Autor: Calvo Hernando, Pedro. 
   ¿Resurge la Alianza del Pueblo?     
 
 ABC.    28/03/1975.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

PAG. 22.

¿RESURGE LA ALIANZA DEL PUEBLO?

Con este título, Pedro Calvo Hernando publica un comentario dentro de su habitual sección de «Gaceta

Ilustrada», «Opinión personal». Estas son las interrogantes que Calvo Hernando encuentra en el tema:

«¿Y qué sucede con la Alianza del Pueblo que iba a ser promovida por Solís, Emilio Romero, Aramburu,

Jesús Faeyo y Herrero Tejedor? Parece que se habría desinflado el globo, después de aquellas

declaraciones oficiales de que los altos cargos de Secretaría General no podrían promover asociaciones

políticas. Las personas mencionadas, excepto José Solís, están en la cumbre de la Secretaría General de

Movimiento.

Pero la idea parece que no ha perecido. En definitiva, la asociación puede ser promovida por otras

personas de la misma posición política e incluso las grandes figuras pueden alentarla desde sus altos

cargos de mil maneras, como todos sabemos. El caso es que la Alianza del Pueblo resurge nada menos

que en un comentario editorial de «Arriba», periódico que encabeza la cadena de Prensa del Movimiento,

dirigida por Emilio Romero.

Comentando favorablemente el proyecto de asociación de Federico Silva, «Arriba» dice que sólo le hace

falta «un concurrente de su mismo porte y relieve, que bien pudiera ser —si es que cuajara— la llamada

Alianza del Pueblo, nutrida a nivel de conversaciones por lo que podríamos llamar un amplio franquismo

de diversas significaciones y raíces, en donde aparece un gran contingente de personalidades que han

prestado relevantes servicios al Movimiento.

Esto tiene todas las apariencias de una convocatoria a los diversos cuadros del movimientismo azul para

que se movilicen y se dispongan a montar la gran asociación del continuismo, la cual contaría, por

supuesto, con la gran ventaja de tener a su disposición el inmenso aparato burocrático y territorial del

Movimiento y el poderoso aparato propagandístico de la Prensa y radio dirigidas por Emilio Romero.

Todo ello —claro está— sin que figurase oficialmente ningún alto cargo entre los promotores y sin que

constase oficialmente por ninguna parte que Alianza del Pueblo disfrutaría de aquellas ventajas. La

doctrina oficial seguiría siendo la neutralidad.

Es claro que todos los esfuerzos por prestigiar y potenciar al asociacionismo quedarían prácticamente

neutralizados si al fin se produjera la botadura de la llamada Alianza del Pueblo.»

 

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