Autor: JASA. 
   La Falange después de Franco     
 
 El Alcázar.    30/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LA FALANGE DESPUÉS DE FRANCO

CON el decreto de Unificación de 1.937 desaparecía, de hecho, Falange Española dé las JONS como

movimiento político independiente provisto de mandos e ideología propia. La subsistencia, a partir de

entonces, de símbolos, postulados y algunos elementos falangistas en el nuevo Partido Único es historia

próxima que en modo alguno puede disociarse de la trayectoria de la Falange, pero que tampoco puede

concebirse como condicionante que delimite el campo de acción de la Falange en un Régimen

determinado. Nadie puede afirmar con objetividad que el periplo vital de la Falange concluye con su

participación activa durante los últimos 40 años bajo el mandato del Generalísimo Franco, y nadie podrá

señalar con un mínimo de previsión y sentido de la realidad que el pensamiento falangista resulta

inoperante a la altura de nuestro tiempo.

Todos los biógrafos e historiadores —desde diversos ángulos— de la Guerra de Liberación y del Estado

del 18 de Julio (Ricardo de la Cierva, Tuñón de Lara, Hugh Thomas, Fragoso del Toro o Dionisio

Ridruejo, por citar algunos) coinciden en afirmar de manera tajante la progresiva transformación operada

en las filas de la Falange según avanzaba la contienda por la incorporación masiva de elementos

procedentes de la derecha (JAP, CEDA, etc) que engrosaban sus filas y hacían alarde de militancia sin

asumir fundamentalmente el compromiso revolucionario de José Antonio ni su exigencia de

transformación profunda y radical para España. Los mismos observadores ponen de relieve, con

diferentes matizaciones, la paulatina impregnación fascista que ello trajo consigo, lo que se puso en

evidencia tanto en la forma (la camisa azul quedó convenida en prenda interior por el añadido de

correajes, uniformes, gorras y emblemas hasta entonces desconocidos) como en el fondo (extrapolación

de afirmaciones patrióticas, mitificacion exaltada de los Fundadores, empleo de frases apócrifas).

Como consecuencia de todo esto, la Falange de la Victoria muy poco tenía que ver con aquella Falange

Juvenil, desenfadada, vanguardista y combativa de la Comedia, del Teatro Calderón o del cine Madrid.

No voy a enjuiciar ahora la presencia falangista a lo largo de los últimos lustros. Tan solo quiero ratificar

el veredicto de muchos falangistas ilusionados que se sumaron a la reconstrucción de un Estado pensando

que de esta forma hacían la revolución nacional sindicalista. Sin embargo, aquellos no sólo no hicieron la

revolución, sino que emplearon las banderas, los emblemas e incluso los propios textos de la Falange para

hacer todo lo contrario. La Falange fue utilizada como etiqueta externa por la reacción para encubrir todos

los errores reales o imaginarios, disponiendo en la práctica de menos resortes efectivos que nadie. Este

papel sacrificial, esta función germinal y este inmenso holocausto de la Falange ha sido pagado, en el

transcurso del tiempo, con el reproche, el desprecio y la ingratitud, aún cuando la actuación de los

falangistas proporcionara un auténtico sentido social al Régimen. (La Seguridad Social, las Mutualidades

Laborales, los Institutos Nacionales de Industria y de Colonización son prueba de ello).

Todos los que pensamos y sentimos como falangistas (por identificación con el pensamiento de José

Antonio) a la altura del momento presente, nos encontramos con que nuestros postulados y nuestros

símbolos han sufrido el desgaste de una presencia aparente prolongada en el poder y de que algunas de

nuestras más logradas afirmaciones y propósitos han sido anulados por una reiteración casi escolar, pero

vacía de contenido (por ejemplo, con la frase "España es una unidad de destino en lo universal ). Pero, a

pesar de todo continuamos teniendo conciencia de la fertilidad del pensamiento joseantoniano, que se

comprueba simplemente además de por lo conseguido, pese a las maniobras de la derecha, por el volumen

de principios inéditos que jamás fueron puestos en práctica (como el sindicato de empresa) y por su

adecuación como respuesta válida a las demandas de la España de 1.977.

No hay que sustentar hoy ninguna clase de nostalgia para reivindicar la vigencia de las formulaciones

falangistas. Basta albergar un firme sentimiento humanista, una profunda vocación social y un decidido

entendimiento nacional (sin patrioterías de ningún género) para llegar, por vía de síntesis, a los principios

de la Falange. Mientras no se pongan a prueba las posibilidades de este programa, sobran por

malintencionadas o cuando menos, apresuradas, las descalificaciones. Y, desde fuego, pecan, por

farisaicas, las imputaciones de responsabilidades a la Falange por un ejercicio de poder que jamás ha

desempeñado, o los olvidos del cambio de piel que sus logros han supuesto.

Es preciso denunciar hoy, sin embargo, que el secuestro de la Falange realizado por la reacción, el

capitalismo y las fuerzas conservadoras al término de la Guerra de Liberación pretende repetirse hoy de

nuevo desde la extrema derecha, asumiendo símbolos y principios que no son congruentes con una

conducta insolidaria y egoísta en defensa de sus intereses. Olvidan estos usurpadores de la Falange la

crítica acerva de José Antonio hacia el abandono del campo y sus hombres; hacia el burgués que revienta

de nacionalismo y olvida los desequilibrios económicos entre unos españoles y otros; hacia el capitalismo

multinacional que explota al obrero como un engranaje más de la producción, al que descarta de toda

participación en los beneficios y en la gestión de la empresa. La nueva Falange del tiempo de la

Monarquía debe afianzar todos estos pronunciamientos sociales (reforma agraria, nacionalización del

crédito, reforma de la empresa) no como una utopía, sino como un objetivo final. Muy pocos partidos de

cuantos comparecen en la actualidad pueden presentar una hoja de servicios a la nación tan dilatada y

diáfana como la Falange. Y ninguno de ellos podrá exhibir el testimonio de sangre de sus fundadores,

barridos por la incomprensión, el odio y el enfrentamiento de las dos Españas.

JASA

 

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