Autor: Hernaiz, Eduardo. 
 Incidentes durante la conmemoración del XLIII aniversario de Falange Española. 
 "El balance de la actuación falangista en el régimen es positiva" (Raimundo Fernández-Cuesta)  :   
 La inetrvención de Sigfredo Liniers provocó la reacción de un sector, registrándose algunos heridos. 
 Pueblo.    30/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Incidentes durante la conmemoración del XLIII aniversario de Falange Española

"EL BALANCE DE LA ACTUACIÓN FALANGISTA EN EL RÉGIMEN ES POSITIVA´´ (Raimundo

Fernández-Cuesta)

• La intervención de Sigfredo Hillers provocó la reacción de un sector, registrándose algunos heridos

MADRID. (PUEBLO, por Eduardo HERNAIZ.)—Más de dos mil personas se congregaron, en la mañana

de ayer, en el auditorio principal del Palacio de Congresos, para asistir a los actos programados por

Falange Española y de las J.O. N. S., en conmemoración del XLIII aniversario de su fundación por José

Antonio Primo de Rivera.

A las doce de la mañana se había llenado ya el auditorio. En las primeras filas se encontraban, entre otras

personalidades de la vida política, José Utrera Molina, Ezequiel Puig, Pilar Primo de Rivera, Carlos

Pinilla, Manuel Valdés Larrañaga, Gonzalo Fernández de la Mora, Blas Piñar, Miguel Primo de Rivera,

Cruz Martinez Esteruelas, Javier Carvajal, Mariano Sánchez-Covisa, etc. Gritos de «¡Falange, Falange!»

atronaron las salas cuando se anunció la primera intervención, a cargo de Sigfredo Hillers de Luque, en

representación de los Círculos Ruiz de Alda.

Mientras el señor Hillers se refirió a la Falange «combativa, que ha de ser aguijón contra las mentes

perezosas, se le escuchó en silencio. Incluso se le interrumpió en cinco ocasiones con aplausos

entusiastas, sobre todo cuando afirmó que «somos falangistas, a pesar del Movimiento, y no meros

comparsas de grupos de derechas». En el ánimo flotaba la celebración del acto en la local —por primera

vez en la historia de Falange— que no era ni el teatro de la Comedia, ni el cine Madrid, ni el Consejo

Nacional del Movimiento y la gente volvió a aplaudir cuando se llamó a la unidad o cuando se atacó la

postura de Cantarero del Castillo.

Pero el ambiente entró en un clima de gran tensión, cuando Hillers se preguntó: «¿Quién ha dicho que

hemos de dejar a los marxistas la bandera de la crítica al régimen que hemos tenido en los últimos

cuarenta años? Nos negamos a ser un ´bunker´ antimarxista y nos negamos a permitir que se haga de

Falange una Mafia Azul, donde nos protejamos unos a otros». Gritos de «¡Fuera, fuera!» comenzaron a

oírse. De las palabras se pasó a los hechos, cuando Hillers se refirió a su libro «España, una revolución

pendiente», «publicado antes del 20 de noviembre». Otra vez los gritos de «¡Fuera, fuera!», y en ese

momento los consejeros nacionales señores Fernández de la Mora y Piñar Pérez abandonan el auditorio.

Don Blas Piñar lo hace rodeado del grupo de personas con las que había entrado. Nuevos gritos se

escucharan en ese momento. Fue entonces cuando nuestro compañero Santiso, que intentaba hacer unas

fotos de la salida del señor Pinar, recibió un golpe a la altura del pómulo izquierdo, que le hizo sangrar.

Grandes grupos se lanzaron al estrado, intentando poner punto final al discurso de Hillers. La violencia se

había adueñado del auditorio, y a los casi treinta informadores que nos habíamos personado se nos

aconsejó, por nuestra propia integridad, que saliéramos de la sala.

Por fin, después de unos largos minutos de tumulto —en los que se temió lo peor—, Sigfredo Hillers

abandonó el estrado. Grupos de personas pedían a Pilar Primo de Rivera que subiera a pedir paz y orden

en nombre de su hermano, Miguel Primo de Rivera, visiblemente exaltado, dijo casi gritando que «no

quiero que se eche mano de la sangre de José Antonio para poder imponer paz y orden». En medio del

tumulto, un espontáneo pidió respeto, para que el acto continuara, y que a la salida cada cual cantara sus

canciones o diera sus gritos.

Y pareció volver la calma cuando se anunció la intervencion de Tomás Marco, representante de los

Círculos Doctrinales José Antonio. Gritos de «¡Todos o ninguno!», impidieron que el señor Marco

pronunciara su discurso: los mismos gritos fueron proferidos cuando hizo uso de la palabra Raimundo

Fernández-Cuesta. Pero fueron acallados durante unos minutos, justo hasta que entró un joven falangista

y gritó, al lado del señor Fernández-Cuesta: «¡Camaradas, hay un herido fuera!». Fuera, en el «hall» del

Palacio de Congresos, un joven hedillista —filiación sin confirmar a la hora de redactar esta crónica—

había sido golpeado junto a la mesa redonda que ocupan las azafatas de información del Palacio.

«LA FALANGE NUNCA DESPIERTA LA INDIFERENCIA»

El discurso del presidente de Falange Española y de las J. O. N. S. fue seguido en un clima de

normalidad. Fernández-Cuesta afirmó que «la Falange despierta adhesiones o repulsas apasionadas, nunca

la indiferencia, como el pertenecer a un partido liberal o conservador, y ha sido objeto de arbitrarias

interpretaciones». Más adelante dijo que quienes tacharon de rojos a los falangistas, ahora la llaman

derechista, «calificación que la Falange rechaza porque no corresponde a la verdad de su posición

doctrinal».

Hizo también el señor Fernández-Cuesta una referencia al proceso histórico de la Falange y los

acontecimientos que han señalado las diversas etapas de su vida. Sobre el balance de la actuación

falangista en el Régimen de Franco, afirmó que ha sido positivo y que Falange debe mostrarse orgullosa

de lo que ha aportado al activo de ese balance.

También recordó Fernández-Cuesta la figura de Francisco Franco y la perfectabilidad de su Sistema.

INTENTO DE LOS HEDILLISTAS

Dos jóvenes hedillistas fueron detenidos cuando trataban de colocar dos pancartas y una bandera

falangista en lo alto de la Puerta de Alcalá aprovechando su experiencia de escaladores. En las pancartas

se hacia un llamamiento en favor del sector al que pertenecen, F. E. y de las J. O. N. S. «auténtica».

Los «escaladores políticos» fueron obligados a descender por los bomberos, que fueron avisados una vez

advertida su presencia.

 

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