Autor: Baón Ramírez, Rogelio. 
   Semblanza humana-anecdótica de Manuel Fraga     
 
 Alianza Popular.    13/06/1977.  Página: 1, 3-5. Páginas: 4. Párrafos: 40. 

Lunes, 13 de junio

SEMBLANZA HUMANA-ANECDOTICA DE MANUEL FRAGA

FRAGA EN VITORIA. LOS ENEMIGOS SIN CAPACIDAD DIALÉCTICA SIEMPRE

TRATAN DE ATACAR POR ESE LADO. MANUEL FRAGA LO HA REPETIDO HASTA

LA SACIEDAD: «YO ESTABA EN ALEMANIA EN AQUELLOS MOMENTOS»

LOS PROBLEMAS DE LOS MAS NECESITADOS SIEMPRE HA ESTADO PRESENTE EN

EL ANIMO DE MANUEL FRAGA. LA EMOCIÓN SE REFLEJA EN EL ROSTRO DE LOS

HOMBRES; EL UNO, POR ESTAR EN CONTACTÓ CON EL DOLOR AJENO Y EL

OTRO POR SABERSE ASISTIDO FRAGA HA RECIBIDO,: A LO LARGO DE SU VIDA, GRAN

CANTIDAD DE PREMIOS Y DISTINCIONES. UNA DE LAS MAS SIGNJFICATIVAS POR LO

OUE TIENE HOY DE ANÉCDOTA, ES LA QUE LE OTORGO LA REVISTA «LA ACTUALIDAD

ESPAÑOLA» EN EL AÑO 1976. FRAGA: QUEDO EN PRiMER LUGAR DENTRO DE LA

CLASIFICACIÓN DE «,25 POLÍTICOS PARA EL FUTURO. ¿UN SÍNTOMA-?

FRAGA TOMA UNA TAZA DE CAFE, TRAS SU PARTIDA DÉ DOMINO, DEL QUE ES

UN GRAN JUGADOR Y AFICIONADO. UNA MESA, ENTRE PARTIDA Y PARTIDA, ES

UN BUEN LUGAR PARA CONOCER A LA GENTE Y SUS PREOCUPACIONES. UN

JUEGO DEL PUEBLO PARA UN HOMBRE SENCILLO NO SOLO SE BRINDA POR ;

SINO POR UNA BELLA MUJER ASPECTOS AMBOS QUE NO PUEDE DEJAR

PASAR UN CABALLERO ESPAÑOL

Querido lector (y acaso elector}:

Imagino que cuando leas este boletín electoral ya tendrás formado criterio sobre a quién (partido o

coalición) vas a votar; no importa. Sin embargo, pretendo que leas esta carta-reportaje escrita por un

colaborador y amigo de Fraga, que le conoce muy bien, y aspira a transmitirte sus conocimientos —un

conjunto de anécdotas y «detalles»— configuradores de su personalidad púbiica y privada.

Ni me he decidido a revelar estas cosas que te cuento, en tono desenfadado y desmítificador, ha sido para

salir es paso de agresiones y ataques a la forma de ser de Fraga que producen muchos enemigos o

adversarios sin pararse a pensar si dicha campaña se les puede volver en contra como expresión de su

falta de ética. Es lo cierto, ademas que una imagen como la suya, tan atacada y denostada jamas se ha

abierto camino con tanta facilidad entre quienes le atacan. Acaso sirva la conclusión castiza: «Que hablen

de uno, aunque sea mal.» Ciertamente, el propósito de este trabajo es el de presentar a Fraga, primer

candidato de Alianza Popular por Madrid, traspasado de humanidad, tal como es, sin intermedíanos de

ningún tipo y merced a la narración atrevida de un gregario suyo (o doméstico) que intenta un último

«tirón" en esta alocada carrera electoral. En este «sprint» los españoles construimos historia, y la

anécdota, según dijo Winston Churchill, ¿instituye un pequeño y reluciente juguete historico» que permite

radiografiar a su protagonista.

LA dueña del «Washington Post», Mrs. Grahan, todo un carácter capaz de contribuir a lo destitución de!

presidente Nixon, me preguntó muy interesada sobre Ia definición de Froga como político durante una

cena en el restaurante Jockey. Influenciado por el sitio, mi respuesta fue una «volea»; «Es todo un pura

sangre de la política.» La dama rió complacida, como asintiendo, y añndió más o menos que en política

aquella es una buena condición cuando hay campo para correr. A Fraga, quizá por su activo

acometividad, se le oponen más obstáculos que a los demás, y para sortearlos, sin tocar ios listones, hace

falta una cintura de corista y el resuello de un fondista. Pero retroceder, jamas. Su espíritu, conforme ha

dicho Ricardo de la Cierva, es inextinguible, porque siempre mira adelante; Fraga no declina, no se

arredro y sigue en su idea de ir hacia adelante aun a costa de dejarse tirones de piel en el cáramo. Ahora

bien, de malicia, ninguna. Si mira siempre de frente es porque no se vence. Patricio Lumumba inició la

captura del blanco en el Congo belga porque los blancos perdían el culo en lanchas y barcas rio abajo del

serpenteante Congo. Y así diio: «Los blancos huyen, luego son objeto de persecución.» Fraga se detiene y

no se esconde ni retira aunque sea por estrategia. Cuando aceptó el Ministerio de la Gobernación, muchos

amigos le dijeron que ese Departamento, con los problemas de orden público tan grandes, le «abrasaría»

políticamente. Y contestaba que no hay ministerios que quemen más o menos si lo que no se extingue es

el espíritu de servicio al Estado. En estos días, como se comenta que Alianza Popular no alcanzará la

minoría más numerosa en las Cortes, replicará: «Pero habremos construido un sólido partido para el

futuro.»

UN ALDEANO DE LA FRAGA GALLEGA

El es de origen humilde, de una familia de campesinos gallegos. Cuando evoca recuerdos dé su infancia,

Fraga casi se emociona, con sentido admirativo hacia sus padres, emigrantes a Cuba desde el inicio del

matrimonio, del que nacerían doce hijos, el mayor de ellos Manolo. Lo que no cuenta Fraga es posible

que sea por no ver perturbada su intimidad, es que fue maestro de su padre en la instrucción elemental.

Manolo le dio clases justificando el aforismo de Valéry: «No son los padres los que hacen a los hijos, sino

los hijos a los padres.» Y es que Fraga ya estaba en el itinerario de su compacta formación universitaria

que le llevaría a ser «número uno» en cuanto se ponía. ¿Puede considerarse o Fraga un gallego de pura

cepa? Entiendo que no. Admite —con cierto prurito de orgullo— ser gallego por padre y navarro por

madre. De aquí esa combinación de agudeza y perseverancia. Hace poco tiempo, con ocasión de

confesarle yo que le había llamado «aldeano llegado al Olimpo de la Cultura», me cortó y me dijo: «Soy

un aldeano y no puedo negarlo.» A pesar de vivir en la ciudad, de ser un capitalino al que no dejan

abandonar el despacho, aprovechará cualquier fin de semana o día de fiesta para escapar al campo. Es el

retorno a la Naturaleza para empaparse de oxígeno. Creo que su afición a la caza y a la pesca es un puro

pretexto para patear el campo, escalar repechos y vocear de una ladera a otra. Si está de vacaciones o,

como cuando era embajador en Londres, tiene tiempo libre, su afición es la de pasear con un improvisado

garrote en campo abierto o, en la ciudad del Támesis, con el paraguas por Hyde Park. Me cuentan —a

esas horas yo no ejerzo— que en verano sale de su casita («La Dorna», allí en Perbes) de madrugada con

alguno de sus hijos y, tras correr por la playa, se echa al mar en una barquito hasta el mediodía. De lo

contrario, con una tabla de gimnasia va listo.

UN HOMBRE DE ACCIÓN

Corría el mes de diciembre de 1976 cuando me citó, un domingo por la tarde, para que me fuese á trabajar

con él, en Gobernación. Prevenido por mi familia del sitio al que iba —y más con quien iba—, traté de

sustraerme a su deseo. Y es que me mosqueó un tanto que me dijese en el curso de la conversación que

sabía que gozaba de buena salud. Por eso le argüí que me resistía a trabajar con él porque, además, yo le

había insultado en público. «¿Y qué dijo usted de mí?», preguntó. «Pues... —contesté— que era usted un

voceras.» En vez de enfadarse se rió estentóreamente y afirmó: «Esa sinceridad le honra mucho.» Y me

dedicó su último libro. Después, a lo largo de los días, comprendí que fundamentalmente era un hombre

de acción, cuya única partitura es la de trabajar por España. Su único desayuno, salvo excepciones, es un

vaso de agua, y, ¡hale!, a trabajar en los mil asuntos cotidianos. Si está de viaje, aun con su escasa dieta

de sueño, trabaja en el coche, avión o tren, leyendo o escribiendo según que la estabilidad del vehículo le

permita esto último. En su trabajo —en a prosa de sus textos—se adrierte que sacrifica la brillantez en pro

de la eficacia y rapidez. Me viene a la memoria una simpática anécdota definidora de su viveza como

activo observador. Durante la primavera del 76, azuzados todos por la ola de huelgas y manifestaciones,

los periódicos sólo se hacían eco. de estos conflictos dejando a un lado las noticias humanas y amenas.

Como quiera que en un parte de Seguridad leyese, a su velocidad, que dos extranjeras se habían

remojado, despelotadds, en la fuenfe de La Cibeles, me llamó para dolerse de que ningún periódico

madrileño recogiese aquella noticia de «striking». Con sentido de humor me dictó unos datos, bien

jerarquizados periodísticamente, y los pasé a la redacción de un vespertino amigo, que publicó al día

siguiente la noticia en primera página. Su actividad dominadora se nota en todo y quienes hemos

trabajado con él, pese a tener iniciativa en lo accesorio, debemos seguir su batuta hasta culminar lo que se

pretenda. En campaña electoral ha desarrollado un esfuerzo inigualable: casi doscientos mil kilómetros,

más de doscientos mítines, la publicación de tres libros, la redacción de varias decenas de artículos y

discursos, incontables cartas, miles de entrevistas y reuniones a veces aburridísimas.. Como su enemigóos

el sueño, su dieta de cama se ha visto reducida a cuatro o cinco horas; por eso al anochecer se le

exterioriza el cansancio. Y de «fragancia», nada. Es dormilón, pero ese placer le está vedado, y no

digamos para la siesta. Me ha parecido adivinarle en su expresión qué le gustaría decir como Unamuno en

más de una ocasión, cuando le reprochaban que dormía mucho: «Sí, sí, pero cuando no duermo, estoy

más despierto que usted.»

UN HOMBRE LIBERAL

Los detractores de Fraga —ignorancia o mala fe— le tildan de autoritario; y con ello le «santifican». Es

un hombre tímido, cuyo carácter tosco es una pura y simple coraza. Confunden a las claras sus zafias

maneras con una actitud liberal, gran permisibilidad y hechos que lo demuestran. Muchos de sus

intorlocutores se cabrean porque dialécticamente es imparable, si bien respeta las opiniones de los demás.

Se ha entrevistado con todos los grandes líderes de la izquierda (de ello saben Jose Mariuel Otero Novas;

y Carlos Argos), y es proverbial, al margen de ideologías, su amistad sincera con Tierno Galyáh, Ruiz-

Giménez, etc. A Felipe González le conoció en casa de Boyer y sacó una grata impresión del ¡oven

abogado sevillano. Algún día contaré aquella entrevista, en la víspera del primero de mayó de 1976; si me

ayudan en la narración Enrique Múgica y Carlos Argos, amigos y entretejedores de las no malas

relaciones Fraga-PSOE. Entiendo que o Felipe no le disgusta Fraga pese a que, de cara a sus respectivas

clientelas, sé zahieran con «puntadas» ingeniosas. Felipe González, en un no muy lejano mitín, dijo de

Fraga: "Es un caballero, pero que entra en los sitios con el caballo.» Tengo la convicción de que quienes

encabritan las relaciones derechas e izquierdas son los bases, los militantes de fila, porque los líderes se

respetan e incluso estiman. Con motivo dé la operación oftalmológica que sufrió Tierno Galván

desprendimiento de retina; Fraga estaba como un león y, -dentro de su preocupación, todo era recomendar

a Romay, subsecretario de Gobernación, que su arrugo y colega Tierno, tuviese un excelente trato en el

Instituto Oftalmológico, dependiente de la Dirección General de Sanidad. Del presidente Suárez, a un

sabiendo qué son adversónos en estas elecciones, jamás Fraga ha tenido.un comentario inrnisericorde.

Cuando la crisis de julio alguien señaló que Fraga no podría continuar como ministro, porque Suárez

había sido un subordinado suyo en calidad de jefe de la primera Cadena de RTVE. Como advirtiera en

este interlocutor cierto tufillo peyorativo, Fraga cortó en seco diciendo.: «Éso no, puede ser un buen

presidente.» Los colaboradores de aquél, en mi opinión, han deteriorado, en cambio, el juicio recíproco.

En suma, Fraga distingue entre «hostes ét enemicus», y siempre, ¡palabra dé honor!, sabe y quiere

respetar al adversario. Si son sus enemigos, son los del Estado, conforme ha proclamado múltiples veces.

LA ESPONTANEIDAD LE HACE SIMPÁTICO U ODIOSO

Quiza en otros tiempos. Fraga incumpliese ese aforismo gallego de «dar un paso más largo qué su

pierna». Hoy, dotado de madurez y prudencia, se manifiesta más cauteloso, aunque sufre traiciones al

dejarse llevar por la espontaneidad. En la Intimidad, Fraga suelta algún taco que otro, arrastrado por ese

arranque espontáneo. La víspera del primero de mayo de 1976 se iba a celebrar la presentación, en un

hotel madrileño, de la revista «Historia 16» Con su representación, me tocaba a mí ir al acto. Pero mira

por donde que la Dirección General de Seguridad lo había prohibido sin saberlo Fraga, pues se halla

reunido en Consejo de Ministros. A su regreso te enseñé un periódico dé la tarde con la noticia-de la -

prohibición, y íe conté que «dudosamente podio representarle». Contestó como por automatismo: «¡Coño,

sólo fatába eso, usted me representara.» La pre. senfación de lo revista se celebró, y por ahí anda en los

quioscos. (En mejor momento, acaso en un libro, hable de íngratitudes personales, deslealtades y felonías

de muchos que le deben casi todo. Si no lo hago ahora es porque Fraga, pese a esas traiciones, no me

consentiría denunciar a los que él llama «amigos del alma».) La espontaneidad de su vitalismo—asi lo

sostengo— (e acuciá a exteriorizar sy pensamiento o a actuar rápidamente. Lo mismo te dice (como á mí

una mañana, cuando me quejaba de lo mucho que trabajábamos) «si en vez de Gobernación tuviese

Justicia, este ministerio lo llevaba yo en dos horas al día», que despide bruscamente á una visita arrogante

y pesada con un habano y un libro. Y seguramente que los amantes de la lisonja´ y de lo falsa amabilidad

oyen lo rnúsica de Fraga, pero rio entienden la letra. Hay comicidad en esas «salidas», cuando dice; «Yo,

por esto idea (la defensa de la pena de "muerte para los crimines a sangre fría), soy capaz de romperle a

usted lo pipo que está fumando», o cuando ocurrió el hecho qué paso o narrar: "Fraga ero testigo de boda

de uno hijo de Paco Jiménez Torres, y paro acudir a lo ceremonia tenío que cambiarse de ropa, el traje de

calle por el chaquet. Entretanto, estaba en lo operación de cambio en el gabinete de su despacho sonó

repetidamente él teléfono rojo y la secretaria, la inteligente María Antonia, corrió a descolgarlo. Justo en

ese momento apareció junto al teléfono Fraga, pero en calzoncillos. La secretaria se retiró ruborizada y

riendo.

SU LEGENDARIA MEMORIA

Que su memoria es una vigilia de su capacidad intelectual, nadie lo duda. Ahora hiérrese memorión,

ayudado por-´jo ró-pida imaginación, le obstaculiza para hablar con soíturay «s-pacicdamente y

vocalizando. Por eso no es buen orador y hasta estrella las palabras oí proferirlas. Se trabuca o las dispara

a borbotones y lo gente no se entera plenamente; sino de íos finales de frase. Si he tratado de corregirle,

me hq hecho caso un momento, luego se le olvida y prosigue su perorata a velocidad de vértigo. «Mi

querido aimgo —dice—, genio y figura hasta ta sepultura.» Como la oratorio de -improvisación no es su

fuerte, prefiere el discurso con «contable», leído. Se cuentan muchas anécdotas acerca de esa potente

memoria, mas creo que son de segunda mano. Mi experiencia me conduce a una singularmente reciente.

Estaba convocado paro un programa televisivo «El Gobierno informa» y, en mi calidad de jefe de los

Servicios Informativos de Gobernación, le preparé un «dossier» con información sobre la actividad que

desarrollaban las direcciones generales no políticas. Le bastó medio hora o menos paro almacenar en su

memoria cantidad de datos que luego repitió, de formo motivada, en lo ruedo de Prensa. Comprendí

entonces que en las oposiciones fuera un rival de primer rango

UN JEFE DESPISTADO

De la misma manera que es diligente y trabajador indomable, sus «despistes» sobre los hechos menudos,

sobre la realidad social, a veces son de carcojada; Guarda todos los. recortes de Prensa referidos a su

persona, con vistas, imagino yo, o publicar un día sus memorias para susto de muchos. En plan

«hormiguita» lee y recorta periódicos y revistas, y particularmente los chistes y caricaturas, de los que

tiene una formidable colección. Aunque sean dibujos de escarnio, no le parecen malos y,

comprensivamente, siempre repite que el celtíbero es yn ser para el humor. . Las revistas jamás han

recibido una queja, al contrarió, muchos dibujantes le dispensan el honor de regalarle sus originales.

Volviendo a su despiste, por culpa de ver poca televisión, su familia rió con ganas aquella vez que la

revista «Por Favor» lo sacó en portada con una foto trucada en la que aparecía vestido de Heidi. Al

comentarlo con sus hijos les dijo: «Mirad, me han sacado vestido de Caperucita Roja.» Para Fraga, Heidi

y Caperucita Roja eran poco menos que hermanas ae-melas. En lo tocante a dinero, y ello es prueba de su

modesta vida, no distingue el valor adquisitivo de las monedas, y de aquí que dé propinas exageradas con

arreglo a sus limitados ingresos de catedrático. Es la extensión práctica de su acendrada honestidad.

Como no tiene automóvil propio (el que tenía lo tuvo que vender), se sirvió de taxis, y más de un

profesional .de este sector corroborará cuanto digo. Desde que se temió por su vida, debido a las

amenazas de ETA y otras organizaciones comunistas, Alianza Popular no le ha permitido «andar tan

suelto», y ahora es esclavo de viajar en un automóvil especial. A su hija mayor la Guardia Civil de

Tráfico le impuso una multa por infracción del Código, y Fraga, sin privilegio de ser ministro de la

Gobernación, se avino a pagar como debía ser. Su secretario particular, señor Blanco Argibay, no sabía

qué hacer con la notificación de sanción y le aconsejamos que Se la pagara al director general de Tráfico

en persona. Resulta que la multa, por virtud del indulto regio que se concedió en la coronación de Don

Juan Carlos, había sido condonada. Había que ver —de lo que fui yo testigo presencial— con qué alegría

infantil Fraga sacó su billetero y se guardó las 500 pesetas de la multa.

A VUELTAS CON LA TERNURA

Cualquiera diría, si se deja conducir por ía apariencia, que Fraga tiene una epidermis de rinoceronte,

insensible a los negocios del microcosmos. Ni mucho menos. Su predisposición al papel de «duro»,

conforme pueda exigirlo el calendario zaragozano, multitud de veces se viene abajo y se manifiesta tierno

como un mozalbete. Para él, ductilidad, afabilidad, obsequiosidad, no adornan lo suficiente a un político

moderno que ha de estar en el obrador adoptando decisiones antipáticas y enérgicas. Que a; un político de

su talla le lleven las maletas, le pongan el abrigo o le abran la puerta del coche es algo obligado. Pues

bien, él siempre se siente un poco avergonzado por dicha liturgia cortés. La literatura clásica la ha

recorrido en sus obras fundamentales y, del mismo modo, conoce la antología de compositores célebres,

aunque no esté dotado exquisitamente para Ja música. En cambio, tanto el devenir de las Bellas Artes

como la Historia son sus aficiones favoritas. Procura habitualmente celebrar reuniones —almuerzo o

cena— con profesionales de las artes y oficios y de este modo se pone al día de la información vertida por

los labios de los propros interesados. El contrapunto de sus ausencias informativas en lo tocante a

novedades artísticas, no obstante, lo proporciona su encantadora mujer, María del Carmen, ávida

permanentemente a la actualidad del mundo contemporáneo. Abundar en puntos hagigráficos facilonés

trucaría el objetivó de esta carta-reportaje, pero no puedo desdeñar el relato de un hecho que protagonizó

Fraga en Las Hurdes ante Gabí Cisneros, Bravo Morate y el periodista, así como ante otras personas

desconocidas. El sol se había levantado entre nubes y soplaba una brisa gratificadora cuando la caravana

llegó al Cottolengo, institución sanitaria habilitada y atendida franciscanamente por unas monjas de otro

mundo. Los enfermos se alineaban en el patio para estrechar la mano a : Fraga. El final del recorrido era

la capilla. Y como un meteorito, el ministro se coló en la iglesuca. Allí, en la primera fila, Fraga comenzó

á llorar entre convulsiones, como un pecador contrito, y Gabi Cisneros y yo nos miramos aturdidos. El

padrenuestro que rezó Fraga frotándose los ojos con un pañuelo me sonó a diálogo de Cristo y Don

Camilo. Al salir «Torbellino» Fraga quería escapar por la terraza para que no viésemos sus lágrimas, que

le delataban como a un hombre tierno. Luego todo fueron promesas, que comenzó a cumplir

en Madrid: caminos, material sanitario, etc

LA GUINDA ULTIMA

A! escribir largo le asalta a uno eso de poner la guindo en lo más alta. Sufro la tentación y no la soporto

en la inteligencia de que todavía he de escribir mocho de Fraga, en un libro mediohecho, que verá la luz

cualquier mes de éstos, con confesiones .irritantes —lo aseguro— y con documentos para espasmo de

viejos lobos y cochorros de la política. Hoy, sin embargo, querido lector (o elector), he penetrado de

puntillas en -la personalidad de Fraga y con ello me basta. El que quiera que indague, se cerciore de

cuanto he escrito y, de lo contrario, que, busque programas de mano en otro lugar.

Cordialmente,

Rogelio BAON

 

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