Autor: Bango, Mario. 
 Elecciones autonómicas. Crónica de la jornada electoral del futuro presidente de Asturias. 
 Para Pedro de Silva los resultados dan lugar a un monopartidismo imperfecto     
 
 La Nueva España.    10/05/1983.  Página: 26. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

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Martes, 10 de mayo de 1983

Elecciones

Crónica de la jornada electoral del futuro presidente de Asturias

Para Pedro de Silva los resultados dan lugar a un «monopartidismo imperfecto»

Mario BANGO

«Los resultados electorales han dado lugar a un monopartidismo imperfecto», aseguró Pedro de Silva, 37

años, gijonés, poeta, abogado, político, cuando en compañía de varios interlocutores se trataba de buscar

una definición de los datos arrojados por las urnas horas antes. Pedro de Silva, próximo presidente del

Consejo de Gobierno de Asturias, lo dijo sin ninguna carga triunfalista, sin apasionamiento, sólo como un

ejercicio de interpretación política. Después, añadiría: «Estos resultados ya no volverán a producirse

nunca más».

Pedro de Silva sobrellevó la victoria bien, no sólo porque estaba anunciada sino porque «controlo siempre

mis emociones, que son pocas». Para quien próximamente será ex diputado por Asturias en el Congreso

Y ex secretario del grupo parlamentario socialista, la jornada fue apacible, sin sobresaltos y sin rigideces

protocolarias. «A mi me parece que el tono general fue mesurado, sin ningún triunfalismo», declararía

su esposa, madre de tres hijos, Asunción, más conocida entres sus amistades por el apelativo de Mari

Chon, que vivió toda la jornada junto a su marido desde un discreto segundo plano. La madrugada del

domingo al lunes era un poco precipitado comenzar a concretar los hombres que respaldarán y

colaborarán con el futuro presidente, pero seguramente desde hoy las grandes ideas y los proyectos

previstos tendrán que ir concretándose en nombres y apellidos. Pedro de Silva pensaba descansar unos

días «pero no porque estuviese cansado de la campaña, que no lo estoy, porque dormí las horas necesarias

todos los días y no hubo ningún desgaste especial». Se referia quizá mas a un alejamiento físico de la

realidad para reflexionar antes de iniciar las acciones de preparación del Gobierno que no podrá cumplir.

Los compromisos, a partir de ahora, van a ser inexcusables. Mari Chon se lo toma con filosofía «porque

casi nunca tenemos vacaciones. Todo lo más unos pocos días, porque Pedro en seguida se recupera y

quiere volver a su actividad normal».

Una jornada apacible

El sábado, el futuro presidente jugó un partido de fútbol en Gijón, ocho contra ocho, para desahogar la

campaña y dio alguna que otra patadita «porque soy algo rudo jugando pero aguanto todo también». El

domindo todo fue apacible. Salió de casa temprano, sobre las diez de la mañana para votar como estaba

previsto porque los fotógrafos y los periodistas ya estaban esperando. «Después nos fuimos a Oviedo, a

pasear, estuvimos con unos amigos, no fuimos sorprendidos por ningún informador y después regresamos

a comer a Gijón tras tomarnos un aperitivo en el Reconquista». Por la tarde como la casi totalidad de los

políticos que participaron en la campaña hubo siesta y de nuevo regreso a Oviedo. El matrimonio Silva no

tiene intención de cambiar de domicilio a la capital por múltiples razones: no quieren desambientar a sus

hijos, los cargos «ahora duran, por fortuna, un tiempo limitado y en cualquier momento hay que volver a

la actividad profesional de cada uno».

En Oviedo el futuro presidente siguió los primeros resultados desde la central de datos instalada en el

palacio de la Diputación a la que sólo tuvieron acceso políticos y periodistas. Allí fue entrevistado por

casi todas las emisoras asturianas y comenzó a recitar las opiniones que ya mantendría durante toda la

noche, como si las hubiera tenido previstas y estudiadas desde días atrás. Hubo, claro, momentos más

imprevisibles. Cuando un informador le preguntó conspicuamente qué sentía como presidente, Pedro de

Silva contestó imperturbable: «Me siento lo mismo que hace veinticuatro horas».

Desde las once de la noche hasta aproximadamente la una de la madrugada en que se trasladó hasta el

mesón El Labrador, recibió las primeras felicitaciones de sus adversarios políticos, parecía un poco

abrumado, pero con el paso del tiempo fue relajándose. En el mesón estuvo un rato discretamente, saludó

a militantes, recibió algún que otro esporádico abrazo pero nada más.

La llamada de la televisión

Sobre la una y media de la madrugada el matrimonio Silva se trasladó a los estudios de televisión en los

bajos del Carlos Tartiere. Allí estaban los alcaldes de Gijón, Mieres, Aviles, reelegidos en algunso casos

abrumadoramente, Antonio Masip y Francisco Alvarez-Cascos. Los dos protagonistas de la primera

campaña de elecciones autonómicas se saludaron afectuosamente, no intercambiaron ninguna opinión

política y estuvieron distendidos. Pedro, que iba a ser entrevistado en el segundo de los dos programas

regionales, dialogó largamente con el escritor v periodista Juan Cueto Alas, quien lo entrevistaría en

directo después ante las cámaras. En el centro regional de televisión estaba también Rafael Fernández, el

presidente saliente, con quien se encontró también por primera vez en la noche electoral. De Silva, a

quien tantas veces se le ha acusado de hierático, incluso bromeó y se hizo una fotografía con las

maquiladoras de la tele que plasmó oportunamente Santiago.

Alvarez-Cascos se marchó rápidamente tras su intervención, pero Rafael Fernández y Pedro de Silva se

quedaron aún un tiempo comentando las últimas incidencias. Las declaraciones políticas, programáticas

estuvieron en antena de 3 a 3,30 de la madrugada. En ellas el por el momento candidato a la presidencia

se mostró sereno y firme en sus declaraciones, Lucía entonces el mismo traje que por la mañana cuando

acudió a votar. En el intermedio, cuando no había cámaras, Silva había vestido prendas más de sport. Las

exigencias de la imagen le habían obligado a colocarse de nuevo chaqueta del traje azul para meterse en

el estudio.

La imaginación

La entrevista más larga, más reposada y más sustanciosa, porque no tuvo que referirse apenas a los

resultados electorales fue la de Juan Cueto. Las referencias a la imaginación al poder, a Asturias en

abstracto, a las ideas, suplieron a las cuestiones inmediatas de si vamos ganando o perdiendo.

Silva volvió a explicar su tesis de la voluntad en la que había hecho hincapié varias veces durante la

noche: «Detrás de la economía hay actitudes y personas. Por eso yo creo que se necesita voluntad para la

salida de la crisis, voluntad no voluntarismo». Luego se ciñó al programa del partido como actitud de

gobierno cuando Cueto le apretó las clavijas de la imaginación al poder y se recuperó momentáneamente

con que da imaginación es una actitud vital» y, por tanto, se es imaginativo en el poder o fuera de él.

También quiso huir del grandonismo de la victoria por mayoría absoluta: «para lo que sirve este triunfo es

para gobernar con coherencia, sin hipotecas. También es cierto que si no cumplimos es porque no hemos

sabido o por causas extraordinarias».

Vino después el consejo de Rafael Fernández «espero que seas un hombre de concordia», lo que aceptó

de buen grado y se refirió después a su antecesor en el cargo institucional como «el arquitecto de la

autonomía asturiana», frase que había acuñado en el mitin que cerró la campaña en Oviedo. Hubo una

última referencia tópica: «Me siento muy honrado de ser el sucesor y espero llegar a cumplir

dignamente».

Antes de las cuatro de la mañana el matrimonio abandonó el local de la tele para hacer una última parada

antes de tomar la autopista camino de Gijón. En la «Hoja del Lunes» había hasta champán que Vélez

habia guardado oportunamente hasta ese momento, e Isidro Fernández Rozada brindó con el futuro

presidente y con los periodistas que preparaban la segunda edición de la «Hoja del Lunes» mientras

repasó la primera en la que era el protagonista de las seis columnas de primera página. Allí se exprimeron

las últimas copas, las últimas sensaciones de una velada que no fue particularmente emotiva ni

particularmente nada. Sólo fue una noche de transición, de camino de regreso entre Madrid y Gijón de

espera antes de abrazar el poder regional y otorgar los repartos. Una noche que se repite cada vez que los

españoles son llamados a las urnas «aunque en esta ocasión es un poco diferente a la de conseguir acta de

diputado».

Muy al final, cerca ya de las cuatro y media de la madrugada, en medio de los últimos comentarios

brillantes para despedir una jornada agotadora, le pregunto cuál fue el momento que recuerda con más

agrado de toda la noche. Pedro de Silva, que parece que controla todo, que no da rienda suelta a sus

pasiones ni siquiera cuando juega al fútbol, esgrime una sonrisa mientras sondea en los recuerdos recien-

tes: «Quizá ese señor que vino desde Gijón a abrazarme. Estaba en su casa» me vio salir por la tele en

directo a las tres de la madrugada y se plantó aquí, en el centro regional a felicitarme».

«Ahora viene ¡o duro, las responsabilidades, todo», comenta Mari Chon aunque reconoce que «tampoco

está abrumado, así lo ha elegido libremente. Yo espero cambiar lo menos posible. El protagonismo es de

él y yo no puedo dejar mi casa porque de lo contrario ¿quién viste y quién da de comer a mis hijos y a su

padre?».

Juan Cueto, que no ha recibido más que elogios por su programa sobre Asturias que pasaron la semana

pasada por el primer canal de televisión, es un viajero excelente para los último veintiocho kilómetros

antes del reposo. Cueto le habrá hablado de la Asturias heterodoxa que todavía existe.

 

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