Autor: Gallo, Jesús. 
 Antonio Gibello en Bilbao:. 
 "Nos oponemos a un salto atrás"  :   
 "La Falange y los falangistas no nos oponemos a una reforma profunda de las estructuras políticas sociales y económicas de la España actual" ; El acto se celebró en el cine Gran Vía con el local abarrotado de público. 
 El Alcázar.    30/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 24. 

Antonio Gibello en Bilbao:

"NOS OPONEMOS A UN SALTO ATRÁS"

• "La Falange y los falangistas no nos oponemos a un reforma profunda de las estructuras políticas

sociales y económicas de la España actual".

• El acto se celebró en el cine Gran Vía con el local abarrotado de público.

BILBAO, (Por telex, una colaboración de Jesús Gallo).— Anoche se celebró la anunciada conferencia de

nuestro director Antonio Gibello en el cine Gran Vía, con motivo de la conmemoración del acto

fundamental de la Falange hace cuarenta y tres años.

Al acto asistieron unas setecientas personas, y entre los asistentes hemos de citar a la ex alcaldesa de

Bilbao doña Pilar Careaga de Lequerica, que Hacía su primera salida en acto público desde que abandonó

la alcaldía.

En primer lugar se leyó con voz del locutor "Premio Ondas" de este año Francisco Blanco, el discurso de

José Antonio en el Teatro de la Comedia de Madrid el día 29 de octubre de 1933, con el público puesto en

pie y en medio de un respetuoso silencio.

Presentó al señor Gibello este colaborador y servidor de ustedes, quien ha glosado la personalidad y

dedicación profunda a su profesión de nuestro director.

DISCURSO DE ANTONIO GIBELLO

Antonio Gibello en su discurso entre otras cosas dijo: "En esta etapa refundacional en que estamos

comprometidos, y de la que ha de salir una Falange vigorosa y audaz, exigente y autentificada por la

necesaria depuración de todas las gangas y adherencias parasitarias, importan más las líneas maestras que

conforman los valores esenciales y permanentes, que la literalidad de unas palabras, forzosamente

condicionadas por la circunstancia ambiental y temporal en que fueron pronunciadas.

Una bipolaridad esencial estructura la generatriz doctrinal que condensa todo el discurso del 29 de

octubre de 1933: la concepción cristiana del hombre, cuya libertad, dignidad e integridad considera

valores eternos e intangibles. Y la idea dinámica de Patria, concebida como unidad de destino en lo

universal. Es decir, asentada no en la sensorialidad de un paisaje, ni en la emoción y orgullo lícito de una

cultura y una lengua diferenciadas secularmente, ni siquiera en el consenso de un plebiscito cotidiano;

sino ensamblada, por encima de la frágil voluntad de los hombres, en la armonía superior de una misión

histórica común, al servicio de la universalidad de los valores humanos.

La crítica rigurosa del liberalismo que José Antonio establece ya desde la fecha augural, y la valoración

estricta del socialismo, cuyo nacimiento imputa justo al tiempo que condena la praxis desalmada y

materialista en que derivó, nacen, precisamente, de esos dos conceptos básicos y vigentes, entroncados en

la savia cristiana que caracteriza los valores más sublimes de la personalidad y la cultura occidentales.

DESMONTAR LAS INSTITUCIONES

La muerte de Franco, hace ya once meses, continuó Antonio Gibello, desencadenó en nuestra Patria un

proceso que algunos consideran irreversible, según el cual, todo el edificio constitucional que durante casi

cuarenta años ha regulado la convivencia pacífica y laboriosa de los españoles, va a ser modificado. De

tal suerte, que si se cumplen los vaticinios y propósitos reformistas ni una sola de las instituciones tan

trabajosamente levantadas quedará en pie.

La anunciada ley de reforma política, dijo más adelante sometida a la aprobación de las Cortes bajo la

coacción evidente de que si no merece la acepción de la Cámara legislativa, esta será disuelta, no

representa una opción perfectiva y superadora del sistema representativo. Ni siquiera garantiza una mayor

autenticidad y participación de los españoles en las tareas legislativas. Sino que significa, lisa y

llanamente, la sustitución del régimen de democracia orgánica y directa, a través de la familia, el

municipio y el sindicato, por el viejo artificio liberal de los partidos políticos. Y así acontece que lo que el

Gobierno trata de presentar como un proyecto progresista, no solo rezuma el rancio olor de un sistema en

decadencia, sino que constituye, incluso en su planteamiento práctico, una alarmante regresión en

consonancia con la mentalidad burguesa y liberal de sus autores.

Falange, que afirma sus raices en el concepto cristiano del hombre no se conforma con la apariencia

formal con que la democracia liberal se viste, sino que aspira a una democracia de contenido que se

sustancia decisivamente en la conquista de libertades concretas y reales, alcanzadas sin intermediarios en

el ámbito de la representación política y, lo que es más importante, por la participación directa del hombre

en los bienes de la cultura, en la promoción personal y familiar, en la participación económica y gestora

en la vida económica, con el acceso y participación en la propiedad, los beneficios y la gestión de la

empresa.

La Falange y los falangistas no nos oponemos a una reforma profunda de las estructuras políticas, sociales

y económicas de la España actual.

A lo que decididamente nos oponemos los falangistas, es a una reforma política que representa un salto

atrás, una vuelta al sistema liberal y que no tiene más objeto que restablecer aquellas formas de artificio

político que se corresponden con la injusta estructura de la sociedad capitalista.

No es este insistió el momento ni la oportunidad para analizar las razones estrictamente económicas que

impiden que España pueda ingresar en la Comunidad Económica Europea. Pero si conviene decir que,

aunque se lograra en España la más exquisita homologación política y aunque superáramos en grados de

liberalismo o socialdemocracia a todos los países europeos, uno por uno y en su conjunto, España no

ingresaría en el Mercado Común, porque el Mercado Común, formado mayoritariamente por países

centroeuropeos, altamente industrializados, tiene planteado un frente económico que se opone a la

asimilación de los países mediterráneos. Como recordaba, bien recientemente, el prestigioso economista

Juan Velarde, desde las páginas de "Arriba", bastantes quebraderos de cabeza tienen los países nórdicos,

por haber dejado entrar en su Comunidad —y nada menos que como fundador— a Italia.

Todas las aspiraciones del Gobierno, en un momento dramático de la Historia española, como es este que

vivimos, se resumen así en el propósito de convocar unas elecciones generales que den paso a los partidos

políticos, en tanto que pospone tareas tan urgentes e inaplazables como la definitiva reforma sindical, la

reforma fiscal, la relación del Gobierno con las Cámaras Legislativas. De la misma manera que,

paladinamente, reconoce su incapacidad para resolver los gravísimos y profundos problemas económicos

que padecemos, como consecuencia de la crisis internacional, pero también por la impericia de quienes

rigen la política económica y social de nuestro propio país.

Si como algunos auguran, aseguró Gibello, el proceso desencadenado por la pretendida reforma política,

desembocara irremisiblemente en la lucha de partidos, la Falange presentará batalla en el campo en que le

cite el destino de España.

FALANGE COMO MOVIMIENTO

Aquí no engañamos a nadie.

José Antonio dijo claramente que la Falange no era un partido, sino un Movimiento. En nosotros no hay

dogmas totalitarios que ahoguen la libertad del hombre. En nosotros hay la conciencia de que no es

posible la vida de un pueblo sin una mínima dosis de autoridad y de orden. Y creemos, igualmente, que

no es posible la existencia del orden mientras pervivan injusticias estructurales, desigualdades irritantes

entre los hombres, desprecio por la libertad, la dignidad y la integridad del hombre.

Treinta y siete años de paz bajo el Caudillaje de Franco, trajeron a nuestra Patria paz y progreso. No fue

un regalo de la Providencia, aunque la Providencia nos protegiera en los difíciles años de la guerra

mundial. No fue nuestro progreso consecuencia de ningún Plan Marshall. Fue resultado del sacrificio

heroico, del trabajo durísimo, de sucesivas promociones de españoles. Fue fruto del esfuerzo de todo el

pueblo español. Esa paz y ese progreso no pueden ser lanzados, frivolamente, por la borda de un barco

que si ha perdido el timón no es por culpa de sus tripulantes y menos aún de sus viajeros.

Finalmente dijo:

No es Vasconia, ni Galicia, ni Cataluña, ni Andalucía, ni Valencia, ni ninguna de las identidades

regionales españolas, las que están en cuestión. Es la existencia misma de la Patria común la que está en

riesgo de disolución. Ese riesgo, hoy como ayer, se deriva de una triple tensión dispersiva. La que divide

a España en tres clases de secesiones: los separatismos locales, la lucha entre los partidos y la división

entre las clases.

Contra esos tres secesionismos alzó José Antonio la bandera de la Unidad, de la Justicia y de la Libertad.

Quienes aspiren a la vida democrática, libre y apacible que el nos definió, tendrán en la Falange un puesto

de servicio. En esta tarde de otoño, conmemorativa de aquella augural en que nació la Falange, yo os

invoco a esta tarea de futuro: alcanzar para todo el pueblo español Paz, Justicia y Libertad.

Al final del discurso se cantó el "Cara al Sol" así como en la calle después a las puertas del cine.

Nuestro director, ha sido interrumpido no menos de quince veces, y algunas con el público enardecido,

con aplausos.

Ha sido un acto de inmenso fervor patriótico y al salir al vestíbulo todos querían saludar y felicitar a

Antonio Gibello por su estupenda y entusiasta disertación.

EL ALCÁZAR

 

< Volver