Autor: Blas, Ceferino de. 
 Elecciones. Las innovaciones, el Gobierno monocolor y lapresidencia de Pedro de Silva. 
 Con el fin de la etapa de Rafael Fernández se augura un cambio de política en la región     
 
 La Nueva España.    11/05/1983.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Elecciones

Miércoles, 11 de mayo de 1983

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Las innovaciones, el Gobierno monocolor y la presidencia de Pedro de Silva

Con el fin de la etapa de Rafael Fernándei se augura un cambio de política en la región

Ceferlno DE BLAS

Con la holgada victoria socialista del domingo se va a producir un cambio en el Gobierno de Asturias,

que se aprecia inicialmente en la introducción de dos innovaciones básicas: La formación del primer

Gabinete monocolor y la sustitución´ del basta ahora único presidente del Principado, Rafael Fernández,

por Pedro de Silva.

A los Gobiernos pluripartidistas que han regido Asturias durante los más de tres años de régimen

preautonó-mico y bipartidista en el año de autonomía, les sucederá otro monocolor socialista.

La elemental concordancia de criterios que imponían a las diversas fuerzas componentes de estos

Gobiernos preautonómicos o autonómico la presencia en los mismos^ con las lógicas discrepancias

parlamentarias o de partido, favorecieron un clima de «consenso» en las decisiones y de aceptación

múltiple o generalizada de tomas de postura.

Como contrapartida de ese consenso o concordancia, cabe reflejar que alguna de esas decisiones de

compromiso no hayan satisfecho plenamente a ninguna de las fuerzas.

El futuro Gobierno, que entrará con el compromiso concreto del programa difundido por los socialistas

durante la reciente campaña y que se traducirá en el discurso de investidura del candidato a la presidencia,

no contrae las hipotecas del pluripartidismo.

Por vez primera en Asturias existirá un Gobierno con programa único y una oposición con todas las

ventajas e inconvenientes que ello comporta.

La segunda gran innovación con que se estrena el próximo cuatrienio es la sustitución de Rafael

Fernández por Pedro de Silva en la presidencia del Principado. Al menos en la primera época este cambio

de las personas que ocupen la presidencia del Gobierno va a ser más llamativo que la propia innovación

del Gobierno monocolor.

La personalidad de Rafael Fernández ha llenado la última etapa política de la región.

Por talante, experiencia y liderazgo, Rafael Fernández ha estado, en cierta medida, por encima del bien y

del mal de la vida de su partido, el PSOE, y hasta de la propia ideologia en que se alinea desde hace más

de medio siglo.

Rafael Fernández ha afrontado los embates que le vinieron de fuera y dentro del partido con estoicismo,

pero sin variar en sus criterios y maneras de concebir la política que él creía convenía a la región. Tal vez

pudo hacerlo.

La situación varía con la entrada de Pedro de Silva, un político joven, brillante y meticulosamente

laborioso, pero que carece del liderazgo y el respeto del partido de que gozaba Rafael Fernández.

Algún sector de la Federación Socialista Asturiana (FSA) define la conducta mantenida hasta ahora por

Pedro de Silva como cautelosa, defensiva, matizadora y silenciosa. Y la contrastan con la nueva conducta

que habrá de adoptar, a partir de ahora, ofensiva y de iniciativa.

Y el inicial reflejo deberá ser la formación de su primer Gabinete, en el que previsiblemente estarán

cuatro de los actuales consejeros, Bernardo Fernández, Jesús Arango, Juan Luis Rodríguez Vigil y Juan

Ramón Zapico, con la incógnita que plantea Arturo Gutiérrez Terán.

Este será el primer pulso que deberá librar el candidato con su partido y en el que condicionará hasta

límites tolerables o no su gestión al frente del Gobierno.

Más que el programa, a la postre asumido por él y la FSA, la formación del primer Gabinete será el

reflejo de la fuerza intrínseca de Pedro de Silva dentro del PSOE, del margen de maniobra que le otorga

el partido y de la actitud de Gobierno que vaya a adoptar, si ofensiva e imaginativa si cautelosa y

matizadora.

El criterio válido para conducirse en la cosa política asturiana desde ahora es que la «era Rafael» ha

terminado.

 

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