Autor: Fuente y de la Fuente, Licinio de la. 
   Una ideología social     
 
 Alianza Popular.    13/06/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

LICINIO DE LA FUENTE,

UNA IDEOLOGÍA SOCIAL

Lunes, 13 de junio

Página 7

"CREO firmemente que si alguna idea puede definir predominantemente el sistema jurídico, social y

político, sobre el que debe organizarse la CONVIVENCIA NACIONAL, es, precisamente, esta idea de la

COOPERACIÓN entre todos; que constituye la raíz y la fuerza del movimiento cooperativo. Su esencia

no es otra que la de TRABAJAR JUNTOS UNIR ESFUERZOS, COORDINAR (VOLUNTADES e

INTERESES DIVERSOS para un mismo fin y el logro de unos objetivos generales.»

«Todo proyecto de democratización social lo .primero que pone a prueba es el espíritu realmente

democrático y el talante liberal de sus protagonistas. De nada servirán las grandes frases, las apelaciones

al pluralismo y la exaltación de las libertades democráticas y del contraste de las di versas opciones

políticas, si no estamos dispuestos desde nosotros mismos a ser tolerantes, a comprender a los demás, a

aceptar que hay otras verdades además de las que nosotros consideramos como absolutas, y otros

intereses, además de nuestros propios intereses, y que entre todos hemos de hacer el esfuerzo necesario,

primero para comprender luego para dialogar y, finalmente, para encontrar puntos de entendimiento y

soluciones equilibradas a los problemas de nuestro pueblo, por encima de las posiciones co—? prestas.»

"Las promesas desorbitantes al igual que las grandes palabras, pasan siempre al reino de las utopías, al

que yo califico como el más amargo de los fraudes políticos, porque no encuentro nada más doloroso que

levantar falsas esperanzas irrealizables... en un pueblo tan necesitado como el nuestro de diarias

realidades efectivas, que levanten de verdad sus viejas desesperanzas.»

«Por otra parte he dicho también con reiteración, que no puede haber democracia auténtica si no se

asienta sobre firmes apoyaturas de oportunidades dé promoción real y de PARTICIPACIÓN EFECTIVA

de todo el pueblo, sin discriminación alguna.»

«Hay quien opina que ios momentos dé crisis no son los rnás apropiados para los avances sociales; a mí

me parece, por el contrario, que los objetivos sociales adquieren entonces trascendencia singular dentro

de la acción política, porque en tales momentos los primeramente afectados y sacrificados son los más

débiles, si no hay una acción política social vigorosa que contrarreste y compense las consecuencias más

inmediatas de la crisis. Ello explica la congruencia de esa preocupación especialmente social del pre-

supuesto que ponía antes de manifiesto el señor ministro de Hacienda.».

«Estamos viviendo un tiempo que requiere de todos rigor, sacrificio y esfuerzo, porque sólo así podremos

evitar una paralización total de nuestro crecimiento económico; y hemos de evitarlas, sobre todo, porque

de este crecimiento depende el empleo, el salario, la Seguridad Social y las condiciones de trabajo de mi-

llones de españoles. Y eso es lo verdaderamente importante. Por ello hay que preocuparse, en la hora

presente, no sólo de ampliar los cauces de nuestra participación política, no sólo de sostener el ritmo de

actividad económica al mayor nivel posible, de defender nuestras RESERVAS DE DIVISAS o de

sostener la fortaleza de nuestra moneda. Hay que sostener, a la vez, como necesidad más apremiante que

ninguna, la posibilidad de vida y de promoción social de los españoles; y HAY QUE DEFENRER LA

MAS IMPORTANTE DE LAS RESERVAS DE UN PAÍS. QUE ES EL TRABAJO.»

«Pero creo que es conveniente que despejemos del pía-no de la política social cualquier sospecha de

recelo ante la LIBERTAD y el DESARROLLO POLÍTICO. O somos capaces de abrir las vías para

realizar la dramática esperanza de libertad y de justicia de las grandes mayorías, o su desesperanza se

transformará en rebeldía, cuyos efectos el mundo entero está empezan-•do a experimentar. Creo que, sin

transformación social, será siempre limitado al desarrollo efectivo de la LIBERTAD; pero, sin libertades

políticas, la política social, en una situación no revolucionaria, se anquilosa y se estanca, y corre además

el riesgo de entenderse bajo fórmulas PATERNALlSTAS, siempre insuficientes para profundizar en la

medida necesaria en la justicia social.»

«Me importa que queden claros estos conceptos, sobre todo para salir al paso de interpretaciones

aparentemente confusas. Pues hay quienes, para defender a toda costa la llamada «democracia política»,

sostienen que hablar junto a ella, de justicia social, equivale a una excusa, a un pretexto, para retardar las

libertades públicas; y también hay quienes al poner énfasis en los planteamientos sociales parece que

desdeña de alguna forma la dialéctica de la LIBERTAD. Precisamente las libertades políticas dan al

pueblo una fuerza con la que éste puede compensar la fuerza de la cultura, de la posición social y de los

resortes económicos de las minorías privilegiadas. Pensar que quienes tieren el poder económico o el

predominio social se van a desprender de su posición ESPONTÁNEAMENTE, es, a mi juic´o, vivir mera

de la realidad. El paternalismo la reforma social por la vía de la concesión gratuita o de la donación,

experimentalmente ha constituido un esquema político utópico. O la reforma social se hace por la vía de

la revolución en determinados momentos, o se hace por la vía del PACTO SOCIAL, y a ese equilibrio

pueden contribuir la promoción social, la igualdad real de oportunidades y de cultura y, desde luego, y en

forma decisiva, el desarrollo de las libertades políticas del pueblo.»

«Yo quisiera que viéramos la democracia social en un entorno en que no hay contraposición, sino

armonización, con la democracia en lo económico y con la democracia en lo político. Creo que se trata de

tres dimensiones de una misma realidad, de una realidad única, que será tanto más rica cuanto más

desarrolladas y equilibradas estén estas, tres dimensiones de la verdadera democracia, ya que cada una de

sus expresiones debe estimular a las demás.»

«A éste respecto, bueno será insistir, una vez más, en que los presupuestos de la JUSTICIA SOCIAL no

se re fieren, desde luego, tan sólo a temas como los salariales, de asistencia sanitaria o de formación

profesional, por ejemplo, sino que incluye decisivamente Ja LIBERTAD. La «democracia social» exige y

reclama, pues, la «democracia política». Quiero que sobre este punto no haya equívocos, como no quiero

que los haya sobre los fines para los que postulamos la democracia política, entre los que ocupan lugar

preferente el conseguir una mayor democracia social y una mayor democracia eco-nómica, ya que, para

nosotros, el objetivo final de toda acción política no puede ser otro que el de lograr una sociedad más

justa y un hombre cada vez más libre y con mayor participación en todos los aspectos de la vida

comunitaria.»

(De su discurso en las Cortes Españolas, el 18 de diciembre de 1974, al presentar en ellas la nueva LEY

GENERAL DE COOPERATIVAS.)

 

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