"Franco, uno de los más grandes Jefes de Estado", dice Monseñor Fulton J. Sheen  :   
 Un artículo de Harols Lord Varney en la revista. 
 ABC.    04/12/1959.  Página: 35-36. Páginas: 2. Párrafos: 19. 

ABC. VIERNES 4 DE DICIEMBRE DE 1959. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG, 35

«FRANCO, UNO DE LOS MAS GRANDES JEFES DE ESTADO», DICE MONSEÑOR FULTON J.

SHEEN

Un artículo de Harold Lord Varney en la revista "American Mercury"

La revista "American Mercury" no necesita, presentaciones. Es de esas seis u ocho publicaciones de

diverso origen que "pesan", por decirlo así, en los círculos políticos del mundo entero. Vinculada a una de

las más poderosas organizaciones informativas de los Estados Unidos sus palabras se escuchan y

trascienden; las gentes aguardan a conocer sus opiniones.

"American Mercury" habla también de España, porque España siempre es noticia. Nunca dejó de serlo,

por una u otra razón, con tal o cual pretexto: pero antes que nada, por el abrumador hecho real de que

España está ahí, en Europa, y en el corazón del mundo cristiano occidental. Mas, por si ello fuera poco,

porque España es desde hace veinte años el baluarte inconmovible, precursor y ejemplar dé una postura

bien definida, en estos tiempos de confuso discernimiento, ante la gran amenaza del comunismo

soviético.

La firme actitud del Jefe del Estado español, con el respaldo de su pueblo, dejara huella en la historia de

este siglo. Este es corolario que se infiere también de un amplio y documentado trabajo que "American

Mercury" publica en su último número, enderezado principalmente a señalar los indicios que advierte de

nuevos manejos subterráneos contra España, cuyos podramos afloran ya por varios meridianos.

"Todo hace suponer—dice "American Mercury"—otra maniobra "liberal". "Después de veintidós años de

Gobierno progresivo y responsable"—añade—"la abigarrada alianza de comunistas, socialistas,

anarquistas, liberales, etc., a quienes Franco desbancó en 1939, han salido de sus escondrijos y están

declarando otra ofensiva contra el silencioso hombre del Pardo".

La revista americana no lo menciona, pero nosotros podemos apostillar: Ante el fortalecimiento

económico del país, ante el recrecido prestigio interno y exterior del régimen, ante los brillantes éxitos

diplomáticos más recientes, ante la resonancia de la voz de España en el concierto de los pueblos de

Occidente, el enemigo resentido y tenaz que es el comunismo vuelve siempre con irreprimible querencia,

como viejo delincuente, al lugar de sus fechorías. Vierte oro e intriga. Suscita ambiciones, promete

quimeras y urde con rara habilidad, en la que es maestro, las más peregrinas confabulaciones. Y cuando el

caso lo requiere, con tal pericia que ni sus propios peones sospechan la tramoya de semejante actuación.

Sin embargo, lo que más alarma quizá al "American Mercury" es que por tales manejos pueda

"reblandecerse" la opinión pública norteamericana, hoy liberada en muy alto grado de viejas e insidiosas

propagandas. Denuncia a este respecto el proceder de algunas personas recalcitrantes, acérrimas en su

adscripción a posturas llenas, por lo menos, de lamentables prejuicios. Cita, entre otros, al representante

Charles O. Porter, contumaz opositor en cuanto se refiere a la concesión de fondos para la ayuda a

España; a Herbert L. Matthews, del "New York Times"; a Hughes, Grant y otros obstinados en antiguas

líneas de conducta, a los que la revista califica de anticomunistas. Pero como se trata de voces aisladas,

que son bien conocidas por sus pertinaces campañas contra todo movimiento anticomunista—las del

"aplaquemos a Rusia" les llama el "American Mercury"—, la revista norteamericana fida mayormente su

atención en "las figuras socialistas europeas desacreditadas, que han estado jugando a un Rip Van Winkle

durante más de una década y están empezando ahora nuevamente a manifestarse contra España".

Refiriéndose al partido laborista inglés y a su permanente animosidad´ contra el Régimen español desde la

victoria en 1939, "American Mercury" dice: "Durante la guerra civil española el ex primer ministro

laborista Clement Attlee fue fotografiado saludando a los comunistas cuando visitó España. Hugh

Gaitskell y Aneurin Bevan están llevando a cabo todavía la venganza." Y expresa a continuación su

creencia en el influjo del laborismo en la política exterior británica. En algunas ocasiones, como en las

propuestas de admisión admisión, aclaramos, que nunca fue solicitada por nosotros—de España en la O.

T. A. N.—"American Mercury" cita que él Congreso de los Estados Unidos "ha votado hasta, la fecha

treinta y dos resoluciones pidiendo la inclusión de España en la Organización del Tratado del Atlántico

del Norte—y "aunque está favorecida por Eisenhower. De Gaulle y Adenauer, Inglaterra permanece

inflexible".

"Lo que los "liberales" y los socialistas esperan conseguir con la exclusión de la más firme potencia

anticomunista en Europa de la alianza de seguridad anticomunista de la O. T. A. N., es una cuestión a

dilucidar más bien por psiquiatras que por políticos", comenta el articulista de "American Mercury".

"Sólo el comunismo —añade—puede beneficiarse de semejante actitud irracional del Occidente."

No obstante, el lector español sabe bien que ningún loco ni perturbado conduce las maniobras de

oposición a España. No hay que engañarse por las apariencias, que en buena lógica han de sorprender a

todo espectador, sin excluir a los sagaces comentaristas de "American Mercury". La oculta mano del

comunismo es capaz de llegar hasta conseguir eso y mucho más, con inconsciencia plena de los agentes

ejecutores.

La revista estadounidense analiza los orígenes de la actitud anti-española con gran acopio de datos. "Está

basada—afirma—en la quimera difundida en 1945 de que podemos fiarnos y coexistir con la Rusia

comunista y totalitaria." Según este principio, no cabe la menor duda de que es necesario abatir esa voz

contundente, parsimoniosa y tenaz, que un día tras otro denuncia el error desde la Jefatura de un Estado

europeo; la palabra de Franco, que no dejó de alzarse en toda oportunidad: la actitud insobornable del

pueblo español, que en pacífica manifestación por calles y plazas, como bélicamente, dejó bien sentadas

su decisión y convicciones.

"Las armas utilizadas para destruir a Franco—sigue la revista—fueron de largo alcance. Incluyeron la

imposición de un "boicot" diplomático humillante sobre España que se basaba, además, en sanciones

económicas." A continuación se refiere a las campañas y predicciones fallidas airearas por la Prensa

"liberal" con regularidad persistente. Llamamos la atención del lector sobre el entrecomillado que

"American Mercury" dedica siempre a la palabra "liberal". Es un síntoma y un símbolo al propio tiempo

de la agudeza y competencia política del articulista. Porque, como acaba de proclamar el Episcopado

norteamericano—deliberadamente queremos eludir argumentaciones españolas—, el comunismo y sus

agentes han logrado llevar la confusión mas completa al terreno del lenguaje, por el empleo de vocablos

respetabilísimos con significaciones arbitrarias, siempre capciosas; uso terriblemente dañino cuando no se

camina con precaución por esta senda tortuosa de la vida contemporánea. Así, "American Mercury" pone

una nota de alerta ante sus lectores, cuyos oídos no suelen recoger del vocablo "liberal" los ecos

sospeCHOSOS Que entre nosotros, dotados de más VIEJOS y padecidos tímpanos, suscita tal palabra,

con o sin comillas.

Pero—sigue "American Mercury"—"los castigos estúpidos impuestos por el Occidente tuvieron el efecto

inmediato de consolidar al pueblo español detrás de Franco. Esté pueblo, ultrajado por ese intento de

intervención extranjera en los asuntos españoles, se apretó sus cinturones y resistió. El 1 de diciembre de

1946 se aprobó una resolución en la Asamblea General de la O. N. u. que condenaba al régimen español...

En cuanto a la acción gubernamental que podría tomarse, España fue excluída de la comunidad comercial

de la Europa occidental. Pero el pueblo español permaneció firme".

En fin la conocida historia que vivimos. Que; "AmericanMercury" la exhuma, sin duda, porque juzga

oportuno este repaso. Pasa revista igualmente a la evolución de los acontecimientos y presenta así la

imagen del cuadro internacional en el año 1950» un tanto decisivo porque se comenzaba a estar de vuelta

de esas quimeras, tan sarcásticamente calificadas, con la alusión a Rip Van Winkle:

"Cuando los Estados Unidos examinaron con detenimiento la zona de las naciones europeas occidentales

en las que se pudiera confiar para llevar a cabo el cerco de la Unión Soviética, se dieron cuenta de que la

Europa occidental constituía un vasto campo de vacilantes y conciliadores gobiernos socialistas, o casi

socialistas. La Gran Bretaña, con Attlee; la Francia anterior a De Gaulle; Italia, con su poderosa

delegación parlamentaria comunista... En este mar de indecisión política, solamente España se mantenía

firme y decididamente contraria al comunismo."

Llégase así a un hecho inevitable, aunque previsible, porque la verdad acaba por imponerse y porque la

razón no tiene más que un camino: el Convenio hispanonorteamericano. "American Mercury" describe la

conocida fíase de negociaciones y los rasgos más acusados de la alianza, tan útil para ambos pueblos, y

que patentiza la plena consciencia de sus respectivas y comunes responsabilidades en la hora del mundo.

El comentarista alude a continuación a la admisión de España en la O. N. U., O. E. C. E., etc.. para poner

luego de relieve el sectarismo de aquella corriente "liberal", "que no ha abandonado nunca su fría

malevolencia con respecto al Generalísimo. Pondrían en peligro a todo el mundo libre de Europa antes

que ad, mitir que se habían equivocado cuando se decidieron por uno de los bandos en la guerra civil

española de los años treinta. Incluso el hecho—prosigue—de que Franco ayudó a los británicos y a los

americanos durante la guerra mundial, en lugar de ayudar a Hitler, no cambia nada del tendencioso

veredicto de los izquierdistas". Sobre este particular, "American Mercury" inserta una amplia cita del

testimonio de Garitón Hayes, embajador de los Estados Unidos durante la guerra. en la que se lee:

"Bajo el señor Lequerica, como bajo su predecesor, Francisco Jordana, el Ministerio español de Asuntos

Exteriores, con patente aprobación del Jefe del Estado español, estuvo más a favor nuestro que ningún

otro Gobierno neutral, como Suecia, Turquía, Suiza o Portugal... No sólo nos aseguió, en fecha tan

temprana. como fue el año 1943, de que se uniría a nosotros si el Eje intentaba una invasión dé España...

Nos permitió pasar a través de la Península a más de 1.200 hambres armados, aviadores, sanos y salvos,

sin internamiento de ninguna clase. Permitía el paso y salida a más de 25.000 miembros del movimiento

francés de resistencia, que eran refuerzos para los ejércitos aliados en el Norte de África. Dejó de exportar

material estratégico de guerra a Alemania antes que ninguna otra nación neutral..." Y añade el articulista

por su cuenta: "Si Franco hubiese sido realmente enemigo nuestro y hubiese ayudado al Eje en el

momento altamente decisivo de Ids desembarcos en África, como podría haberlo hecho fácilmente, todo

el resultado de la guerra habría sido quizá diferente."

Puede apreciarse sin esfuerzo el culto a la verdad y el realismo que preside todo el trabajo publicado en

"American Mercury". Pero hay más. La influyente revista, con sensibilidad despierta y ágil, esgrime un

sorprendente argumento demostrativo de la sinceridad política de Francisco Franco. Irrebatible,

categórico, lo expresa así:

"Si Franco se mostrase débil con el comunismo, como lo hacen algunos de sus detractores, Rusia tendría

una carta decisiva con la que atraerle. Esta sería las reservas nacionales de oro español que Rusia guarda,

sin razón, desde 1936." Relata la historia de este expolio. "Quinientos setenta y cinco millones de dólares

en monedas y lingotes de oro", y concluye: "la posesión de ese gran tesoro proporciona a Rusia excelente

punto de apoyo para negociar en el caso de que Franco se decidiera a hacer un doble juego;. Pero en favor

del Caudillo, hay que admitir que él nunca ha modificado, ni siquiera ligeramente, su postura

anticomunista; España estará completamente aislada de ,1a infiltración comunista mientras él

permanezca en el Poder."

He aquí cómo, la revista :"American Mercury" lanza al mundo una prueba más de la acreditada actitud

moral de España ante los bienes materiales, cuando éstos pueden corromper su alma. La primacía que el

Caudillo y su pueblo otorgan a los valores del espíritu es invalidada así, con la exhibición de esta clara

renuncia a especulaciones sobre la restitución de lo que es propio por derecho, antes que Abdicar o

simplemente mostrar tibieza con respecto a convicciones ideológicas.

No puede sorprender a nadie, por ello, que otra voz cuyos ecos rebasan también con mucho las fronteras

estadounidenses, la del famoso .obispo de Nueva York, Ful, ton J. Sheen, haya pódido proclamar, con un

gesto de respeto para Eisenhower, lo que el importante trabajo de; "American Mercury" recoge en su

último párrafo, reproducido a continuación, horro de comentarios que en modo alguno necesita.

."Cuando los del"aplaquemos a Rusia" piden una renovación de la postura hostil a Franco, una voz muy

importante se ha alzado para alabarle por sus realizaciones. Esta voz es ja del obispo Fullton J. Sheen.

Brindando por el gobernante español, ha dicho: "Pido que brindamos por nuestro amigo; el,Caudillo

español, que de acuerdo con mi experiencia personal, puede ser conceptuado, dejando al margen a nuestro

propio presidente, no solo como el menos egoísta, sino como uno de los más grandes, si no el más grande

de los Jefes de Estado del mundo."

 

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