Autor: Pi y Torrente, Ramón. 
 Elecciones. 
 La España Socialista     
 
 La Vanguardia.    10/05/1983.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ELECCIONES

MARTES, 10 MAYO 198:

La España socialista

EL panorama que se dibuja en la política española tras las elecciones locales y autonómicas del

domingo nos ofrece una estructura que ya ha sido comentada desde los primeros momentos de

conocerse los resultados: Se avanza da manera significativa en la consolidación del famoso

"bipartidismo imperfecto", que se inició entre PSOE y UCD, y se continúa ahora entre PSOE y la

coalición AP-PDP-UL con las excepciones del País Vasco y de Cataluña, donde la confrontación se

establece entre PSOE y PNV y CID, respectivamente. Pero esto no es definitivo en manera alguna. Es

perceptible una tendencia, tanto por parte socialista como aliancista, a terminar con las fuerzas

nacionalistas o incluso con los partidos de ámbito regional a los que se pretende incorporar a coaliciones

con los «grandes». No se han consumado estas operaciones, desde luego, y ahí están el Partido

Aragonés Regionalísta, o la Unión del Pueblo Navarro, o el pequeño Partido Nacionalista Canario,

para atestiguarlo. Sin embargo, la tendencia es la apuntada, y desde los estados mayores de los

dos «grandes» probablemente se piensa que sólo es cuestión de tiempo. De momento, la

hegemonía local y autonómica ya está en manos de socialistas o aliancistas, con las dos excepciones

mencionadas. Y se va a seguir en esta dirección, según parecen señalar todos los indicios. La

legislación electoral favorece, además este proceso de absorción, y únicamente partidos nacionalistas

con una indubitable implantación, acompañada de la sistemática tarea de fomento y cuidado de una

rnilitancia entusiasta, pueden ir resistiendo por el momento

Los resultados de CID

El esfuerzo del vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra por disminuir, por minimizar, los resultados

de CiU y del PNV se hizo patente en la conferencia de prensa que ofreció en la madruga del lunes en el

Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid. Llegó a hablar de descenso, o de retroceso, del partido

catalanista, en medio de una selva de datos, cifras y porcentajes que iba dosificando para aparentar que la

victoria socialista había sido mucho mayor de lo que en realidad fue, que ya es decir. Muchos periodistas

picaron ese anzuelo, y ayer podían leerse en periódicos de Madrid varias referencias a los «castigos», los

«correctivos» o las «pérdidas» de CiU, sin apoyar la valoración en dato alguno.

Jordi Pujol, en la misma madrugada del escrutinio, se preocupó de resaltar datos y porcentajes que

evidenciaban lo contrario de lo que se venía diciendo por la radio a raíz de la especie lanzada por Guerra.

Pujol destacó, naturalmente, lo que le interesaba más, y no prestó mayor atención al hecho de que. junto

al aumento de CiU, se registraban en Cataluña alzas espectaculares del PSOE, que despegaba en las

grandes poblaciones hasta hacerse inalcanzable. Pero al menos Pujol no distorsionó los datos.

«Homogeneizar» los votos

Ahora bien, en el caso de Cataluña los problemas convergentes pueden venir más bien del crecimiento de

Alianza Popular que del crecimiento de! PSOE. La legislación electoral no consiente tres grandes

formaciones en liza: han de ser dos, y la tercera queda ya muy descolgada. Una cuidadosa manipulación

de las fechas electorales (la coincidencia de las locales y las autonómicas del domingo es políticamente

muy importante para la «homogeneización» de los votos), más un habilidoso uso de la televisión en las

campañas puede forzar en gran medida hacia Ja bipolarización.

Este es uno de los aspectos que se apuntan tras la consulta del domingo. Pero hay otra faceta que no

debería quedar silenciada. Me refiero a las operaciones de horquilla política y económica que pueden

ponerse en marcha entre ayuntamientos y diputaciones, por una parte, y el Gobierno central, por otra,

frente a los gobiernos de las comunidades autónomas que resulten de distinto signo político.

Política de horquilla

La euforia de los máximos dirigentes socialistas anteanoche, haciéndose lenguas de las virtudes prácticas

de que todo el poder esté en unas solas manos, puede ser bastante reveladora a este respecto. El

planteamiento esquemático es relativamente sencillo: las comunidades autónomas son, como su nombre

indica, autónomas; pero en su propio territorio existen corporaciones locales que son asimismo autó-

nomas de los gobiernos regionales o nacionalistas, y que reciben los recursos económicos y financieros,

estableciendo un puente, directamente del Gobierno central. Si a este planteamiento se añade la todavía

pendiente LOAPA, la nueva organización territorial del Estado puede acabar siendo un puro remedo de lo

que inicialmente se preveía en el texto constitucional, en cuyo espíritu los gobiernos autonómicos tienen,

evidentemente, un papel y una consideración bien diferentes de lo que pueden llegar a ser con esta polí-

tica de horquilla.

Se avecinan tiempos que pondrán a prueba la capacidad de los socialistas de generar y fomentar contretes

ajenos a su propio partido. Con poder central, más una buena parte del poder regional, provincial y

municipal, los socialistas españoles pueden convertir a este país en pocos años en algo prácticamente

irreconocible. Sin una oposición actual, y lo que es más alarmante, sin una previsible alternativa en plazo

razonable, esta España que ha votado mayoritariamente socialista puede ser en pocos años

irreversiblemente socialista. Y si eso se produjese, uno de los pivotes sobre los que gira toda democracia,

que es la capacidad de alternancia, habría sufrido un golpe mortal.

Ramón Pl

 

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