XL aniversario de la fundación de la Falange Española y de las JO.N.S.. 
 "La Falange, motor de la política social del régimen"  :   
 (Fernández Cuesta). 
 El Alcázar.    29/10/1976.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 49. 

NACIONAL

XL ANIVERSARIO DE LA FUNDACION DE FALANGE ESPAÑOLA Y DE LAS J.O.N.S.

"LA FALANGE, MOTOR DE LA POLÍTICA SOCIAL DEL RÉGIMEN"

• "Hemos de estar unidos para defender la verdad de nuestra doctrina, que no es otra que

defender al pueblo español en sus derechos y libertades y los valores permanentes de la

Patria"

• "No olvidemos el propósito que tienen de atomizarnos, de dividirnos, disminuyendo así

nuestro valor político"

"La doctrina de la Falange no es algo petrificado e inmóvil, sino que constituye unos principios

que marcan un sentido permanente ante la historia y la vida"

"La Falange, sin olvidar su pasado, no se encierra en la nostalgia, sino que mira al presente y

al porvenir sin triunfalismos ni complejos de culpabilidad".

"Ante el cambio, la Falange no adoptará una actitud de sistemática e indiscriminada

obstrucción pero sí de crítica constructiva para defender cuanto deba ser conservado".

(Fernández Cuesta)

Desde hace 40 años, los falangistas se reúnen tal día como hoy para renovar, todos juntos, la

fidelidad a su ideario y la vigencia de su doctrina. Y el proyecto, nunca claudicado, de una

revolución terminante y definitiva para España. Al hilo del discurso fundacional, entre esas

constantes de expresión y rigor conceptual que nutren el pensamiento falangista, los hombres

de camisa azul definen sus coordenadas. Este año, con la profunda y significativa innovación

que representa el marco del Palacio de Congresos. La Falange, a la intemperie, busca en el

rescoldo de su vieja doctrina y en el mensaje de sus mejores las pautas que han de convertirla

en fuerza viva y operante capaz de alcanzar las más altas empresas. Sin privilegios, sin

mediaciones pero sin prejuicios de ningún tipo, la Falange comparece de nuevo a la luz pública,

con el propósito de hacer valer sus principios ante la nación como respuesta válida a sus

problemas. Una nueva Falange recobrada, auténtica y actual, que enarbola, entre la savia en

gran parte inédita de su programa, la implacable elocuencia de un testimonio de sacrificio y de

permanente servicio al pueblo español.

Durante el acto conmemorativo de hoy, don Raimundo Fernández Cuesta pronunció el

siguiente discurso:

Una vez más, nos reunimos para conmemorar la fecha histórica en que José Antonio Primo de

Rivera fundara la Falange Española, y lo hacemos, no en un acto oficial, sino de auténtica

camaradería.

Cuando José Antonio, en el Teatro de la Comedia, dijo en su discurso «Ya está alzada la

bandera, vamos a defenderla alegremente, poéticamente», no podía pensar que 43 años

después, los seguidores de su doctrina podían pronunciar casi exactamente sus mismas

palabras: Ya está de nuevo alzada la bandera, vamos a defenderla alegremente,

resueltamente.

Aquél discurso de José Antonio sin tópicos ni lugares comunes, constituyó el más formidable

alegato crítico del estado liberal y del socialismo marxista, y definió una nueva filosofía política,

que vino a romper la que hasta entonces y desde hacía muchos años, inspiraba la vida política

de nuestra Patria.

UN ESTILO DE VIDA

En aquel discurso, el más clásico y perfecto de los muchos buenos que pronunciará, el que

tuvo mayor valor absoluto y menos circunstancial, José Antonio, sin embargo, no había llegado

a desprenderse de su estilo de hombre formado en el estudio, el bufete y el cenáculo literario,

pero a partir de esa fecha, José Antonio se curte en la pelea, lucha en la calle con los

marxistas, sufre atentados, ve caer acribillados por las balas a sus mejores camaradas,

empuña un fusil para defender el local de la Falange, encabeza, con riesgo de su vida,

manifestaciones populares, habla ante públicos hoscos que le acoge con gesto de hostilidad,

se enfrenta con la necesidad y la pobreza y sufre el ataque de los que dicen sus amigos,

porque no se someten a sus mandatos o a sus conveniencias, añadiendo así, con ese afán de

autenticidad que le caracteriza, a sus extraordinarias cualidades intelectuales, las que

comprende son necesarias para ser el Jefe del Movimiento Revolucionario que había creado.

Desde entonces sus palabras toman un tono más ardiente y popular, y guiadas por el

razonamiento impecable y el calor de su entusiasmo, penetran como agudo estilete en el

cerebro y en el corazón de cuantos escucha, arrastrándoles enardecidos y convencidos. Tal

sucede en el discurso de la revolución española del Cine Madrid, o en el del Cine Europa, en

pleno corazón de Madrid marxista, anunciando el propósito de la Falange de no acatar el

resultado de las elecciones, si era contrario a España. Las palabras de José Antonio fueron el

faro que guió la nave en la galerna, y la que nos señalaron el camino de la norma y el pan.

Pero a pesar de todas esas realidades, el discurso del 29 de Octubre, que ahora con-

memoramos, tiene para los falangistas, el valor inmenso e imborrable de ser el acta de

nacimiento de la Falange Española, contra la cual se ha estrellado la incomprensión, el odio y

el desgaste del tiempo, para seguir teniendo vigencia e ilusionando a muchos miles de

españoles pertenecientes a viejas y nuevas generaciones, de toda clase y condición, como

vuestra presencia aquí y ahora, bien lo demuestra y como si más de cuarenta años de historia

pudiera borrarse, como así lo decidan quienes no están conformes con ella.

UN FENÓMENO ESPECIAL

Aquí está pues de nuevo la Falange Española de las J.O.N.S., recobrado su nombre, afirmada

su personalidad, de manera clara, precisa y terminante y sin las circunstancias históricas que

hubo que respetar por lealtad y patriotismo, y que han venido condicionando su actividad.

Si ahora conmemoramos su nacer y su renacer, obligado es que dediquemos nuestras

palabras a hacer un recorrido siquiera esquemático de su pasado, de su presente y de su

futuro, tan ligados al pasado, al presente y al futuro de España.

La Falange es un fenómeno especial de la vida política española, lleno de matices y contrastes

como lo fuera su fundador. La Falange tiene de lirismo romántico y de norma clásica, para unos

es reaccionaria, para otros avanzada y socialista. Para unos, recuerdo histórico del pasado.

Para otros, realidad viva de luminoso porvenir.

La Falange despierta adhesiones o repulsas apasionadas, nunca la indiferencia, como el

pertenecer a un partido liberal o conservador, y ha sido objeto de arbitrarias interpretaciones,

que han servido para fundamentar criticas y declarar su incompatibilidad con las exigencias

políticas presentes.

Nació la Falange, como es sabido, aunque no sea inútil recordarlo, de la crisis del estado liberal

capitalista, de su incapacidad para solucionar los problemas que el comunismo había

planteado, y la necesidad de dar satisfacción a las exigencias de justicia social que ese

comunismo puso de manifiesto.

FUERZA EXPANSIVA

José Antonio comprendió la imperiosa exigencia de sustituir el Estado liberal por otro que,

respetando los valores humanos que aquél había reconocido, en orden a la persona humana,

aceptase la parte de razón que el socialismo tuviera. Estas ideas, aplicadas a la situación

concreta de la España de su tiempo, le hicieron ver no sólo la intolerable situación del proleta-

riado español, sino también la división y la dimisión de España, como unidad histórica,

ingredientes todos, que a través del crisol de su inteligencia, dieron luz a la Falange. Para los

que la conocemos, por encima del tópico y la circunstancia, sabemos de la fuerza expansiva

del pensamiento de José Antonio, que arranca del hombre, de cuanto tiene de efímero y de

cuanto tiene de eterno y perdurable. Es decir, que no encierra su pensamiento en límites

circunstanciales o geográficos, sino que producto de las constantes hispánicas, rebasa tales

linderos para adquirir carácter universal, y por ello, puede ser el puente de enlace entre la

sociedad que ahora termina y la que se está gestando.

La Falange ha aceptado a cuantos han venido a ella de buena fe, y precisamente por no ser

excluyente sino integradora ha compartido con generosidad, colaboraciones que por lo menos

pudo recibir con desagrado, colaboraciones, algunas de las cuales, le pagan su integración con

moneda de signo contrario, presentándola como un obstáculo para el desarrollo político de

España y queriendo borrarla de su horizonte político, cual negro nubarrón que oscurece e

impide ver el sol radiante de la ansiada democracia. Muchos de los que antes frenaron sus

ímpetus revolucionarios y la llamaron roja por lo que hizo y por lo que quería hacer, hoy la

califican de derechista, calificación que la Falange rechaza, no por incorporarse al coro de los

que consideran el calificativo como agravio intolerable, sino porque no corresponde a la verdad

de su posición doctrinal.

INCOMPRENSIÓN

La verdadera tragedia de la Falange, aparte de la muerte de su fundador, consiste en haber

sido víctima de la incomprensión, pues a estas alturas hay muchos que desconocen su verdad,

de la ingratitud al no reconocerse los servicios y sacrificios prestados a España, de la injusticia

por atribuírsele faltas que no ha cometido o han sido realizadas por quienes fingiéndose

falangistas, no lo eran efectivamente, y de la deslealtad, la deserción y la traición de los que la

han abandonado, cuando piensan se encuentra en riesgo de desaparecer o la consideran ya

incapaz para el logro de sus medros o ambiciones.

Bien conocido es el proceso histórico de la Falange. Los acontecimientos que han señalado las

diversas etapas de su vida y las características de cada una de ellas.

La Falange fundacional, la muerte de José Antonio, su participación en el Alzamiento del 18 de

Julio (que no fue para la Falange el comienzo de una lucha fraticida, sino el punto de partida de

la revolución nacional que España precisaba), la unión con el tradicionalismo, aceptada por la

inmensa mayoría de los falangistas, incluidos los combatientes en los frentes y que ya estaba

realizada cuando llegué a la zona nacional. La Guerra Mundial y su desenlace, con el triunfo

sobre ideas e incluso personas, que el falangismo había combatido y vencido, la etapa de la

postguerra, en la que hubo que vencer el cerco internacional y reconstruir moral y

materialmente a la nación, la etapa que culmina con la promulgación de la Ley Orgánica del

Estado, la muerte de Franco y la instauración de la monarquía.

BALANCE POSITIVO

En estas etapas, la acción del falangismo, ha pasado por fases de mayor o menor influencia,

pero nunca la que hubiese desarrollado si la conquista del poder hubiera sido obra exclusiva de

la Falange. Por eso, al juzgar esa actividad, hay que situarse en cada momento sobre la

realidad de los hechos, lo cual justificará, o por lo menos explicará muchas cosas.

Pero, además, independientemente de todo esto, no hay que olvidar que si la Falange ha

estado en el poder, no lo ha ejercido realmente, y que quienes seguimos a José Antonio y

estábamos identificados con él, carecíamos de la autoridad moral que él tenia para implantar el

ritmo y la dirección que a la Falange le hubiera dado.

Sin embargo, el balance de su actuación en el conjunto del Régimen, aunque otra cosa se diga,

ha sido positivo y debe mostrarse orgullosa de lo que ha aportado al activo de ese balance, no

solo por las realizaciones de contenido falangista que el Régimen ha llevado a cabo,

especialmente en lo social, sino por el estado de conciencia, por la mentalidad que ha creado

en los españoles, que ha hecho que muchos sean falangistas sin saberlo. Y sobre todo si no ha

conseguido cuanto su doctrina exigía, ha sido al menos, el muro de contención contra muchos

excesos reaccionarios y acicate para defender la justicia donde ésta se necesitara, en contra

de los que afirman que la Falange ha sido el aglutinante del frente conservador del Régimen.

La historia de la justicia social en España está llena de nombres y acciones falangistas, y

cualquiera de sus realizaciones anteriormente, se hubiera considerado como una gran

conquista revolucionaria.

Hay quien arguye, sin embargo, que hubiera sido mejor y más leal para la Falange, el habernos

inhibido o separado de la responsabilidad política del tiempo pasado, pero entiende que esa

inhibición o separación, hecha durante la Guerra, habría significado una traición, y como tal,

aniquilada, y terminada la Guerra con la Victoria y alcanzada la Paz, entiendo también que los

mismos falangistas no hubieran aceptado ser eliminados de ellas, a las que tanto habían

contribuido.

Con esa separación e inhibición, no estaríamos aquí, en este acto de unidad y afirmación de

existencia, y la Falange seria un recuerdo histórico, en lugar de ser, como es, una realidad

insoslayable.

FALANGE RENACIDA

A partir de 1958, el programa de la Falange, que era la filosofía política del Estado de España,

queda sustituido por la Ley de Principios del Movimiento, y es desde la Ley Orgánica del

Estado, cuando la personalidad jurídica de la Falange, es absorbida por ese Movimiento

institucionalizado.

Con la muerte de Franco y especialmente desde la aprobación del Estatuto de Asociaciones, y

la aprobación de la Ley de Partidos Políticos, la Falange inicia la marcha por un camino

diferente del anterior. Por virtud del primero, aspira a lograr la agrupación de los falangistas con

una asociación con el nombre de Frente Nacional Español. Por virtud de la segunda, ese

nombre es sustituido por el de Falange Española, con el que actuará en lo sucesivo.

La Falange renacida, con la carga de su historia gloriosa y con la responsabilidad del presente

y del futuro, pesando sobre los hombros de todos nosotros, los falangistas, los cuales estamos

obligados a aceptarla con la máxima fe e ilusión, haciendo honor a una doctrina fundacional

que ha de ser guía de nuestro futuro, y cuya fecundidad no se ha agotado, y en muchos puntos

sigue inédita, y para esa y todas nuestras tareas, hemos de estar unidos, tanto los jóvenes,

como los viejos. Los históricos y los nuevos, los de ayer y los de hoy, conscientes de nuestro

compromiso histórico con nuestro fundador, de difundir la verdad de su doctrina, que no es otra

que defender al pueblo español en sus derechos y en sus libertades y los valores permanentes

de la Patria.

No podemos olvidar, los falangistas, que nos encontramos en una situación parecida a la de

1936, en cuanto los que temen nuestra vitalidad política, nos expresan ese temor con el odio;

otros con el silencio o la aparente indiferencia.

PUNTOS DE COINCIDENCIA

No olvidemos el propósito que tienen de atomizarnos, de dividirnos, disminuyendo así nuestro

valor político. Por eso, más que gastar energías verbalismos críticistas o nostálgicos, los

falangistas debemos esforzamos por llegar a puntos de coincidencia, eliminando las diferencias

personalistas o de grupo, pintadas y públicas imputaciones de supuesta traición, contrarias a la

idea sustancial de la Falange, que no es más que una, y patrimonio de todos.

Nos lo exige la voluntad testamentaria de José Antonio, de que la Falange se consolide en

cosa duradera. En su memoria, la de Ramiro, Julio y Onésimo y la de cuantos cayeron o

trabajaron por la Falange, cuyo sacrificio está simbolizado en esa bandera que de nuevo hoy se

alza, que entre todos debemos sostener, y a la que estamos obligados a servir sin fisuras, codo

a codo, como un solo hombre y en la santa hermandad falangista.

Pero los excépticos o los enemigos de siempre, se preguntan si la doctrina de la Falange no

está anticuada y ha perdido vigencia. Les contestamos con una rotunda negativa, porque

muchos de los problemas que determinaron en su día el nacimiento de la Falange, el

comunismo, las luchas de clases, los separatismos, los abusos del capitalismo, hoy día han

vuelto a recobrar virulencia, precisamente porque las soluciones que para ellos señalaban la

Falange, o no se aceptaron, o no se llevaron hasta sus últimas consecuencias.

Porque mucho más antiguas son las doctrinas del liberalismo capitalista y del comunismo, y

sus versiones modernas, un capitalismo sometido a obligaciones y limitaciones y un socialismo

humanizado, es lo que viene defendiendo la Falange desde hace más de 40 años.

Porque la doctrina de la Falange no es algo petrificado e inmóvil, si no que constituye unos

principios que marcan un sentido permanente ante la historia y la vida, el cual nos señala las

actitudes a adoptar ante los problemas que esa vida vaya planteando; principios que pueden

resumirse en el servicio y el sacrificio que al realizarse, constituye lo que José Antonio llamaba

el estilo de la Falange.

IDEA DE SERVICIO

Servicio que entronca en la más pura línea tradicional española. Fue la síntesis de la obra

universal de España, el móvil de los españoles, cuando se extienden por los mares y tierras del

viejo y nuevo mundo. Pues bien, la Falange recoge esa idea de servicio y la infiltra en los

conceptos políticos, afirmando que el Estado ha de servir, sobre todo, al total "servicio de

España. Y una prueba más de la actualidad de la doctrina falangista, nos la proporciona

algunos párrafos de un libro, últimamente publicado en Francia, que parecen inspirados en

nuestros textos fundacionales. Cuando por ejemplo se dice que se debe aspirar a una sociedad

que más que de un sistema, parta del hombre y que repudie tanto el colectivismo esclavista

como el liberalismo periclitado.

Sin embargo, algunos machacona y cansinamente, siguen empleando sus tópicos habituales

sobre las características que, según ellos, califican a nuestra doctrina de totalitaria, derechista,

antidemocrática.

Totalitaria, cuando proclama y defiende la libertad de la persona humana y es el hombre

concebido como un ser, no sólo capaz de salvarse o de perderse, sino como fuente y finalidad

de todo valor social.

UNIDAD INTIMA DEL HOMBRE

El humanismo falangista es de naturaleza cristiana, porque ve en Dios el centro del hombre,

hecho éste a su imagen y semejanza.

José Antonio, al formular su doctrina, parte de un principio esencial, el restablecimiento de la

unidad íntima del hombre, rota por la disociación entre la razón y la fe. Tal ruptura, unida a la

idea liberal de que el Estado es un mal necesario que debe reducirse al mínimo, hace caer al

hombre en el escepticismo estatal y ve en el Estado tan sólo un sistema desvitalizado de

normas abstractas.

Frente a tal concepción antivital, se alzó otra para la que el Estado es sólo la expresión de la

conciencia histórica de una clase (comunismo); de una raza (nazismo); o de una nación

(fascismo).

La Falange considera malas estas soluciones y quiere armonizar el individuo con el Estado.

Para ello, lo primero que intenta es dar al español un Estado, que lejos de diluirle en la

colectividad, le sirva de instrumento para conseguir su destino de hombre e histórico con-

tingente de español.

Para la Falange, las relaciones entre el individuo y el Estado, no pueden construirse sobre los

cimientos de la oposición. Reconoce la personalidad de uno y otro término, pero como son, a la

postre, voluntades humanas, ni el individuo ni el Estado han de tener poderes absolutos, sino

limitados por leyes superiores de moral y de justicia. Limitaciones que no nacen por tanto, de la

oposición recíproca de Estado e individuo, sino de la subordinación de ambos a esos Principios

superiores.

La Falange, concibe al Estado como un instrumento al servicio del bien común, no como un fin

en si mismo, como un Estado de todos, para todos y al servicio de todos, no de unos pocos o

muchos privilegiadamente.

LA FALANGE NO ES ANTIDEMOCRÁTICA

La Falange antidemocrática?, porque rechaza la democracia formal y quiere que la efectiva y

de contenido no quede reducida a la contestación monosilábica de sí o no de los electores

cada cuatro años, durante los cuales, esos electores, no vuelven a contar para nada, y cuyo

número, generalmente, es muy reducido en relación con el de los habitantes de los distritos

electorales.

¿Antidemocrática?, porque ha hecho posible que el mundo del trabajo participe, no sólo en

tareas de asesoramiento, sino en las legislativas y en las decisiones del Poder, precisamente

por la condición de sus componentes, empresarios, técnicos y obreros. Lo verdaderamente

antidemocrático, seria suprimir esa participación.

¿Antidemocrática?, porque respeta las diferencias regionales de la lengua, derecho, cultura y

costumbres, como su rico patrimonio espiritual, compatible con la unidad de la Patria, y que

nunca puede ser fundamento para romperla.

La Falange, derechista y reaccionaria?, cuando si defiende la iniciativa y la propiedad privada,

la hace compatibles con la sindical, comunal y cooperativa, ya que distingue la propiedad, que

es algo inherente a la persona humana; del capital, que es instrumento de la producción, pero

nunca arma de poder y de la explotación. Cuando propugna la empresa comunitaria en la que

la plus-valia y los beneficios del capital se distribuirán justamente entre los elementos que en la

empresa intervienen, cuando ve en el trabajo, no una mercancía, ni mera fuerza motriz, ni

repetición uniforme de actos manuales, sino una relación libre entre hombres libres, que

contribuyen al desarrollo de la personalidad del trabajador y de su capacidad creadora. Cuando

quiere que la cultura no sea sólo el refinamiento de una clase privilegiada de oportunidades a

todos los hombres de la sociedad, para impedir que haya grupos de ella condenados a vivir

perpetuamente dentro de los límites de una clase y de un género de vida determinado,

del que con contadisimas excepciones podrá salir.

SINDICALISMO DE INTEGRACIÓN

Cuando ha sido el motor de toda la política social del Régimen y cuando, en fin, quiere

encauzar lo económico y social dentro de un nacional sindicalismo de integración, autonomía,

representatividad y participación. Sindicalismo, que partiendo de la idea de la unidad orgánica,

tanto de los grupos de personas intervienen en la producción, como de la unidad orgánica de

los diferentes ciclos de esa producción desde la primera materia hasta la manufactura, ha susti-

tuido al sindicalismo horizontal y clacista, estimulante de la lucha de clases, adscrito al sistema

de Partidos Políticos que se aprovechan de él para sus ambiciones, por otro que busca la

justicia, en la colaboración, el diálogo y el sentido nacional.

La Falange, en esta su nueva etapa de existencia, hace un llamamiento a los españoles de

toda clase y condición, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, obreros y estudiantes, campesinos

e industriales, profesionales y universitarios que se consideran identificados con el

pensamiento político de José Antonio, para que se incorporen a ella y aporten su inteligencia y

su voluntad. Y tiene también por objeto, convertir en realidad la unidad falangista, bajo el

nombre de FALANGE ESPAÑOLA DE LAS JONS, en la que la organización y actividad será

determinada por sus propios afiliados, reunidos en la correspondiente Asamblea.

TRABAJO EN SOLIDARIDAD

La Falange, sin olvidar su pasado, no se encierra en la nostalgia, y mira al presente y al

porvenir, y como se considera con títulos humanos e ideológicos suficientes y legítimos para

seguir interviniendo en la vida política española, está dispuesta a hacerlo con la máxima

intensidad que le sea posible. Sin triunfalismos, pero sin complejos de culpabilidad. No se trata

de renacer una organización política que haya desaparecido con el hundimiento de la Patria,

sino por el contrario, de una organización política que ha contribuido decisivamente a salvar a

esa Patria del caos durante una Guerra y a rehacerla durante la Paz.

La Falange, lejos de fomentar sectarismos, formación de grupos y la confusión política, quiere

seguir trabajando en solidaridad con los demás españoles, para contribuir a resolver los

problemas políticos y económicos que España tiene hoy día planteados, consciente de la

importancia y gravedad de los mismos, y cuyo afán de solucionarlo debe de servir de

aglutinante a los españoles.

A la muerte de Francisco Franco, dada la irrepetibilidad de su figura e indudable influencia en el

sistema, no era posible mantenerle como estaba. Pero cambiarle por otro era una aventura

peligrosa y equivocada. Perfeccionarle, desarrollarle para consolidarlo, respetando su esencia

era lo adecuado y conveniente, pues no se puede utilizar la legitimidad reformista para cambiar

el sistema en el que precisamente se funda esa legitimidad. Sin embargo, ese cambio es el que

se está haciendo, y ante la actual situación española, que ya considero irreversible por el clima

que se ha creado y por las circunstancias que en ella concurren, la Falange, con un sentido

realista y no utópico, no adoptará una actitud de sistemática e indiscriminada obstrucción, a

todo no, pero sí de crítica constructiva desde sus posiciones doctrínales para conservar y

defender cuanto deba ser conservado. Y si los Partidos Políticos están ya implantados, no

obstante nuestra oposición a ello, como claramente expusimos en su día, la Falange, siguiendo

el ejemplo de José Antonio, entrará en el juego de los mismos, porque en política hay que

utilizar siempre las armas de que se pueda disponer y buscar la efectividad operativa hasta

donde sea compatible con la propia dignidad.

COALICIÓN

Por ello, si las fuerzas de derecha forman su coalición, y las izquierdas la suya. Falange tratará

de constituir un grupo homogéneo, capaz de hacer oír su voz y sentir su peso específico en la

vida política de la nación, con objeto de llevar a la práctica sus objetivos, de dar justicia y

libertad a los españoles.

Lograrlo, dependerá de nosotros mismos, de que no nos dejemos llevar por la tentación, de la

dispersión y de los personalismos, porque el falangismo, lo repetimos una vez más, no acepta

el maniquismo político de creer que todo el bien se encuentra en las llamadas derechas, y todo

el mal, en las llamadas izquierdas o viceversa, sino que en ambas posiciones existen valores

positivos dignos de respeto, y otros que no lo son y han formado, con los primeros, una síntesis

doctrinal con personalidad propia e independiente, que tampoco es una posición centro, la cual

carece de esta personalidad y no es más que la derecha o la izquierda, sin radicalismos y con

moderación. Una posición distante entre los dos extremos.

No somos, pues, ni inmovilistas, pero tampoco rupturistas y menos partidarios del retroceso a

posiciones anticuadas. No somos capitalistas, ni comunistas, de derechas y de izquierdas, sino

simplemente falangistas, y por ello, no nos asustan las aspiraciones del desarrollo democrático

en lo político y en lo social, que ahora se presentan monopolizadas por algunos. Las hemos

propugnado desde nuestro origen, y en parte, implantado durante los años transcurridos, pero

lo que no queremos es volver a tiempos pasados de enfrentamiento de los españoles, a causa

del separatismo de los partidos y de las luchas de clases.

SIN RENCORES

Enfrentamientos que creíamos superados para siempre. Falange olvida rencores, pero que los

olviden los demás. Lo que no puede olvidar son las causas que trajeron esos rencores,

precisamente para que no vuelvan a producirse sus efectos.

Queremos librar a la Falange del rapto oligárquico del secuestro totalitario y de la atomización.

Sustituir el abandonismo, la pasividad, el oportunismo provechoso y el complejo de

culpabilidad, por la actividad, la fe, la limpieza de conducta y la conciencia de que defendemos

una causa justa y de que está en juego el futuro de la Patria y de los españoles.

En una palabra, hemos de ser leales al pensamiento de José Antonio y a España y trabajar

para unirla y engrandecerla, y para que no cometamos el suicidio colectivo que supondrá

desperdiciar la oportunidad histórica de llevar a cabo el tránsito de una etapa a otra de la vida

de España, sin derribar la obra que tantas vidas y tantos esfuerzos ha costado construir y

tantos bienes ha producido.

No se trata de dramatizar, sino simplemente de satisfacer una exigencia ineludible para la

normal, libre y civilizada convivencia con los españoles.

Si no lo hacemos, tendremos bien merecido cuanto nos ocurra, y de nada servirán los

arrepentimientos, reconocer el error y las lamentaciones que después hagamos ¡DE NO ERA

ESTOS!, pero espero de vosotros que no ocurrirá así y en prueba de ello, gritar conmigo, en

este día de recuerdo y esperanza, las palabras que ya muchos olvidan o silencian

vergonzosamente.

¡ARRIBA ESPAÑA!

29 —OCTUBRE — 1976

 

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