Elecciones municipales. Cataluña. 
 CiU teme las repercusiones de los pactos locales con AP     
 
 El País.    10/05/1983.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

CiU teme las repercusiones de los pactos locales con AP

La extrapolación de los resultados electorales del domingo a Ja situación política general de Cataluña en

la perspectiva de las elecciones autonómicas de 1984, marcó ayer las primeras reflexiones internas del

PSC, PSUC y Convergencia i Unió, que no decidirán sus pactos postelectorales hasta medir los efectos

que estos puedan producir en los próximos comicios. Convergencia celebrará hoy una sesión de su

Comité Ejecutivo, mientras que socialistas y comunistas reunirán mañana a sus órganos de dirección

ejecutiva.

Mientras que los socialistas intentarán pagar el minimo precio a las alcaldías que les proporcionará el

PSUC, para presentarse ante el electorado como protagonista único del cambio municipal, Convergencia

parece condenada a estudiar las repercusiones que pueden tener en el electorado nacionalista los pactos

con AP, inevitables para conseguir la mayoría en algunas poblaciones importantes. Algunos miembros del

Comité Ejecutivo de este último partido se mostraban incluso partidarios de abrir un debate interno en el

que se valoren de forma rigurosa los efectos negativos de los pactos con AP y se formule una importante

autocrítica al funcionamiento de algunas áreas internas de organización. "Es el momento de planteársela

raíz de la falta de cuadros medios en el partido", explicó a EL PAIS una fuente convergente. Los pactos se

decidirán a nivel local, aunque el Comité Ejecutivo se reserva ¡a aprobación de los que se hagan con AP.

Socialistas y comunistas se necesitan mutuamente para garantizar la gobernabilidad de muchos

municipios, pero no se descarta tampoco que los pactos se extiendan a los municipios en los que unos u

otros han conseguido mayoría absoluta. Los comunistas se manifiestan dispuestos a vender caros sus tres

concejales de Barcelona, que necesita Maragall para gobernar, ligando la negociación de Barcelona a la

del resto de Cataluña, en particular la composición de la nueva Diputación de Barcelona y de la

Corporación Metropolitana. Esta actitud contrasta con la de una parte de la dirección socialista, contraría

a reeditar los pactos globales de 1979.

Pasqual Maragall declaró ayer a EL PAÍS que estaba decidido a ser "el alcalde de todos los barceloneses",

al tiempo que anunciaba la rectificación de anteriores actitudes municipales en aquellos terrenos en los

que los socialistas recibieron mayores críticas. En este sentido anunció "una actuación más activa en la

calle y no sólo en los despachos", abriendo los contactos a entidades ciudadanas y sectores profesionales.

Maragall

anticipó la creación de un Consejo Económico Social integrado por representantes de los sectores em-

presariales, UGT y CCOO, proyecto del que ya ha hablado con Carlos Ferrer Salat y José María Figueras.

Fuentes socialistas manifestaron a El PAÍS su preocupación por el nivel de exigencias que pondrá el

PSUC sobre la mesa cuando ambos partidos se sienten a negociar el equipo de gobierno? para la ciudad

de Barcelona. Ayer tarde, el responsable comunista de Barcelona, Ricard Boix, solicitó una reunión

formal con su homólogo socialista, Jordi Parpal, para empezar a hablar. Es muy probable que este primer

encuentro se celebre hoy mismo. Dirigentes del PSC lanzaron ayer la hipótesis de que el concejal

comunista Jordi Solé Tura se haga cargo de una responsabilidad política, como podía ser la redacción de

la nueva Carta Municipal. Al tercer concejal, Jordi Conill, lo sitúan en la diputación, de la que ha sido

vicepresidente hasta ahora. En cuanto a Jordi Borja, los socialistas temen que el PSUC reclame para él el

área de urbanismo.

Los comunistas —que en palabras de su secretario general, Antoni Gutiérrez, se sienten "muy

fuertes y muy seguros"— no parecen dispuestos a admitir acuerdos parciales y a la baja. Para los

dirigentes comunistas, sería el PSC el principal perjudicado de la ausencia de pacto, pues los socialistas se

juegan más alcaldías que ellos. El PSC necesita el apoyo comunista para hacerse con las alcaldías de

Barcelona, Mollet, Badalona, Sant Joan Despí y Cornelia, entre otros. A su vez, el PSUC necesita los

votos de los concejales socialistas en Ripollet, Molins de Rei y Palafrugeli, entre otros. El PSUC no se

siente ligado a los acuerdos de 1979 —que se limitaron al apoyo al partido de izquierdas más

votado para que alcanzara las alcaldías dudosas y a repartirse el cartapacio municipal— si éstos no

vuelven a negociarse y suscribirse, "añadiendo muchas cosas que entonces se obviaron" (una verdadera

política de gobierno, por ejemplo).

Fuentes comunistas y de CiU informaron a EL PAIS que ayer mismo los convergentes de Badalona

ofrecieron al PSUC el apoyo de sus concejales para reelegir al alcalde Marius Díaz, en perjuicio del

candidato socialista. CiU ha obtenido 3 concejales en esta ciudad, 31 el PSUC, 12 el PSC y uno AP.

 

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