El pequeño espacio electoral del centrismo sigue siendo tierra de nadie. 
 El hegemonismo socialista y el estancamiento conservador     
 
 Diario 16.    10/05/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 27. 

El pequeño espacio electoral del centrismo sigue siendo tierra de nadie

El hegemonismo socialista y el estancamiento conservador

El hegemonismo del poder socialista, pese a una considerable merma de votos en el PSOE, el

estancamiento de la coalición conservadora que no ha podido recoger los desperdigados votos centristas,

junto a la considerable recuperación del voto comunista son los rasgos más destacados del análisis

electoral del pasado domingo. En el espectro político sigue manteniéndose el bache-hueco del centrismo y

entre los nacionalistas sube el PNV, desciende CiU y sigue a la baja Herri Batasuna.

El dato más importante e indiscutible de las elecciones celebradas el pasado domingo es la consagración

de la hegemonía socialista en prácticamente todas las áreas de poder de este bendito país.

El gran poder, que arranca de los municipios, pasa por la mayoría de las comunidades autónomas y se

remansa en el Parlamento y el Gobierno, queda completado por el dominio de la televisión única y otros

resortes no menos sofisticados.

La expresión del ministro de Interior, José Barrionuevo, ante los expectantes españoles que esperaban los

resultados de las votaciones es todo un síntoma del poder acumulado. En vez de las cantinelas

adormecedoras de los Martín Vi/la o los Rosón de turno, nos encontramos con el jefe de prensa y

propaganda del PSOE entonando las excelencias del triunfo propio.

Pero ese «¡efe de prensa y propaganda» era nada menos que el ministro de Interior que actuaba olvidando

que otros partidos y coaliciones habían logrado algunos beneficios en las urnas, aunque su modestia

quedara deslucida por el inequívoco triunfo socialista.

Los datos

Debido a que la maraña numérica también envolvió a la maquinaria socialista —aquí no ha llegado el

cambio— los datos sobre los que se basa este primer examen de los resultados son incompletos, si bien

sirven perfectamente para darnos una idea de cuáles son las variaciones y la línea de comportamiento del

electorado español en la primera jornada dominguera para el depósito del voto.

En primer lugar, hay que hacer una obligatoria refernecia a la participación electoral. El hecho de que con

relación a las elecciones generales del 28 de octubre se haya acumulado un poco más del 13 por 100 de

abstención merece algunas aclaraciones.

La celebración de la votación en jornada dominical no supone un factor que distorsione

fundamentalmente los comicios. Según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas que obra

en poder del Gobierno esta circunstancia resultaba negativa en un inapreciable número de votantes.

Los factores más determinantes de la abstención están, en primer lugar, en la cantada victoria previa del

PSOE y en el hecho de que en las elecciones locales habitualmente haya menos votantes que en las

generales, unido al escaso interés —y, por tanto, su nula capacidad de arrastre— de los comicios

autonómicos.

Yendo al conjunto de los resutlados, es imprescind ible, para calibrar la marcha de los partidos

contendientes, examinar la votación a ia luz de la del 28-0, pese a las diferencias existentes con respecto

al nivel de participación y los objetivos a votar.

Evidentemente, se consagra la hegemonía socialista, que ahora se extiende a todos los niveles del poder.

Sin embargo, y pese a las aplastantes mayorías, absolutas muchas de ellas, con que ha conseguido ganar

Ayuntamientos y Parlamentos autonómicos, hay algunos elementos que recortan el triunfo.

En primer lugar está la pérdida de tres millones de votos, que se queda a caballo entre la abstención y el

trasvase al Partido Comunista. Esto puede querer decir que el PSOE comienza a perder techo y que e!

lógico «desgaste de poder» abre un pequeño descenso en su abultada racha triunfadora.

En segundo lugar, no parece haber influido la gestión del Gobierno —ni para bien, ni para mal—, con lo

que difícilmente puede servir de test sobre la gobernación del país por parte de (os socialistas. O, al

menos, este factor ha influido escasísimamente.

AP, anclada

Sin lugar a dudas, resulta más interesante comprobar la actuación del electorado frente a la coalición

ómnibus de la derecha conservadora. El conjunto AP-PDP-UL mantiene techos similares a los del 28©, si

bien con la pérdida de un millón de votos y por razones similares a las del partido del Gobierno,

sustancialmente por el índice de abstención.

Pero e! reto fundamental de la coalición derechista estaba en las posibilidades de ocupar definitivamente

el espacio libre dejado por lo que fuera UCD. El análisis de los datos —ver los cuadros— deja los votos

centristas prácticamente en terreno de nadie. El grupo de Fraga no ha conseguido, pese a toda la

maquinaria que en favor del bipartidis-mo ha puesto en sus manos el poder y la televisión, recoger los

votos del naufragio centrista.

Y todo ello, incfuso, a pear de que el CDS de Adolfo Suárez ha perdido bastantes votos, lo mismo que

otros partidos que tratan de buscar un lugar al sol del espectro sociológico de! centrismo.

El centro

El bloque del centro-derecha ha perdido, comparado con el 28-0, un 6,5 por 100 de los votos, cifra

ligeramente inferior al porcentaje de votos obtenidos por la agonizante UCD en las generales.

Esta circunstancia traduce el hecho de que el centrismo puede ser posible. También que los actuales

partidos que luchan por rehacer ese hueco no tienen fuerza ni atractivo suficiente para lograr ocuparlo. El

domingo, la mayoría de esos votos potenciales se fueron al limbo, en la espera de mejores tiempos. Los

centro-residuales no logran contactar con su electorado y sus malas campañas son parte de una

explicación que requiere mejores datos.

Por [a izquierda, e! gran triunfador de la jornada electoral fue el PCE. Es el único partido que, pese al

factor contrario de la abstención, ha conseguido superar ampliamente el número de votos absolutos de las

generales, y prácticamente duplicar su porcentaje de votantes.

En la primera exteriori-zación de los datos, los comunistas han recuperado votantes del electorado

socialista. Un ejemplo singular es el caso de Julio Anguita en Córdoba, aunque difícilmente trasladable a

otros ámbitos fuera de la capital andaluza.

Nacionalistas

Uno de los elementos que han estado en liza en la campaña ha sido el intento del PSOE por desbancar la

primacía de los nacionalistas vascos y catalanes. Si a los segundos les ha asestado un duro golpe, con los

peneuvistas la operación ha sido a la inversa. En ambos casos se trataba de unas «primarias» de cara a las

elecciones autonómicas, que tendrán lugar en Euskadi y Cataluña el próximo año.

La tendencia lógica es una consolidación de las posiciones de! PNV y una merma declinante en Con-

vergencia i Unió.

Un caso especialmente importante es el de Herri Batasuna. La imbricación de los radicales vascos con

ETA militar les está llevando a una sucesiva merma de sus posiciones electorafes, que sigue un tono

declinante en las últimas votaciones.

En cuanto a Euskadiko Ezkerra y Esquerra Republicana de Catalunya, ambos partidos «secundarios»,, se

debaten entre el estancamiento y la retirada.

 

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