Autor: Miguel, Emilio de. 
 Modos electorales. 
 Los programas     
 
 Arriba.    20/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

MODOS ELECTORALES

(I) Los programas

EN cuanto al contenido programático de los diversos grupos políticos sería conveniente ir más allá de los

comentarios tópicos, de los comodines, de Jas frases hechas, de las ideas prefabricadas y de las consignas.

No es válido reducir un programa a una sarta de consignas y lugares comunes. Un programa político no

debe necesariamente reducirse a un recetario de soluciones concretas y claras: tampoco es eso. Pero, de la

misma manera, evitará la enumeración caprichosa y generalizadora, de una serie de vaguedades y

vacuidades. Los programas han de ir a la realidad de los hechos. Todo está tecnificado, todo se puede

prever, todo es ya ciencia. Y si no todo, casi. Por ello será aconse¡able que los postulados e instrumentos

que sirven de reclamo sean presentados de forma sugestiva, racional y sencilla. Se trata de interesar al

ciudadano, al elector. Búsquese para ello la manera de despertar su atención por los métodos —exactos y

no nebulosos— y las fórmulas comprobadas y no hipotéticas- que se dicen postular. La gente quiere

seguridades y certezas. Las cuestiones que abruman al elector son complejas y especializadas. Lo que

tiene de arduo la problemática actual exige atención utilitaria, pragmática. Sería nada deseable enunciar

diagnósticos fantásticos y tratamientos inadecuados. Ningún líder, ningún partido olvidará el tiempo en

que vive y las características qué conforman a ese tiempo. Si se distraen, si confunden esta época con la

de hace una década, medio siglo o el siglo completo, los resultados habrán de ser fatales. Vivimos en un

tiempo de cambio constante, en plena mutación, todos los antiguos valores y los viejos principios son

contestados. Muy poco se salvará: lo que de verdad sea útil y cuente realmente con la preferencia de los

pueblos. Esto es y será así pese a los -políticos. Los políticos pueden colaborar en la transformación

continua que sufren todos los países desarrollados y ,de rebote, como caricatura, los que aún se mantienen

estancados en el subdesarrollo. Los políticos no tienen otra salida que especializarse, estar al día en todo

lo que abarque su potencial intelectual. El político, además de artista sensible, deberá adquirir los dotes de

un científico. Algo de teatro, una pizca de poesía y ciencia, mucha ciencia. Se acabó la era de los *picaros

condes». El electorado espera la oferta del poli-tico. NO olvidé el político de esta hora critica el hecho

contrastado e incuestionable por la sociología y su secuaz la estadística, que al eventual elector, en este

país como en el resto del mundo civilizado e industrial, por múltiples y distintas razones según el lugar y

sus peculiaridades, la política pura y simple ha reducido su interés a límites de difícil encuadre. Podemos

afirmar sin riesgo a equivocarnos que aquello de jpolítica, política y más política! es una solemne

inexactitud, por calificarlo suavemente y no con la dureza que se merece. Los sondeos indican que la

apatía política es todavía grande. Traten de animar al paisaje. La labor de los políticos será contraponer a

esa apatía ideas positivas qué puedan alentar al ciudadano en la participación, que reduzca el

abstencionismo electoral y el grado de despofi-tización. Los programas han de satisfacer las ansias de

renovación que ya no han de aquietarse con los slogans conocidos, insuficientes a todas luces porque se

limitan a un solo orden: el político, y como máximo a enunciar chapuceramente indefinidos remedios.

Los programas han de contener algo más que referencias y han de tocar todas las esferas de la vida de una

saciedad en cambio permanente.

Emilio DE MIGUEL

 

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