autónoma. Si esa diferencia se debe a la que hay entre

Cataluña y el País Vasco, o a otros factores es asunto que también habrá que ir considerando.

Pero el fenómeno existe: el socialismo es el partido dominante en Cataluña como en la mayor

parte de España. Y las excepciones son la derecha aliancista en algunos lugares y el

nacionalismo vasco en Euskadi.

La gran batalla por el Ayuntamiento de Barcelona se ha saldado con una reducción del

espectro político a sólo cuatro partidos. El partido dominante es el socialista; vienen luego, por

este orden, Convergencia i Unió, Alianza Popular y el PSUC. El socialismo controla pues el

Ayuntamiento, apoyado o no por el PSUC, y Convergencia y Alianza se encuentran juntas, pero

no revueltas, en una oposición que acaso no se defina igual en todas las cuestiones. El señor

Maragall seguirá así al frente del Ayuntamiento, ahora con la reválida de las urnas.

ES curioso que el dato que que tardó más en perfilarse ayer fuera el de la participación: tanto

era el interés por ver los grandes trazos políticos de los resultados. Pero en todo caso parece

que la experiencia de atreverse por fin a plantear unas elecciones en domingo no ha dado mal

resultado, especialmente si se recuerda la participación baja —normal en unas municipales—

del año 79. Es otro dato que no está mal retener. Podemos votar en domingo como cualquier

otro pueblo.

En resumen, el socialismo se confirma como partido dominante, aun habiendo perdido tres

puntos respecto de octubre, como señaló el vicepresidente, señor Guerra, y ha recogido ios

frutos de una confianza popular muy amplia, Tendrá en sus manos los grandes ayuntamientos

en la mayor parte de España. Alianza Popular gana algo, con respecto a octubre y se confirma

también como el titular de la oposición en un sistema que sigue tendiendo a un bipartidismo

indiscutible, sobre todo si se notan los pobres resultados de los intentos de mantener o reavivar

un centro. Y Cataluña no se aparta del todo de este perfil general. Aquí el segundo grupo

político es Convergencia, pero tiene a su lado una Alianza cuyos planteamientos no son

nacionalistas.

 

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